Columnistas

Calidad educativa: el bilingüismo
Autor: Alejandro Garcia Gomez
19 de Septiembre de 2012


La alcaldía pretende llevar nuevamente a Medellín a la vanguardia de la calidad educativa de Colombia, esta vez con el bilingüismo, el inglés concretamente, y en asocio ahora con el sector privado.

La alcaldía pretende llevar nuevamente a Medellín a la vanguardia de la calidad educativa de Colombia, esta vez con el bilingüismo, el inglés concretamente, y en asocio ahora con el sector privado. La alcaldía aportará $39.000 millones y $24.000 el sector privado. La intención es capacitar estudiantes y docentes. En una primera etapa llegará a 15.000 estudiantes y 1.500 docentes (EL MUNDO, 28.VII.12).


En enero de 2001, esta columna (Al Sr. Alcalde, respetuosamente) hacía esta sugerencia y solicitud y, en los considerandos, argumentaba uno de los mismos que hoy soportan la actual decisión: que una inmensa información para capacitación en Internet,  viene en inglés y que la mayoría de docentes poseen un bilingüismo pobre. También que el aprendizaje de otra lengua en instituciones de calidad es costoso, casi lo que un arriendo, creando una barrera imposible para un maestro. Pedía que “…El municipio podría establecer convenios con instituciones de alta y exigente calidad académica en la enseñanza de los idiomas -con preferencia del inglés como idioma inicial- en donde se comprometa a sufragar los costos de los “educandos-educadores” que lo solicitaren bajo el compromiso, por parte del educando-educador, de la culminación satisfactoria del estudio, otorgado por la institución prestadora del servicio. De no hacerlo, se vería en la obligación de pagar -por nómina- el costo total del curso, con el correctivo monetario correspondiente, firmado en un contrato o pagaré o similar. Estarían exentos del pago-devolución los casos de muerte, imposibilidad física o mental comprobada por la institución prestadora del servicio de salud magisterial y algún otro sensato imponderable”. Hoy el TLC camina en nuestras calles y entra en nuestras casas. Medellín ha madrugado (un poco tarde), pero del resto de ciudades colombianas no se sabe nada. Y nada podemos esperar de la eximia eficiencia del Ministerio de Educación.


Once años han pasado desde mi propuesta de 2001 y nuevas necesidades ocupan al país en relación con el conocimiento y dominio de otros idiomas. El currículo de lo que conocemos como bachillerato está compuesto de asignaturas que sí permiten unas la competencia y el saber y otras sólo han llegado allí como producto de la inspiración caprichosa de algún ministro de educación o de algún gobernante que pretendieron inmortalizarse. En una revisión juiciosa se podrían encontrar “horas” disponibles para incrementar el estudio de la lengua materna -básica para el estudio a la perfección de cualquier otro idioma- y el del inglés, con una proyección a futuro de crear un trilingüismo, donde el estudiante pueda escoger el otro, de entre una gama que se le ofrezca, así no sea con dominio completo. Culturalmente no es lo mismo una persona que conoce la estructura de un idioma de otra que conoce dos y ésta de la que conoce tres y así sucesivamente, aun si no domina todos con perfección. En la oferta debería incluirse el chino mandarín y aunque inicialmente sería difícil encontrar docentes, después de capacitar varios, éstos se encargarían, con algún incentivo, de propagar la cosecha, no sólo en la ciudad sino en la región y hasta en el país.


Hay un obstáculo difícil mas no insalvable en esta Cruzada I: el hacinamiento de los estudiantes en salones de clase de acuerdo con el mandato legal (racionalización educativa). Aunque Medellín lo empezó a derrumbar sutilmente en el gobierno de Alonso Salazar, es hora de que intente una Cruzada II. Todas las instituciones serias y responsables en la enseñanza de los idiomas trabajan con un máximo de 10 estudiantes/aula. Rara vez con 12. Muchos de los cursos actuales en los colegios oficiales y privados hacinan con 45 y hasta 60. La Cruzada II sería proponerse la búsqueda por toda la dirigencia antioqueña -no sólo política- de rebajar el número de estudiantes/aula del mandato legal. Así no se alcancen los 10 o 12 ideales.