Editorial

Colombia, referente en seguridad
23 de Septiembre de 2012


Es una visión optimista, respaldada en su experiencia, que le permite al general Naranjo concluir que “la última palabra no la ha tenido ni la podrá tener la criminalidad, sino los estados y sus instituciones”.

Por aquello de que “no hay mal que por bien no venga”, el inmenso sacrificio en vidas humanas y el incalculable costo social y económico que ha representado para Colombia la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y toda clase de delincuencia, nos permite hoy "exportar" conocimiento, talento y experiencia en el manejo de esos fenómenos y recibir un reconocimiento por parte de la comunidad internacional, inimaginable hace unas cuantas décadas.


El Informe sobre Seguridad Ciudadana en las Américas 2012, publicado en días pasados por el Observatorio Hemisférico de Seguridad de la OEA, muestra que Colombia ha tenido mejorías en indicadores de seguridad durante el período 2000-2011, e incluso sus autores resaltan algunas de las estrategias exitosas en el combate contra la delincuencia organizada como dignas de replicarse en otros países de la región. Para Luiz Coimbra, coordinador del Observatorio, “Colombia está en un momento clave, exportando su experiencia y enseñando buenas prácticas policiales al resto del continente”. Resalta el “Plan Cuadrantes”, la estrategia de seguridad aplicada por la Policía Nacional en ciudades como Medellín, Cali y Bogotá, que se está replicando en Brasil con las llamadas Unidades de Policía Preventiva que trabajan en las favelas alejando a los jóvenes de la droga y el narcotráfico.


En materia de indicadores, la tasa de homicidios cayó en Colombia de 64,6 por cada 100.000 habitantes en el 2000, a 37,7 en el 2010. Pero seguimos estando muy por encima del promedio del continente (15,4) y en esa situación están otros 18 países, de los que cinco sobrepasan los 40 homicidios por cada 100.000 habitantes.


Según el Observatorio, las altas tasas se explican por la existencia de redes de crimen organizado, responsables del 25 % de los asesinatos en las Américas. La situación más preocupante se vive en Centroamérica, con una tasa promedio en el 2011 de 43.3 homicidios por cada 100.000 habitantes, y con casos extremos como el de Honduras, donde la tasa es de 91,6, seguido de cerca por El Salvador y Guatemala.


Otro problema que desnuda el informe de la OEA es el deficiente sistema carcelario. A diciembre de 2010, en el continente había casi 3,5 millones de presos, con un incremento del 30 % entre 2000 y 2010, para una tasa de ocupación carcelaria del 116 %. Al desglosar el fenómeno por subregiones, Norteamérica es la única por debajo del promedio continental, con el 107 %. Centroamérica lleva la peor parte, con un 178 %. El Caribe registra un 152 % y una tasa igual Sudamérica. En este último grupo, Colombia aparece bastante por debajo del promedio, con el 124 %, mejor que Bolivia (233 %), Venezuela (185 %), Perú (181 %), Brasil (163 %), Chile (152 %), Uruguay (137 %) y Paraguay (126 %). Ojalá no se trate de un error o, lo que es peor, de un reporte maquillado de un fenómeno de hacinamiento que aquí percibimos como muy grave. De otra manera no se estaría proponiendo una reforma a fondo del sistema penitenciario ni el plan de invertir cuantiosos recursos en la construcción de mega-cárceles.


Hecha la salvedad, no deja de ser motivo de orgullo para Colombia que, tras el obligado prefacio del secretario General, José Miguel Insulza, el primero de ocho artículos que incluye el documento -como aportes de reconocidos especialistas internacionales al análisis de las estadísticas entregadas por los estados miembros-esté firmado por el general (r) Óscar Naranjo Trujillo, exdirector de la Policía Nacional, galardonado como “Mejor Policía del Mundo” y hoy asesor externo del presidente electo de México, Enrique Peña Nieto.


La tesis que desarrolla el general Naranjo en su artículo “El crimen organizado en las Américas: una lectura desde las preocupaciones y desafíos subyacentes”, es que, aun cuando los índices de violencia e inseguridad en la región son altos, no se puede afirmar que el crimen organizado tenga la iniciativa. Rechaza la expresión en boga de que hay ciudades o estados "fallidos", puesto que, a su juicio, “aún la gobernabilidad prevalece y el esfuerzo mancomunado internacional persiste con resultados de trascendencia en la lucha contra todas las manifestaciones del crimen transnacional”. Es una visión optimista, respaldada en su experiencia y gran autoridad, que le permiten concluir que “la última palabra no la ha tenido ni la podrá tener la criminalidad, sino los estados y sus instituciones que han demostrado altas capacidades para responder con efectividad a las amenazas y riesgos emergentes”.