Columnistas

¿Conveniente o no, el transfuguismo?
Autor: Bernardo Trujillo Calle
8 de Septiembre de 2012


“Con su pan se las coma” cada quien. Hay personas que no toleran pertenecer a otro partido distinto al que gobierna. Son súbditos del triunfador y les da lo mismo si son liberales o conservadores o comunistas o fascistas.

“Con su pan se las coma” cada quien.  Hay personas que no toleran pertenecer a otro partido distinto al que gobierna.  Son súbditos del triunfador y les da lo mismo si son liberales o conservadores o comunistas o fascistas. La facilidad con la que pasan de un partido a otro o de una facción a otra los convierte al final en indeseables veletas objeto de burlas o indiferencia.  Pero ahí están y cada vez en mayor abundancia hacen ostentación de su irreprimible tendencia al “voltiarepismo” como si fuera una virtud y no una debilidad.


Lo más insólito es que al vestir el nuevo traje partidista, quieren encabezar el puesto más visible de la cofradía.  Gonfaloneros, van con la bandera usurpada delante de la tropa de electores y protestan con fingida dignidad ofendida, si alguien se atreve a llamarlos por su nombre de la víspera.  Son unos artistas del camuflaje como el camaleón y viven felices haciendo los distintos papeles que la volubilidad les asigna.


Por eso precisamente, existen hoy partidos como la U y Cambio Radical, conformados por antiguos miembros del liberalismo fundamentalmente y, Puro Centro Democrático, última novedad, que lo conformarán, no quepa la menor duda, desertores del conservatismo afiliados a la extrema derecha, lindando con el fascismo.  Son ventoleras que van a pasar como pasaron otras por razones que hoy se juzgan con benevolencia por los politólogos y que mañana regresarán a sus toldas madres de donde no debieron salir.  Sin que pueda decirse que los colombianos seamos los campeones de este trasteo.  Sólo que aquí lo vemos y lo padecemos de manera directa.


Trato este tema, del que antes ya había hablado, con motivo del proyecto del acto legislativo que acaba de aprobar en primer debate la Cámara.  Es el segundo que pasa por el Congreso con la misma filosofía de permitir el transfuguismo sin caer en las sanciones que están previstas en la legislación nacional, pero también con el perverso afán de alzarse con las curules de miembros de otros partidos, cosa que por cierto han conseguido.  Esta segunda reforma está concebida sobre los mismos discutibles intereses, fomentando el desorden ideológico e institucional al validar actos de deslealtad, al paso de robarse los esfuerzos de una colectividad cualquiera, a la que se le pone a boca de jarro el ofrecimiento de algunas ventajas burocráticas y el acceso a los desayunos en Palacio.


Después de repetir parte del primer inciso del artículo 107 de la Constitución, se viene en una derogatoria total del segundo inciso: “Autorizase, por una sola vez, a los miembros de las corporaciones públicas para inscribirse como candidatos en un partido distinto al que los avaló, sin renunciar a la curul o incurrir en doble militancia, dentro de los dos meses siguientes a la entrada en vigencia del acto legislativo”.  Me parece ver a ciertos personajes haciendo el trasteo y diciendo como el congresista cartagenero que ya he citado en esta columna: “Yo soy hombre firme, en plataforma política móvil”.


Coincido con quienes han dicho que la Constitución del 91, en cuanto a los partidos políticos, fue un rotundo triunfo del Movimiento de Salvación Nacional y del M-19 que propiciaron el destrozo del liberalismo y el conservatismo con el pretexto de que el bipartidismo estaba asfixiando la democracia.  Esto fue el principio del fin al pasar de unos partidos históricamente sólidos, respetables, con una dirigencia reconocida por sus capacidades y virtudes ciudadanas, a unas montoneras (¿50, 70 o más?) que permitieron la instauración de un mercado cínico de votos, de compra de conciencias, de la llegada de los costalados de billetes traídos por mafiosos y traquetos a las mesas de votación.  No es un invento, porque el problema sigue en su apogeo y probablemente continuará por otros años.  Yo reclamo como liberal, que la anodina y atolondrada dirigencia de mi partido diga o haga siquiera una señal de inconformidad y se oponga al pérfido proyecto.


P.S.: Humberto de la Calle, como primera figura en este proceso de paz, tiene el perfil que augura su buen suceso.  El Presidente tiene el apoyo de la gente sensata del país. Deje que trinen algunos pocos amargados, señor Presidente.