Editorial

Gran cosecha contra el crimen
21 de Septiembre de 2012


No sería extraño que, tal como sucedió con ‘Valenciano’, en lugar de entregar el nuevo trofeo a su “mejor amigo”, cediéndonos así la jugosa recompensa de 5 millones de dólares ofrecida por las autoridades estadounidenses

Si algo pueden proclamar a tambor batiente el presidente Juan Manuel Santos y su ya no tan “nuevo mejor amigo”, el presidente-candidato venezolano Hugo Chávez es que, contra todo pronóstico, sí ha funcionado, y de qué manera, la colaboración binacional en la búsqueda y captura de grandes capos del narcotráfico que por años usaron al vecino país como refugio seguro y como plataforma desde la cual pudieron manejar sus negocios ilícitos.


Desde el asesinato el 30 de enero de 2008 en Mérida, Venezuela de Wilber Varela, alias ‘Jabón’ -al parecer a manos de sus mismos compinches mafiosos-, otros ocho poderosos narcotraficantes han sido capturados en ese país y puestos a órdenes de las autoridades colombianas o extraditados a los Estados Unidos. Aun cuando dos de las aprehensiones se produjeron en las postrimerías del gobierno Uribe -Javier Urango Herrera, alias ‘Chely’, y Carlos Rentería Mantilla, alias ‘Beto Rentería’-, es un hecho que en los últimos dos años esa colaboración cobró gran dinamismo y eficacia. 


En mayo de 2011 cayó en Carabobo, Didier Ríos Galindo, ficha de las Farc en el tráfico de drogas; en octubre del mismo año capturaron en Mérida a Gildardo García Cardona, alias ‘Alirio Rojas’; un mes después cayó en Maracay, estado de Aragua, el capo de la ‘Oficina’, Maximiliano Bonilla, alias ‘Valenciano’; el 6 de febrero de este año fue detenido en el estado de Anzoátegui, Héctor Germán Buitrago Parada, alias ‘Martín Llanos’; el 3 de junio corrió la misma suerte en el estado Barinas, Diego Pérez Henao, alias ‘Diego Rastrojo’; y el martes pasado cayó en San Cristóbal, estado Táchira, Daniel Barrera, alias ‘loco Barrera’, quien, según el presidente Santos, “es el último de los grandes capos, el más buscado de los últimos tiempos” y de quien dijo el general Óscar Naranjo, en el momento de su retiro de la Dirección de la Policía, que su mayor frustración fue no haber podido echar mano al escurridizo delincuente. 


En el caso del ‘loco Barrera’ hay que destacar que se trató de un operativo cuidosamente preparado y dirigido desde Washington por el propio director de la Policía Nacional de Colombia, general Roberto León Riaño, con la colaboración estrecha de la CIA, la DEA, el MI-6 -como se conoce la agencia de inteligencia exterior de Gran Bretaña- y la Oficina Nacional Antidrogas de Venezuela, ONA. Todo un esfuerzo multinacional para dar con el paradero de un capo de bajo perfil, que usaba distintas identidades, se había hecho varias cirugías faciales y llegó al extremo de quemarse con ácido los dedos para borrar las huellas digitales, en un desesperado intento de evadir a la justicia. No usaba celulares y solo se comunicaba con sus allegados, socios y cómplices a través de teléfonos públicos. La llamada de las 5:45 de la tarde del martes fue la última en libertad, pues hasta la cabina cercana al modesto hotel donde se hospedaba llegaron los agentes de la ONA para capturarlo.


Así termina, eso esperamos, la azarosa vida criminal de quien, según las autoridades, había logrado controlar el negocio de la droga producida en Meta, Guaviare, Caquetá y Putumayo, y dominar muchas de las rutas de exportación a EE.UU. y Europa, a través de una red de colaboradores en Colombia, Uruguay, Brasil, Argentina, Ecuador y Venezuela, entre otros países. En su lista de antiguos socios figuran los alias de ‘don Mario’, ‘Cuchillo’, ‘don Berna’ y ‘Rogelio’, pero igual se alió con ‘John 40’ y ‘César’, jefes del frente 16, una de las estructuras del cartel de las Farc, una realidad ampliamente documentada y que con tanto ahínco pretenden negar sus personeros en la mesa de diálogos de La Habana.


Es probable que la captura del ‘loco Barrera’  -pese a estar tan repartidos los créditos- favorezca al presidente Chávez en vísperas de una crucial elección y también, por supuesto, al presidente Santos, que con ello aplaca críticas de que aflojó en materia de seguridad. Pero también hay que decir que el Gobierno venezolano mantiene el as bajo la manga y no sería extraño que, tal como sucedió con ‘Valenciano’, en lugar de entregar el nuevo trofeo a su “mejor amigo”, cediéndonos así la jugosa recompensa de 5 millones de dólares ofrecida por las autoridades estadounidenses, resuelva ponerlo en manos de la “odiada” DEA.