Columnistas

La ley del mínimo esfuerzo
Autor: Raúl Benoit
15 de Septiembre de 2012


Jaimito el cartero, uno de los célebres personajes del Chavo del 8, repetía con desánimo en cada capítulo “quiero evitar la fatiga”, un guión que se propagó como una enfermedad por América Latina.

Jaimito el cartero, uno de los célebres personajes del Chavo del 8, repetía con desánimo en cada capítulo “quiero evitar la fatiga”, un guión que se propagó como una enfermedad por América Latina.


Hoy día están de moda los jóvenes Ni-Ni (Ni trabajan, Ni estudian), que dependen de sus padres y viven rascándose la barriga como lo hacen los orangutanes que, aunque el hambre los asedia, la pereza no los deja levantarse a buscar alimentos.


También existen clubes de perezosos, que alegan que ese es un derecho humano y desean disfrutar una vida contemplativa.


Pero, lo que buena parte de la sociedad moderna no se percata es que el patrón de comportamiento de los holgazanes es un lastre para Latinoamérica, lo cual frena el desarrollo.


La desidia comienza en el colegio donde ciertos jóvenes resuelven pasar el grado escolar “raspando”, es decir, con bajas calificaciones y de esa forma ganan el curso sin quemarse mucho las pestañas ni agotarse estudiando.


Después siguen el mismo proceder en la universidad, dormitando en sus pupitres, apoyándose en colegas aplicados; copiando trabajos y comprando la tesis académica; finalmente emplean su método en la vida cotidiana, lo que se refleja en la productividad mediocre que tienen muchos sectores industriales y empresariales de nuestros países.


Un pretexto usual de los latinoamericanos es que “sabemos divertirnos”. Siempre hay un motivo para celebrar y brindar con aguardiente o tequila, porque para la fiesta y el relajo no hay flojera. Pero, cuando se trata de producir para la empresa o el hogar, surge el consejo de Jaimito el cartero: evitar la fatiga.


Las pérdidas en América Latina por empleados ineficientes e improductivos son multimillonarias. Calcule cuántas horas anuales se malgastan en tertulias entre compañeros hablando del último partido de fútbol; en conversaciones entre mujeres criticando el vestido y los zapatos de la que envidian; en tomaditas de café a cada momento; en usar el sanitario para hablar por celular y en chismografía en los pasillos censurando al jefe. Es como robarle tiempo a la empresa donde trabajan.


También hay otros desangramientos financieros: empleados de rango superior ineficientes que producen estrés entre sus colaboradores y esto se refleja en el rendimiento y la utilidad.


En mi país existe un buen ejemplo de productividad, los paisas. Habitan en una región que cubre 4 departamentos: Antioquia, Caldas, Risaralda y Quindío. Tienen fama de ser los más emprendedores de Colombia. Donde hay un paisa, el éxito brota como oro. Por eso mundialmente se habla del empuje paisa. Deberíamos seguir ese ejemplo.


No hay que confundir la vagancia con una buena productividad haciendo bajo esfuerzo. Hay que mezclar justamente los métodos para obtener resultados positivos en lo laboral y en asuntos personales.


El yoga, por ejemplo, recomienda involucrar equitativamente el pensamiento, el organismo y la voluntad. De esa manera, el esfuerzo de cada parte de su cuerpo es mínimo, pero se logra una máxima eficiencia. Más que aplicar mucha energía hay que saber dónde y cómo hacerlo.


La ley del mínimo esfuerzo es una vergüenza humana. ¡Huyámosle a los perezosos!