Columnistas

Otra vez El Niño
22 de Septiembre de 2012


Un dicho popular señala que @Guerra avisada no mata soldado@. El fenómeno de El Niño ha sido recurrente y ha causado estragos en nuestro país en repetidas ocasiones.

Luis Oliverio Cardenas Moreno


Un dicho popular señala que @Guerra avisada no mata soldado@. El fenómeno de El Niño ha sido recurrente y ha causado estragos en nuestro país en repetidas ocasiones. Tal vez la más famosa y recordada para quienes nos tocó vivirla, fue la que ocurrió entre 1992 y 1993, que coincidió con una crisis en infraestructura del sector eléctrico, y al presidente Gaviria no le quedó otra alternativa que decretar un “apagón”, o suministro racionado de energía eléctrica, complementado  con un cambio en el horario oficial, buscando aprovechar la luz del día y ahorrarnos un poco de energía, necesaria para mover la industria, el comercio, las instituciones  y garantizar suministro al sector residencial.  Las pérdidas por este evento fueron incalculables y le tomaron mucho tiempo al país para reponerse del daño ocasionado.


El fenómeno del Niño es una situación cíclica de cambio climático, que se origina en el océano Pacífico tropical, cerca de las costas de Australia e Indonesia, desplazándose hacia las costas de Suramérica, donde los principales países afectados son Perú, Ecuador y Colombia. Se caracteriza por variaciones en la presión atmosférica, cambios en la dirección y velocidad del viento y desplazamientos de zonas de lluvia de la región tropical.        


En 1997, se repitió El Niño y las pérdidas económicas fueron tal vez las mayores de la historia  como consecuencia del fenómeno. Se estimó que solo por problemas fitosanitarios y reducción en los rendimientos del sector agrícola, las pérdidas fueron del orden de los 100 millones de dólares, sin contar las pérdidas indirectas por los efectos negativos en la balanza de pagos y la disminución en las exportaciones, que se estimaron en 124 millones de dólares.


Desde el primer semestre del 2012, el Ideam, los agricultores y el presidente de la república, vienen insistiendo en la inminencia del Niño, cuyos efectos se acentuarán para finales del año y los primeros meses del entrante. Nos quedan estas inquietudes: ¿Estamos preparados? ¿Basta con ahorrar agua para la sequía? ¿Podremos  afrontar los incendios forestales? ¿Qué consecuencias tendrá para el sector agrícola?


En Antioquia,  las autoridades y los organismos de atención de emergencia, han dado su voz de alerta por el incremento desmesurado de los incendios forestales.  Hay dos municipios  en alerta roja (Abejorral y Fredonia) y todo el departamento en alerta naranja.


Colombia debe prepararse para afrontar con seriedad los fenómenos naturales destructivos y máxime cuando ha tenido experiencias lamentables, como fue la destrucción total del municipio de Armero a consecuencia del deshielo del volcán nevado del Ruiz.


Todavía están frescas en la memoria las dramáticas imágenes mostrando la destrucción del pasado invierno, ocasionadas por la Niña, otro fenómeno también cíclico y para el cual el país debe estar preparado. Muy oportunos los llamados de atención del Presidente Santos y del Director del IDEAM, pero el país debe contar con un plan estratégico de contingencia muy estructurado para atender las emergencias que ocasionan, estos fenómenos, que no son nuevos y que sabemos que al menos suceden una vez por década. 


En Antioquia, tanto el  Dapard como  el Dagred están actuando muy bien para atender  la situación. Se requiere insistir en el ciudadano con la cultura de prevención y reacción frente al riesgo. Iniciar desde ya, campañas de ahorro de agua y energía, partiendo de elementales prácticas cuotidianas conocidas por todos. No confiar en las lluvias que se avecinan y que probablemente solo ocurrirán en octubre y noviembre. Desarrollar campañas para el  manejo adecuado de los residuos y control  a las fogatas cuando se va de camping, para evitar los incendios forestales espontáneos que tanto daño hacen a la naturaleza. Sería muy triste que  llegue diciembre y que con la alegría y el espíritu navideño, El Niño tome desprevenido al país  y haga de las suyas. Hay que empezar a actuar desde ya.