Columnistas

La Carta es para cumplirla
Autor: Rodrigo Pareja
2 de Octubre de 2012


En un país de legalistas o de leguleyos – según la óptica que se aplique al asunto en determinado momento – resulta insólito que una persona señalada de violar la Constitución siga incólume en la marcha hacia su cuestionada reelección

En un país de legalistas o de leguleyos – según la óptica que se aplique al asunto en determinado momento – resulta insólito que una persona señalada de violar la Constitución siga incólume en la marcha hacia su cuestionada reelección sin que nada suceda ni a nadie parezca importarle.


Es lo que ocurre actualmente en Colombia con el procurador General de la Nación, Alejandro Ordoñez Maldonado, contraventor flagrante del Artículo 126 de la carta que prohíbe a funcionarios públicos nombrar personas que tengan hasta el cuarto grado de consanguinidad, segundo de afinidad y primero civil, con aquellos que sean competentes para intervenir en su designación. Situación manifiesta que se da con magistrados de la Corte Suprema de Justicia y con varios senadores, con el agravante de que algunos de estos últimos, además, tienen investigaciones en curso en la Procuraduría y continúan pasando de agache ante tan delicado asunto. “Yo te nombro, tú me nombras familiares”, parece ser el lema de los magistrados de la Corte, en tanto que la divisa en la cámara alta del Congreso puede traducirse en “yo te nombro, tú me absuelves”.


Estaría bien que los congresistas y magistrados que ya tienen abarrotado y con sobrecupo el transmilenio de la victoria al cual se subieron precipitadamente, le den su respaldo fervoroso, si no estuviera de por medio esta circunstancia, hasta ahora no desmentida, en la que hay una clara violación de la Constitución que a ninguno de ellos parece importarle. Inclusive el presidente del Senado, Roy Barreras, el más representativo de quienes ya se lucraron o van a lucrarse con otro mandato del cuestionado Procurador, anunció con gran ruido que su esposa había renunciado al cargo de procuradora delegada, algo que lo dejaría a él exento de cualquier interés en la reelección de Ordoñez. Renuncia inocua y extemporánea porque la presentó cuando ya estaba ahíta de mamar de la munífica ubre estatal, a la que son tan adictos magistrados y congresistas de todos los pelambres, grupos y condiciones, entre ellos el inefable marido de la dimitente. Una actitud solapada y oportunista que equivale a dejar el licor cuando ya el hígado está hecho pedazos por causa de su excesivo consumo, algo que no enaltece en nada a sus protagonistas y, por el contrario, los retrata de cuerpo entero y descubre sus insaciables apetitos burocráticos.


Personas y entidades rechazan la reelección del retardatario abogado santandereano; le echan en cara la santurronería que exhibe y su afán de hacer pensar y actuar a los demás como él lo hace, acorde con sus recalcitrantes creencias, o porque se opone  al aborto autorizado en tres casos específicos por la Corte Constitucional, negándole a la mujer el libre albedrío para hacer con su cuerpo lo que a bien tenga.


Este aspecto de su cuestionada manera de proceder y la filosofía que predica y aplica no serían óbice para ser tenido en cuenta nuevamente por sus afortunados y agradecidos electores, quienes ya deben tener listas otras hojas de vida para hacer llegar a su despacho, como tampoco lo sería que el señor Procurador vaya a misa todos los días, o rece el rosario o un salterio, según el tiempo de que disponga. Lo que sí espanta en un país repleto de abogaduchos, es que la flagrante violación de la Constitución por parte de Ordoñez en su artículo 126, no sea tenida en cuenta y todos prefieran hacerse los locos, con tal de seguir disfrutando canonjías, absoluciones y preclusiones. Hay que recordarle al reelegido en potencia, que también el artículo 278 de la Carta le asigna como función desvincular del cargo al funcionario público que infrinja de manera manifiesta la Constitución o la ley. ¿Será capaz, en un gesto que lo engrandecería, hacerse Ordoñez el harakiri?