Columnistas

Cuestión de horario
Autor: Rubén Darío Barrientos
27 de Septiembre de 2012


Ruidosa protesta recibió el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, el pasado lunes.

Ruidosa protesta recibió el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, el pasado lunes. Resulta que numerosos empleados del Distrito, se lanzaron a las calles céntricas de la capital (por espacio de cuatro horas) para vociferar contra el nuevo horario que el burgomaestre implementó: iniciar actividades a las 9.30 a.m. y finalizar la jornada de trabajo a las 7 p.m. Esas mismas personas, venían laborando entre 7 a.m. y 4.30 p.m. Petro adujo razones de mejoramiento de la movilidad con la decisión gubernamental.


La nueva medida, cobija a 20.000 empleados públicos, pero depara excepciones frente a los servidores adscritos a la Contraloría y la Personería, que sí tuvieron corona: siguen en el horario que va entre 7 a.m. y 4.30 p.m. El tema fue consultado con 11.000 servidores públicos, con un resultado negativo del 99%. Pese a ello, Petro no atajó su idea, cerró los ojos y la puso en marcha. El Ministro del Trabajo, Rafael Pardo, le dijo al alcalde que debería consultar con los empleados el cambio de horario. Pero ello no se hizo.


Estaba recordando al médico Luis Fernando Muñoz, quien en el último debate para la alcaldía de Medellín expuso la idea de “horarios laborales y educativos flexibles, para evitar embotellamientos”. Es lo que activó Petro, pero sin aplicar la dosis para los colegios. En una ciudad como Bogotá, con severos problemas en las distancias para los traslados, implementar una medida como éstas es toda una locura. Los unos aducen temor a la noche y los otros expresan que cuando llegan a la casa, los niños ya están cansados sin hacer las tareas. Ambas razones, inobjetables.


Jurídicamente, un empleador (en este caso, la primera autoridad de Bogotá) tiene a su haber lo que se llama el ius variandi, que es la facultad que tiene el empresario para alterar unilateralmente condiciones no esenciales del contrato de trabajo, como el horario de la jornada laboral. Digamos que hasta allí, Petro actuó conforme a Derecho. Pero hay una cortapisa: existe el concepto 7791 del 22 de noviembre de 2006, que dimana del Ministerio de la Protección Social, en ese entonces, hogaño del Trabajo, según el cual una medida como éstas, con visos de desfavorabilidad, debe acordarse con los trabajadores.


Pardo, como ministro, le adicionó a Petro: “hay que promover la conciliación de la vida laboral con la vida familiar”. El tema no es fácil, porque la idea es buena. Pero es que lo jurídico pesa y lo familiar, ni se diga. Además, hay que mirar si los habitantes de Bogotá están a gusto con un horario que comienza a las 9.30 a.m., cuando antes empezaba a las 7 a.m. Todo es parte de un engranaje. Ese es el problema mayúsculo. Además, Petro generó más excepciones a la regla: los que tengan hijos discapacitados o estudien, pueden optar por ingresar al sitio de trabajo a las 7 a.m. Más caos.


En el caso nuestro (Medellín), se han dado varias ideas. Destaco una que ha lanzado el eficiente Sergio Ignacio Soto –de Fenalco- quien ha intentado promover entre los empresarios la tesis de cambiar las horas de ingreso y salida, para evitar la confluencia en los puntos críticos de la ciudad. Uno más, Juan Esteban Martínez, subdirector de Movilidad del Valle de Aburrá, presentó la idea en la Mesa de Trabajo del municipio, para escalonar horarios. Este asunto, está en proceso medio congelado.


Una cosa son los horarios escolares, otra cosa son los horarios del sector privado y otra cosa son los horarios de las entidades públicas. Es toda una estrategia, amalgamar estas jornadas. Vale la pena, pero vemos que la medida es impopular. Petro se lanzó al charco, ¿alguien más lo hará?