Columnistas

La última oportunidad
Autor: Álvaro González Uribe
8 de Septiembre de 2012


Cuando la semana anterior el Presidente anunció oficialmente por primera vez el proceso de paz, reuní a mis hijos de 15 y 11 años en la mesa del comedor y les dije: lo de hoy es histórico para su país

Cuando la semana anterior el Presidente anunció oficialmente por primera vez el proceso de paz, reuní a mis hijos de 15 y 11 años en la mesa del comedor y les dije: lo de hoy es histórico para su país, muchachos, recuerden bien esta fecha; de lo que pase con este anuncio dependerá el futuro de ustedes, de sus hijos y de sus nietos; no sé si yo alcance a disfrutar de una paz plena, pero si las cosas funcionan ustedes sí. Luego les conté detalles de lo sucedido incluyendo un breve recuento histórico de la guerra en Colombia. Preguntaron y dialogamos sobre el tema.


Es que no hay duda. Como ya varios lo han dicho estamos ante la última oportunidad de alcanzar la paz en Colombia, al menos en los próximos 50 años, por decir un número que no creo menor. ¿Es posible alcanzar la paz venciendo a la guerrilla? Todo es posible, pero a un costo muy alto para los colombianos y, además, 50 años intentándolo muestran que esas probabilidades son muy remotas.


¿Es posible alcanzarla con otro proceso de paz si fracasa éste? Todo es posible, pero también las probabilidades serán remotas durante muchos años, pues el eventual fracaso del proceso que nace, sumado a los anteriores intentos, sería una herida casi mortal a cualquier salida negociada.


Por tanto, lo que se está jugando en Colombia en este momento no es poco: son los años que nos quedan a muchos de quienes estamos vivos, es el futuro de quienes están por nacer, es todo un país. Por eso son mezquinos quienes del lado de la legalidad y del lado de la guerrilla pretenden sabotear perversamente este proceso.


Digo perversamente porque no me refiero a quienes han manifestado y seguramente seguirán manifestando su desacuerdo, pues tienen todo el derecho a expresarlo, eso sí, con respeto y con fundamentos y no simplemente con frases efectistas, falacias, ironías o insultos. También quienes creemos en el proceso debemos responder y defenderlo con respeto y con razones.


Acá todos nos la jugamos, no se trata del futuro político del Presidente como algunos han dicho así pueda ser cierto; ni más faltaba, se trata del futuro de millones de colombianos, del destino de toda una nación. Igualmente nos la jugamos quienes apoyamos el proceso y también se la juegan quienes lo rechazan. Debe ser duro hablar de guerra cuando hay posibilidades y ambiente de paz, como hasta hace poco era duro hablar de posible paz en la guerra.


Yo no creo que el expresidente Uribe estuviera -o esté, según dicen algunos- pensando en poner su pie encima del pecho del último guerrillero abatido para gritar victoria voz en cuello como Tarzán. Pienso que él quería ir más allá en la lucha, pero no eliminar totalmente a la guerrilla, no es iluso.


Seamos sensatos y justos: si este proceso de paz llega a feliz término se debe mucho al expresidente Uribe, que hizo la difícil labor de darle certeros y repetidos golpes a la guerrilla. Así me lluevan truenos, creo que sin la constancia de Uribe y la efectividad del Ejército las Farc no estarían hoy en la mesa, no hubieran aceptado condiciones que antes no hubieran admitido, aunque el Gobierno también haya movido inamovibles con todo su derecho.


Igual Pastrana y Belisario, y en alguna medida los últimos presidentes, contribuyeron de una u otra manera, porque este proceso no empezó con Santos, se trata de una serie de hechos que han ido creando unas condiciones que hoy toman una forma clara.


La tarea es ardua y larga; finalizar el núcleo del conflicto histórico con las guerrillas es lo primero, pero es solo parte. Tanto dentro de este proceso como por fuera y después del mismo, debemos seguir corrigiendo caminos y desmontando engendros. Pero por ahora los esfuerzos deben centrarse en llevar a buen puerto un proceso específico que ya tiene una forma, una ruta y unas metas claras.