Columnistas

Posada y el Cuarteto New World Symphony
Autor: Olga Elena Mattei
21 de Septiembre de 2012


Este cuarteto es un conjunto de prestigio. Viene con un programa variado, que cubre desde Shubert hasta Shostakovich, lo cual despierta interés especial. Son virtuosos, y es evidente que están excepcionalmente bien acoplados.

Este cuarteto es un conjunto de prestigio. Viene con un programa variado, que cubre desde Shubert hasta Shostakovich, lo cual despierta interés especial. Son virtuosos, y es evidente que están excepcionalmente bien acoplados. Sin embargo, la primera obra, el Cuarteto en Do Menor D703,  ajena a la grandilocuencia, (donde solo la coda incluye gran énfasis), no les da mucha oportunidad de un lucimiento espectacular. Y sobre todo, por ser básicamente una composición de cámara, inadecuada para una sala de platea y balcón con mala acústica.


La segunda pieza fue de Shostakovich, obra atonal, con ritmos cambiantes y una exigencia absoluta del unísono y del perfecto encaje del grupo tras estudio exhaustivo.  De grandes dificultades y demanda de vigor. Muy bien interpretada... Entre líneas, la partitura presenta algunas citas de Stravinsky (el Teniente Kizhé, con el guiño maligno de que van incompletas y crean expectativas insatisfechas).


La partitura es un diagrama matemático, que va jugando con espejos, reflejos, inversiones, abreviaciones, multiplicaciones y otros recursos o trucos de diseño. Y es una ordalía para los ejecutantes, que se mostraron a la altura de las complejidades.


La corona final, el Quinteto para cuerdas y piano en Fa menor de J. Brahms. Tengo una antigua discusión con un viejo amigo acerca de los tempos y los ritmos de Brahms. Yo digo que, en su subconsciente, este tiene un recuerdo de la infancia, engramado hasta su pulso; en su memoria, él va por la casa cabalgando en su caballito de palo: ta-tatatá, ta-tatatá: compás de tres por uno. “¡Siempre acentuando su trote cojo/ recurrente y sonoro/a todo lo largo/ de su mundo sinfónico”. Por fin yo quedé reivindicada, porque el Maestro Sergio Posada, a quien también se lo he dicho, me dijo en estos días que, preparando este quinteto, se acordó de ello... porque, en realidad, ¡es verdad!   Este cuarteto es muuuuy (sic) Brahms. ¡Y qué unidad la del grupo al ejecutarlo! Se convierten en un solo instrumento. Forman un órgano instrumental vital tocado por un solo organismo, una criatura de cien manos. Un órgano tubular, augusto, como la cúspide de una catedral, con todas sus nervaduras convergiendo en las alturas.


En cuanto a cada intérprete, es obvia la maestría de cada uno de ellos y hasta el timbre de cada instrumento es excepcional. El chelo, en especial, tiene una preciosa voz. Asimismo, la viola. Y nuestro piano, el nuevo piano de la Filarmónica, también goza de una cualidad rara, con algo como un eco o un aura de porcelana, bellísimo.


El pianista, Sergio Posada, se destaca por sobre otros pianistas por ser líder notorio a lo largo de la ejecución. La mayoría de las veces vemos pianistas que son meros acompañantes, escondidos o eclipsados por el resto del conjunto. No en el estilo de Posada. Él avanza al frente, es el que guía, atento a las necesidades de los otros instrumentos, dando entradas e indicando la pauta interpretativa con su expresión corporal y sus gestos, pero sobre todo con su fuerza pianística, y un sentido exegético. El piano se encumbra sobre el espeso cuerpo de las cuerdas y conduce al clímax. Aunque según avanzan los pasajes, los distintos integrantes se van pasando la antorcha y el énfasis del protagonismo cambia de voz, el piano es el hilo conductor y la guía. Y es un enigma psicológico el que una persona como Posada, quien en su vida privada es discreto y complaciente, (como lo sabemos los que hemos tenido el privilegio de conocerlo de cerca), en sus actuaciones artísticas públicas se desempeñe automáticamente como el líder, sin ninguna dificultad, y como si fuera su auténtica naturaleza.


Fue una ejecución extraordinaria, que desplegó excelencia en cada nota, en cada pasaje, en cada exhalación de cada intérprete.