Columnistas

Procurador: acato y desacato
Autor: Hernán Mira
27 de Septiembre de 2012


“El que abusa del poder que le ha sido dado merece perderlo”. Santo Tomás de Aquino.

“El que abusa del poder que le ha sido dado merece perderlo”. Santo Tomás de Aquino.


En un hábil juego de acato y desacato, el Procurador Alejandro Ordóñez al fin rectificó su comunicado de hace dos años en el que enfrentaba y se oponía a la despenalización del aborto en algunos casos, hablaba de “campañas masivas de promoción del aborto” y calificaba de abortiva, por lo tanto de delito, el uso de la “píldora del día después”. Pero a la vez que ‘corregía’ sus afirmaciones, pedía la nulidad de la sentencia que lo obligaba a rectificar. Es decir, se obedece pero no se cumple, que también se usa como sea acatado pero no cumplido. Fue exactamente lo que hizo el jefe del Ministerio Público sin siquiera sonrojarse por el funesto ejemplo que le deja a la ciudadanía de irrespetar las normas y hacerle esguinces a la ley.


No hay asomo de propósito de enmienda, como bien ordena la moral o el catecismo que proclama profesar fervientemente Ordóñez -de quien dicen sus conocedores que es un católico que no hace caso de las doctas enseñanzas del Concilio Vaticano II- pues en su solicitud de nulidad de la sentencia que lo hizo rectificar de boca, muestra bien claro que seguramente continuará actuando con fidelidad a su fe católica que raya en el fundamentalismo, por encima de su compromiso de “vigilar el cumplimiento de la Constitución, las leyes, las decisiones judiciales y los actos administrativos” como le ordena esa Constitución que juró cumplir al asumir ese muy alto cargo.


Aunque se plantea como un estandarte en la defensa de la moral, de la que para él carecen los laicos y ciudadanos que no actúan de acuerdo solo a preceptos religiosos, sino con ética civil como norma de la vida en sociedades civilizadas, y sus seguidores lo alaban en esta cruzada; más bien es un líder de la moralina, esa “moralidad inoportuna” que señala el diccionario, que bien claro se le ve al Procurador en estas decisiones guiadas por una moral religiosa tradicional a su amaño y no por una moral civil que le obliga a él como a nadie, dada su alta investidura que le otorgó la ciudadanía y no solo los fieles en su fe.


No creo que a pesar de cierta ‘idolatrización’ que le han hecho sus devotos, Ordoñez sea propiamente un ejemplo de civilidad como le obliga. Los políticos son ejemplos porque concentran la atención de la sociedad, así como cualquier ciudadano es ejemplo para los otros pero los políticos son mucho más influyentes en la vida social, la moldean y son fuente de moralidad pública. Esto debería generarles un deber de responsabilidad muy fuerte, por eso “la ejemplaridad, la misma que correspondería a todo ciudadano – deberíamos tener un deber moral igual- se duplica en intensidad: ellos, al ser ejemplo tienen una especial obligación de ser ejemplares”, dice Javier Gomá en Ejemplaridad pública.


Y a pesar de que el Procurador ha abusado del poder, olvidándose de Santo Tomás, para ponerlo al servicio de sus creencias religiosas, la clase política tan poco ejemplar lo reelegirá. Por eso estamos como estamos.