Columnistas

Escollos y sinsabores de una negociación
Autor: Ramón Elejalde Arbelaez
9 de Septiembre de 2012


No será una calle de honor lo que tendrán en su camino los protagonistas de esta negociación; por el contrario, será un proceso plagado de obstáculos.

Con esperanza hemos recibido los colombianos esta semana, los anuncios del señor presidente de la república sobre  el comienzo de un proceso de negociaciones con las Farc, y posiblemente con el ELN. No será una calle de honor lo que tendrán en su camino los protagonistas de esta negociación; por el contrario, será un proceso plagado de obstáculos.


El primero de ellos se relaciona con las expectativas que genera, pues aunque es una negociación directa con un actor directo e histórico del conflicto colombiano, todos sabemos que no es el único actor de la violencia en el país: esa violencia tiene raíces históricas y sociales muy profundas que se remontan a los orígenes mismos de la nacionalidad y que abarcan desde la violencia intrafamiliar, muchas veces invisible y silenciosa, pero devastadora en sus consecuencias, pasando  por la delincuencia común, en ocasiones representada por organizaciones que se creen el Estado, hasta confluir en la misma violencia política.


Un segundo escollo que encontrará el gobierno en este proceso es que alrededor de la violencia ha prosperado en el país una economía y unos poderes paralelos y por demás turbios, de los cuales unos pocos  delincuentes se han enriquecido y se han hecho poderosos mientras muchos otros han encontrado una forma de subsistir, en medio de la falta de oportunidades. Será una obligación del Estado identificar, neutralizar, aislar y castigar a los primeros y dar una nueva oportunidad a los segundos.


En tercer lugar, para nadie es un secreto que los actuales grupos guerrilleros han evolucionado hacia un modelo de “franquicias”, por  medio de las cuales otros grupos de delincuencia organizada actúan en su nombre: si la actual negociación llega a un acuerdo exitoso, estos grupos perderían “el ropaje” político, pero sería ingenuo pensar que se desmovilizarían por un acuerdo que no los cobija y dejen un lucrativo negocio. Por el contrario, cambiada la correlación de fuerzas, vendría un reacomodo de las mismas, como las réplicas de un sismo, que implicarían nuevas disputas por territorios, corredores, lavado de activos, abastecimiento de armas y de insumos, rutas y demás  elementos estratégicos  del conflicto; es decir, se podría llegar a un escenario más crudo y degradado como ocurrió en El Salvador.


Las anteriores advertencias no son un llamado al desánimo, pues un proceso de negociación exitoso fortalecerá al Estado, le dará legitimidad, le permitirá recuperar territorios, y si esta recuperación viene acompañada de la debida inversión social en educación, salud e infraestructura, le permitirá pagar la deuda social que se tiene con los más desprotegidos y la recuperación del tejido social deteriorado, con lo cual se frenará la migración de los campesinos hacia las ciudades a engrosar cinturones de miseria.


Como ocurre después de un terremoto, vendrán réplicas cada vez menores y posteriormente tendrá que venir un mejoramiento de las estructuras aprendiendo de las experiencias del pasado.


Notícula. Al decano del periodismo antioqueño, Armando Cardona Cataño y a su digna familia, la voz de solidaridad por el fallecimiento de su hija Luz Marina. Igual sentimiento de solidaridad con el ex magistrado Guillermo Mejía Mejía y su familia, por el sensible fallecimiento de su hermano Gilberto.