Columnistas

Lectura y telenovelas
Autor: Rodrigo Zuluaga
26 de Septiembre de 2012


Las acciones culturales que se impulsan por parte del Ministerio de la Cultura, el Instituto Departamental de Cultura y Patrimonio de Antioquia y la Secretar韆 de Cultura ciudadana de Medell韓, tendientes a hacer de los ciudadanos buenos lectores

Las acciones culturales que se impulsan por parte del Ministerio de la Cultura, el Instituto Departamental de Cultura y Patrimonio de Antioquia y la Secretaría de Cultura ciudadana de Medellín, tendientes a hacer de los ciudadanos buenos lectores, tanto en el aula de clase como en la biblioteca y en la casa, tales como campañas de lectura y escritura, ferias del libro, dotación de bibliotecas, publicaciones subvencionadas, concursos y otras, son bienvenidas y debemos apoyarlas desde los ámbitos de la vida ciudadana para que tengan verdadero éxito.


Es una manera de hacerle contrapeso a lo que dan en horario triple A por los canales nacionales de televisión: un sartal de telenovelas de dudosa calidad conceptual; llevan a escena textos con los que no se edifica sino que se destruye lo que se ha  logrado en la escuela y en los hogares con el ejemplo y la educación que dan los padres de familia.


Textos perversos como el de “Dónde está Elisa”, donde los personajes eran dudosos y tenían la manía de compartir la cama entre sí, tíos con sobrinas, primos con primas, policías con las víctimas, jefes con los empleados, en medio de un juego macabro de asesinatos. ¿Esa será nuestra Colombia moderna?


En “La Traicionera”, un novelón que muestra a una mujer que por vengar a su madre maltratada asesina a personas de bien, a un policía y a un investigador, con la ayuda de su abuela al cura del barrio y por último envenena a su rival en el amor. Esta telenovela que aún no termina no ha dejado ver qué pasará con la asesina, si la dejarán prófuga o la castigarán.


Y en “Capo I”, “Capo II” y “El Patrón del mal”, los mandamases disparan sus pistolas alevosamente contra todo lo que les disgusta, compran conciencias y policías y convierten al país en el reino de los brutos, apoyados por bandas de delincuentes hambrientos de emociones e inmediateces. Las fuerzas de seguridad son un estorbo y las gentes de bien, los ciudadanos, unos imbéciles que no quieren entrar en el juego del “mátame que te mataré”.


Por eso no queda otra que incitar a la lectura consciente, a rumiar como vaca la literatura y los textos que nos hablan de la vida y no de la muerte y el desahucio. El cine colombiano y la TV nos tienen hasta aquí, con su retrato de la realidad nacional, una realidad que puede ser todavía más dura, pero que está contada con desparpajo. Y lo peor, dirigida sistemáticamente a una población mal informada, que lee poco o nada y que por consiguiente se contenta con verdades a medias. Con la reflexión y la buena lectura se contrarresta el caos que  presenta la televisión todos los días, con sus noticieros que la misma gente en la calle llama “morticeros” y una serie de textos televisivos que son un horror por lo que dicen,  proponen e inculcan.