Columnistas

Planeación “ex post” para Medellín
Autor: Luis Fernando Múnera López
17 de Septiembre de 2012


La ciudad ha crecido caóticamente, en particular durante las últimas tres o cuatro décadas, debido a falta de planeación y control.

Soy ingeniero, no tengo formación en planeación urbana, aunque profesionalmente he sido cercano al tema en varias oportunidades. Por eso no voy a hablar académicamente, sino como ciudadano: En Medellín hace años se murió la planeación urbana.


¿Es posible trabajar sobre la ciudad que tenemos para corregir errores y omisiones, replantear el desarrollo y mejorar la calidad de vida? Podríamos llamarlo una planeación “ex post” o una reingeniería.


Para ser justo, empiezo reconociendo las cosas buenas de la ciudad. Tenemos muy buenos servicios públicos; obras importantes como el sistema Metro, el corredor vial del río, edificios modernos y funcionales; buen sistema de aprovisionamiento; buenas universidades y hospitales; crecimiento económico sostenido. La administración pública ha sido eficiente.


Pero hay debilidades. La ciudad ha crecido caóticamente, en particular durante las últimas tres o cuatro décadas, debido a falta de planeación y control. Se perdió la zonificación de usos del suelo y se permiten mezclas de usos incompatibles entre sí, motivados solamente por el lucro económico privado. Se incumplen densidades de ocupación y de construcción. Toda la ladera de El Poblado se invadió con edificios desproporcionados, sin respetar la naturaleza inestable de los suelos y la necesidad de espacio libre.


El plan vial integrador de la ciudad está inconcluso. Solo avanzan las expansiones del sistema Metro. Las nuevas obras viales se redujeron a soluciones puntuales. Se construyen intercambios viales, algunos de ellos gigantescos, con malas vías de acceso y de salida.


El ejemplo reciente más grave es el conjunto de obras propuestas por valorización en El Poblado: lo conforman 22 soluciones puntuales sin que en su conjunto constituyan un sistema vial integrador del sector y de este con el resto de la ciudad.


Se abandonó el centro histórico y se sustituyó por uno alterno en la llamada Milla de Oro y en el corredor del río, fraccionando la armonía e integralidad del verdadero centro de ciudad.


No menciono el grave problema del desequilibrio social, que es capítulo aparte.


Preguntarnos por las causas de este desorden no implica buscar culpables sino tratar de proponer soluciones. Las causas principales de este caos son:


1) Permitir que el lucro económico para los dueños de la tierra y del capital sea el factor principal en la decisión de las obras.


2) La falta de continuidad en las políticas municipales. El mal llamado plan de desarrollo que formula cada alcalde se limita a recoger los proyectos y actividades que el mandatario desarrollará durante su período. No es un plan de largo plazo. Cada alcalde de Medellín parece posesionarse con “complejo de Adán”, es decir “antes de mí no hubo nadie” y también con “complejo de trompeta del juicio final”, o sea, “después de mí no habrá nada”. 


Es necesario que Medellín formule un plan de reingeniería urbana de largo plazo, que defina cómo podría sacarse el mejor provecho de la infraestructura institucional y física, para recomponerla como ciudad más humana, más vivible, más ordenada.


Esta tarea la debe emprender una entidad que tenga visión de mediano y largo plazo, con capacidad decisoria en la materia. Difícilmente nuestra querida oficina de Planeación Municipal podría hacerlo, mientras esté condicionada por el período del alcalde.


Se propone: Que el Municipio retome el control del desarrollo urbano con visión de Estado, no de gobierno. Que la oficina de Planeación Municipal trabaje con visión de largo plazo. Que se vinculen al proceso las facultades y los gremios profesionales de arquitectura, urbanismo, ingeniería y economía.


Predicamos que Medellín es nuestra empresa más importante. Hagamos que realmente lo sea.