Columnistas

Unanimismo mediático
Autor: Iván Garzón Vallejo
15 de Septiembre de 2012


Paradójicamente la salida de Francisco Santos de RCN La Radio suscitó poco debate en los medios de comunicación.

Paradójicamente la salida de Francisco Santos de RCN La Radio suscitó poco debate en los medios de comunicación. Quizás como no se trató un periodista de izquierda o antiuribista, se oyeron pocas voces expresando solidaridad o cuestionando esta sutil forma de censura y de vulnerar la libertad de expresión que consiste en marginar a un periodista cuando sus opiniones son incómodas. Algo similar había ocurrido con el atentado contra Fernando Londoño: pocas voces de solidaridad entre los periodistas, y brillaron por su ausencia los reclamos por la libertad de expresión, a pesar de que la víctima dirige un programa radial y escribe una columna de opinión desde hace muchos años, por lo cual, bien podría ser contado en el gremio periodístico.


Si la voz que hubieran tratado de silenciar fuera de otro signo político, habríamos escuchado el estribillo que oímos cuando cerraron la revista Cambio, cuando El Espectador dejó de ser diario y se convirtió en semanario, cuando la Corte Suprema anunció que iba a demandar por injuria y calumnia a Cecilia Orozco y a María Jimena Duzán. Pero no fue así. El mensaje parece ser claro: solo quienes tienen ciertas posturas políticas son dignos del reconocimiento de sus colegas, de la solidaridad del gremio periodístico. Quienes están ideológicamente a la derecha no gozan de tal prerrogativa: allá ellos con sus ideas, al fin y al cabo, siempre son sospechosas de ser extremistas y desestabilizadoras.


Los medios de comunicación obedecen, sin excepción, a intereses políticos y económicos. Por eso la imparcialidad y la neutralidad predicada por algunos periodistas es ilusoria, o una fórmula para despistados. Sin embargo, los medios cumplen una función pública, la de informar, y por eso tienen una responsabilidad con la sociedad, que espera que dicha información sea veraz y relevante públicamente.


Si los dueños de RCN decidieron entregarle al Gobierno la cabeza de Francisco Santos porque era un crítico reiterativo, están en todo su derecho. Si los medios capitalinos siguen dispuestos a tratar con suma benevolencia al Gobierno de Santos y hacerle el favor de contribuir a caricaturizar o invisibilizar a los críticos del mismo, también están en su derecho. Que las razones de uno y otro comportamiento sean económicas o políticas no es lo más relevante. Lo relevante es: ¿esta falta de independencia ante el Gobierno o ante un grupo empresarial comprometen la seriedad, la veracidad y la relevancia de la información que publican?


Políticos y empresarios deben ser conscientes que si bien están en su derecho de cooptar a la prensa, con este comportamiento le hacen un gran daño a nuestra democracia. Porque una democracia necesita que el pluralismo y la diversidad de opiniones no solo sean unas bonitas palabras, sino una realidad. Y ciertamente, unos medios excesivamente oficialistas como los estamos viendo le impiden a los ciudadanos tener una visión de las cosas diferente de la que obedece a intereses políticos y económicos. También evitan por omisión indagar sobre temas de importancia pública que requerirían estar en la agenda. Y además de comprometer su credibilidad, su mayor activo, corren el riesgo de no informar, sino de servir como  propagandistas y legitimadores de los intereses de los poderosos.


Por lo anterior es infortunado que la mayoría de los medios de comunicación capitalinos hayan entrado a la Unidad Nacional. El Gobierno ganó unos defensores acuciosos e incondicionales. Y los ciudadanos perdimos posibilidades de mirar la realidad críticamente, y evitar ser tontos útiles. Pero van quedando pocas alternativas.