Columnistas

La ciudad narrada
Autor: Jorge Alberto Velásquez Betancur
27 de Septiembre de 2012


Saber qué se escribe de la ciudad, cómo se muestra la ciudad en las narraciones de sus autores, demuestra el ambiente cultural en que se mueve y constituye un testimonio para las generaciones siguientes

Saber qué se escribe de la ciudad, cómo se muestra la ciudad en las narraciones de sus autores, demuestra el ambiente cultural en que se mueve y constituye un testimonio para las generaciones siguientes, a manera de relevo, para que se mantenga la tradición o, como en nuestro caso, para que se mejore la plana.


Con la ayuda de un grupo de estudiantes de la Facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana, emprendimos la tarea de recorrer los mostradores de la feria del libro para detectar el catálogo de obras sobre la ciudad de Medellín o que tuvieran como escenario esta ciudad. Es el ejercicio mínimo que puede hacerse cuando se acude a una feria local del libro, porque las obras universales se muestran y se venden solas. Removida la hojarasca, queda como balance que en Medellín se escribe poco en general y se escribe menos sobre la ciudad, salvo si de propaganda se trata.


Las librerías ofrecieron compilaciones de lujo sobre la memoria de la ciudad y sobre otras obras de interés histórico y cultural: “La Proxemia urbana de Medellín”, por Manuel José Morales, investigación realizada entre 1980 y 1992 sobre la percepción que tienen los habitantes y los transeúntes de la ciudad acerca de la misma. Libro de fotografías “Así es Medellín”, de Darío Eusse Tobón; Medellín: Ciudad Tricentenaria (1978), de Ignacio y Darío Arismendi,  da cuenta de lo que era la ciudad entre 1675 y 1975; “Comuna 13 de Medellín”, una publicación de la Policía Nacional; “Parque del Poblado”, una mirada juvenil de Joni B, que atrae por sus ilustraciones; “En Medellín tocábamos el cielo”, de Jairo Osorio; “Medellín, de calles y gentes”, fotografías de Juan Fernando Ospina; “Retratos y relatos de Antioquia, de Félix Antonio Padilla; “El paisa y sus orígenes”, de Ricardo Saldarriaga y “Mitos y leyendas de Antioquia”, de Javier Ocampo López; “Ensayos sobre conflicto, violencia y seguridad ciudadana en Medellín 1997-2007”; “Medellín tragedia y resurrección. Mafia, ciudad y Estado”, por Gerard Martin.


Abundaron, igualmente, las publicaciones oficiales que hablan de Medellín con el ánimo publicitario de ponderar el cemento, de darle más importancia a la decoración que al cambio social. En esta categoría figuran: “Medellín en primavera. Transformaciones en nueve reportajes”, “Medellín, prospectivas de futuro”, “Conceptos básicos para quien dese tener una visión de ciudad”, “Medellín 335 años, porque yo también soy protagonista”, de la Fundación Historias Contadas-Comunicaciones; testimonio gráfico del miedo a la esperanza 2004-2007 de Medellín la más Educada.


El aporte literario es superior, no podía ser de otra manera. Aquí se inscriben las obras de los ganadores del Concurso Internacional de Novela Negra, publicados por la Editorial Universidad de Antioquia: “Los cautivos del fuerte apache”, de Julio Alberto Balcázar Centeno. También figuran “La mujer de los sueños rotos”, libro escrito por María Cristina Restrepo; “Medellín (rojo)”, de Oscar Isaza y Mayra Parra.


La producción editorial de la ciudad está a cargo de las editoriales universitarias, especialmente la editorial de la Universidad Pontificia Bolivariana: “Apuntes para la historia del teatro de Medellín y vejeces”, Eladio Gónima; “La ciudad, interpretaciones múltiples”, Ignacio René Uribe; “Condición de ciudadanía”, José Guillermo Ángel; el Sello Editorial de la Universidad de Medellín: “Teoría de públicos. Lo público y lo privado en la perspectiva de la comunicación”, Luis Horacio Botero; “Comunicación pública, organizacional y ciudadana”, Carlos Alberto Galvis Ortiz, Ana María Suárez y otros; “Patrimonio arquitectónico de Medellín”, Gustavo Londoño Cano; y La Fundación Universitaria Luis Amigó: “Mutualismo exclusión y seguridad  social en el Valle de Aburrá”, de Olga Lucía Arboleda y Hernando Zabala; “La ciudad 1675-1925”, de Agapito Betancur. Y en las universidades, son las facultades de comunicación social las principales productoras de libros sobre ciudad.


Esta es una ciudad que no conocemos y una ciudad que nos falta por narrar. “La oferta de libros que hablen de la ciudad no es amplia, y  la mayoría  de los que hay son oficiales. Vale la pena alimentar a la ciudad con textos que no solo hablen de sus generalidades, sino que describan y muestren a quienes finalmente somos lo que pertenecemos a ella: los ciudadanos”, dice la estudiante Carolina González Durán.