Columnistas

¡Ay, mi Universidad de Antioquia!
Autor: Iván Guzmán López
18 de Septiembre de 2012


Hace poco, escribiendo sobre la Universidad de Antioquia (la primera en el corazón, no obstante haber gozado de otros claustros), decíamos: cuando los años pasan, tal vez con la certeza de que cada día que acaba quedan menos,recordamos con más cariño

Hace poco, escribiendo sobre la Universidad de Antioquia (la primera en el corazón, no obstante haber gozado de otros claustros), decíamos: cuando los años pasan, tal vez con la certeza de que cada día que acaba quedan menos, recordamos con más cariño a nuestra Universidad de Antioquia. Es un ejercicio de la memoria y de la gratitud; es un esfuerzo del corazón por volver a esos pasos felices, a esas estancias que no tienen olvido; a esos rostros de entonces que ahora forman parte del collage de la vida. Por sus corredores, largos, sombreados, llenos de sonrisas abiertas a la vida, voló nuestra juventud. “¡Edad feliz!, donde la idea brilla”…, decía Pombo. “¡Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver!”…, cantaba el gran Rubén Darío.
Y agregábamos: los egresados debemos lealtad absoluta a nuestra Universidad; a ella, que como madre nutricia y generosa nos formó para la vida; a la que nos enseñó la capacidad de pensar, deliberar y edificar el futuro. Por eso nos duelen sus dificultades financieras, sus caducos paros como única medida de presión para lograr un presupuesto, crónicamente escaso. Pero también nos duele la mediocridad, el relajamiento académico y el manifiesto desinterés por la lectura, este sí, para desgracia de Colombia, un mal nacional.


Con dolor, a la anterior glosa de males, debo agregar otro peor, con la esperanza de que no prospere: la intolerancia. Un pronunciamiento público, dirigido hace poco a la administración de la universidad (el cual tengo en mi poder), y firmado a la fecha por 194 profesores, dice:


“Los suscritos profesores de la Universidad de Antioquia hacemos pública nuestra expresión de indignación y enérgico rechazo por el arbitrario despido del periodista Alberto González Mascarozf del cargo de Jefe del Departamento de Información y Prensa de la Universidad, como represalia por su manejo plural del pensamiento y las informaciones en los medios de comunicación universitarios. Dicha medida tomada por las directivas de la Universidad, en cabeza del Secretario General, Luquegi Gil Neira, con la anuencia del propio rector Alberto Uribe Correa, y de quien al momento de la decisión fungía como vicerrector general encargado, John Jairo Arboleda Céspedes, es el reflejo manifiesto de la puesta en marcha de una política de censura de la opinión y coacción a la libertad de prensa, la misma que gana terreno peligrosamente en nuestra institución. Como lo ha hecho saber el propio periodista González Mascarozf, en su “Carta abierta a la comunidad universitaria y a la opinión pública”, su despido obedeció a los desacuerdos de la administración universitaria frente a algunos de los contenidos que han circulado en el periódico Alma Máter y en la Revista Debates, publicaciones que tenía a su cargo en calidad de editor. Su despido por parte de los funcionarios mencionados es la respuesta a su postura plural y democrática “en el manejo de las temáticas y discusiones que deben caracterizar a la universidad pública como centro de pensamiento y de libre debate de las ideas”.


Hay que añadir que es público y masivo el respaldo que ha recibido el colega,  luego de ser separado alevosamente (según Juan Paz, “su jefe en la Universidad, Luquegi Gil Neira, secretario General, le informó que la fulminante declaratoria de ‘insubsistente’ no necesitaba ninguna razón explicativa”) de  sus tareas como “director del Periódico Alma Máter, la Revista Debates y la jefatura del Departamento de Información y Prensa, cargo que en forma ejemplar, brillante y transparente ejerció durante 21 años”.


Somos un país que no soporta el disenso: por eso no crecemos; por eso, desde la Independencia, padecemos del síndrome de Peter Pan. Dice el filósofo argentino Alberto Buela, experto en metapolítica, teoría del disenso y teoría de la virtud: “Disentir es una actitud libre, personal o colectiva, de afirmar otra cosa a la propuesta. Psicológicamente, es la primera actitud del hombre, al reconocerse como otro distinto del padre, para convertirse en adulto. El disenso enriquece el obrar humano y consolida una sociedad plural, al mismo tiempo que invalida cualquier intento homogeneizador o totalitario”. El rector Alberto Uribe Correa debería ofrecer una explicación pública y satisfactoria, o regresar a su cargo al colega González Mascarozf, pues a hoy, su único pecado en nuestra Alma Mater ha sido honrar al periodismo. ¡Ay, Universidad!, mi Universidad de Antioquia.