Editorial

La tragedia de los incendios forestales
19 de Septiembre de 2012


Todo lo que se haga es poco para ilustrar a la gente y motivar su participación en las labores de prevención y mitigación de los efectos de los incendios forestales.

La tremenda ola de calor que azotó a Europa y Estados Unidos en los últimos tres meses disparó el fenómeno de los incendios forestales con consecuencias desastrosas para las personas, la economía y el medio ambiente. Colombia, así como Ecuador y algunos países de Centroamérica, también han estado bajo fuego, y la esperanza es que la amenaza desaparezca con la nueva temporada invernal que se anuncia.


Las impresionantes imágenes de las conflagraciones en Portugal, España y Grecia, especialmente, y en Estados Unidos recorrieron el mundo. En el país lusitano las llamas no solo destruyeron miles de hectáreas de bosques sino que obligaron por varios días al cierre de la autopista entre Lisboa y Oporto. En España, a fines de agosto, el incendio de un bosque obligó a la evacuación de casas y hoteles en el exclusivo balneario turístico de Costa del Sol, en Marbella. Pero el mayor desastre ocurrió a fines de junio, en Colorado Springs, donde una persona murió y 32.000 debieron ser evacuadas; 346 casas resultaron destruidas y 6.780 hectáreas de bosques y pastos terminaron arrasadas por las llamas.


En Colombia los incendios de la temporada afectan a 180 municipios de 22 de los 32 departamentos. Los más afectados son Cauca, Casanare, Tolima, Huila, Valle del Cauca y Cundinamarca. La situación más delicada se vive en Argelia, Cauca, donde hace más de 15 días se desató un incendio que hasta el lunes no había sido extinguido, entre otras razones por el riesgo para brigadistas y tripulación de helicópteros, debido a la presencia en la zona de grupos armados ilegales. El de Argelia hizo que se duplicara la cifra de hectáreas quemadas este año, que ya son 13.800, según cálculos de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres. Esa misma fuente dijo que en lo corrido del año se han presentado 852 incendios forestales en el país, de los cuales 193 fueron reportados en Antioquia. En el departamento el número de eventos es alto, pero la pronta y adecuada atención han hecho que la afectación no fuera tan grave como en otras regiones. 


Todo lo que se haga es poco para ilustrar y motivar a la gente a participar en forma activa en las labores de prevención y mitigación de los efectos de los incendios forestales. Según los expertos, se llaman así aquellos fuegos no programados ni controlados, que afectan las tierras forestales, cuya importancia económica, ambiental y aun recreativa no tiene discusión. A las pérdidas económicas, por la destrucción de bosques madereros y no madereros, se suma el grave deterioro de la flora, la fauna, los recursos hídricos y los suelos, que se resecan y cuartean, luego vienen las lluvias y los hacen deleznables y propicios a deslizamientos.


Si bien es cierto que un incendio forestal puede producirse por causa natural, por ejemplo, la caída de un rayo, los estudios del fenómeno en todo el mundo atribuyen más del 90 % de los casos a las llamadas “causas antrópicas”, es decir, en las que interviene la mano del hombre, ya sea por accidente, negligencia o imprudencia, o también en forma deliberada y criminal. Por eso siempre hay que tener presentes las normas clásicas de comportamiento, que la escuela y los medios de comunicación debemos contribuir a divulgar: Lo primero, mantenernos vigilantes sobre los bosques nativos para avisar oportunamente a las autoridades; segundo, evitar las fogatas, no arrojar elementos de vidrio o colillas de cigarrillo sobre la vegetación y en los famosos “paseos de olla”, asegurarse de apagar bien las brasas de los fogones improvisados. Finalmente, mantener en casa herramientas que puedan apoyar las labores de extinción, e identificar y conservar los teléfonos de los organismos de atención de esa clase de emergencias.


El Ideam le ha bajado tensión al tema con el anuncio de que la temporada seca está a punto de terminar para dar paso al segundo período lluvioso del año, que irá hasta finales de diciembre, pero ha advertido que los tres primeros meses de 2013 serán “muy secos”. Es el eterno ciclo de la naturaleza que a veces nos toma desprevenidos. El mensaje es que debemos prepararnos no solo para afrontar de la mejor manera los efectos del invierno, con su secuela de inundaciones y deslizamientos, sino para aprovecharlo con miras a ahorrar agua para la sequía.