Columnistas

La educación en el banquillo
26 de Septiembre de 2012


Pocos temas están presentes en la conciencia colectiva con valoración tan favorable como el de la educación.

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Manuel Manrique Castro


Pocos temas están presentes en la conciencia colectiva con valoración tan  favorable como el de la educación. A medida que el tiempo pasa,  esa percepción privilegiada sólo crece y se multiplica porque, supuestamente,  en ella está contenida la solución económica para los más pobres o el éxito continuado para los de mayor fortuna.


En sintonía con esa creencia, el Estado e instituciones de toda índole van por el mismo camino depositando en la educación buena parte de la responsabilidad de nuestro futuro y, en particular, del desarrollo equitativo y sostenible que aún no alcanzamos.


No por mera coincidencia, hace 22 años, la mayoría de países del mundo respaldó el manifiesto “Educación para Todos”, bajo cuyo llamado se impulsó el aumento de la matrícula y el mejoramiento de la calidad de la educación, convertido hoy en día en uno de los principales temas de debate dado el bajo nivel en que se encuentra.


Desde luego que sí, educación para todos, pero ¿cómo hacemos para que sea adecuada al radical cambio de época que estamos viviendo y asuma, conscientemente, que nuestro modelo educativo, originado en el iluminismo y la industrialización,  ya cumplió su ciclo?


Hay en el inagotable universo de Youtube dos piezas que avanzan en esa tentativa de transformar los sistemas educativos que aún nos rigen. No son de aquellas reflexiones destinadas a mejorar lo que existe y sí, por el contrario, a cuestionar las bases sobre las cuales funcionan.


La más reciente, lanzada a mediados de agosto de este año, es un documental argentino titulado provocativamente “La educación prohibida”, que presenta las argumentaciones de estudiantes y educadores de ocho países, dedicados a revisar las columnas que sustentan nuestros sistemas educativos para concluir, con abundancia de testimonios y rica experiencia, acerca de su inadecuación con el presente.  En especial, de qué modo la escuela, considerada la ruta privilegiada hacia la educación, necesita ser repensada fuera de los parámetros que le dieron lugar en la Prusia de fines del siglo XVIII.


La otra contiene las ideas del inglés Ken Robinson, cuyas propuestas se han extendido por todo el planeta y animan debates que, sin excepción, caen en tierra fértil.  Se pregunta Robinson cómo podemos seguir haciendo más de lo mismo en tiempos en que los cambios tan acelerados no nos permiten saber cómo serán las cosas en cinco años, menos aún qué pasará en una o dos décadas. 


Lo que sí sabemos es que nuestras escuelas, sin que haya motivo que lo justifique, siguen funcionando bajo el esquema original: horarios rígidos, sistemas de evaluación iguales, grupos organizados en función del año de nacimiento del niño como si fuera un criterio decisivo, currículo definido que hay que cumplir, estandarización de la importancia de las materias donde las matemáticas ocupan siempre el primer lugar y las artes, casi sin excepción, van al terminar la fila. Al final de cuentas el criterio del éxito está dado por si la persona llega a o no a la universidad que a su vez se ha convertido en institución productora de desempleados y el título que otorga es garantía de poco, por lo menos para la gran mayoría de egresados.


Ya se avanzó mucho en la cobertura pero la discusión sobre la calidad debe ocurrir, yendo al fondo de la cuestión porque de otro modo haremos ajustes que nos quedarán cortos para la magnitud de la tarea que nos aguarda: una educación sintonizada con el futuro y acorde con el periodo más desafiante y provocativo de nuestra historia.




Comentarios
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José
2012/09/26 07:35:01 am
Cordial saludo Muchas gracias por animar el debate con sus interpelaciones sobre la potencialidad de transformar los modelos educativos para dar respuesta a los imperativos de la razón de ser de la educación para la cultura. transformador de la educación.