Columnistas

Con corrupción no hay democracia
Autor: Evelio Ramírez Martínez
27 de Septiembre de 2012


Le Monde publicó el 11 de septiembre pasado el artículo: “La América Latina y la corrupción”.

Le Monde publicó el 11 de septiembre pasado el artículo: “La América Latina y la corrupción”. El importante magazine realiza un severo análisis del efecto funesto que este mal que se enseñorea en casi todos los países de la región, ha ocasionado no solo al modelo de gobierno democrático vigente hoy en la totalidad de los países del área, sino a su avance político y económico.


Para el diario francés, solamente en dos países del área, luego que los mismos superaran la época de los gobiernos dictatoriales que padecieran, se dan hoy las condiciones de un  manejo transparente de sus recursos públicos. Estos son Chile y Uruguay.


Le Monde establece cuáles han sido las fuentes de esa corrupción en los diferentes Estados, pero empieza por afirmar que el Brasil, el más extenso del área, no es el más mal calificado en América Latina de acuerdo al índice de percepción de la corrupción y qué, según Transferencia Internacional, este triste prestigio corresponde a Venezuela y a Haití.


Anota, además, que la corrupción no es solo un problema moral, sino un problema político y económico que afecta el  desarrollo y debilita la democracia, pues según el mismo: si la ocasión hace al ladrón, las oportunidades también  favorecen la malversación. Entre estas oportunidades la primera es la elevada renta que genera la explotación del petróleo y del gas. La maldición del oro negro no es una leyenda; Venezuela, Ecuador, Bolivia, México, Trinidad y Tobago, se encuentran entre los países más corruptos de América Latina.


Recuerda el diario al ex presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, figura del boom petrolero de los años 70 quien fuera destituido por malversación en 1993; y anota además que después de la llegada al poder de Chávez en 1990, el precio del barril de petróleo se ha multiplicado por diez. Esta proliferación de petrodólares ha sido manejada de manera discrecional y opaca. En Venezuela, la ausencia de contrapesos institucionales favorece hoy  los negocios derivados. Por otra parte, las instituciones allí se han debilitado y así, por ejemplo, el parlamento se ha convertido en unicameral y, además, los medios son amenazados permanentemente, clausurados u objeto de sanciones pecuniarias.


El segundo factor que compromete la ética política en Latinoamérica es el tráfico de estupefacientes. Los principales productores de cocaína en el mundo se encuentran en América del Sur: Perú, Colombia y Bolivia. La contaminación alcanza también a los países en tránsito. México resume esta convergencia, como bien lo muestran los comentarios que a diario registra la prensa.


Todo lo dicho por el diario es cierto, pero según su misma opinión, el manejo sesgado de la industria del petróleo en algunos sitios y el tráfico de estupefacientes en otros, son causa fundamental de la corrupción que afecta a muchos países de la región. Si se analiza con algún rigor el tema, se concluye que la industria petrolera en la totalidad de los países del área es dirigida y orientada por empresas multinacionales, y que el negocio del narcotráfico tiene plena vigencia porque existen mercados amplios para la droga en los países del mundo industrializado.


Hay que aceptar que una de las razones del atraso económico y social que viven  los países del llamado “tercer mundo”, es la vigencia de la corrupción que afecta muchas de las transacciones que se efectúan entre gobierno y sector privado;  pero este estado de cosas es creado, en parte, por la actuación de ciertas empresas multinacionales, las cuales, a decir de algunos, establecen en sus presupuestos de funcionamiento partidas para atender el pago de coimas.


Para concluir: La corrupción es un fenómeno que afecta hoy a todos los pueblos de la tierra, pero su acción funesta se siente más en los países en desarrollo como el nuestro.