Columnistas

A cuidar la bahía de Santa Marta
7 de Septiembre de 2012


En 1987, se publicó el informe Brundtland, elaborado para las ONU por una comisión de diferentes países, liderada por la doctora Gro Harlem Brundtland, y en el cual se habla por primera vez del término desarrollo sostenible

Luis Oliverio Cardenas Moreno


Nota de la Dirección: Nos complace presentar como nuevo columnista de EL MUNDO al Dr. Cárdenas, ingeniero mecánico y abogado, profesor universitario, ex gerente general de Empresas Varias, entre otros importantes cargos públicos y privados, reconocido por la Cámara Junior de Colombia, capítulo de Medellín, como uno de los cinco mejores ejecutivos jóvenes de Antioquia en 1995.


En 1987, se publicó el informe Brundtland, elaborado para las ONU por una  comisión de diferentes países, liderada por la doctora Gro Harlem Brundtland, y en el cual se habla por primera vez del término desarrollo sostenible, entendido como aquel estilo de desarrollo que garantiza satisfacer las necesidades de las generaciones presentes, sin poner en riesgos los recursos necesarios para satisfacer las necesidades de las generaciones futuras,  o dicho en otras palabras, es el tipo de desarrollo que garantiza un equilibrio entre el crecimiento económico, la responsabilidad social y la conservación de los recursos naturales.


Lo anterior, para resaltar la urgente  necesidad de hacer compatible el desarrollo, con el cuidado y conservación al medio ambiente en un mundo que, con el nacimiento en la ciudad de Kalliningrado (Rusia) del niño Piotr y en Filipinas de la niña Dánica el 31 de octubre de 2011, ya empezó a contar la no despreciable cifra de 7 mil millones de personas para alimentar y sostener, lo cual hace  que debamos ser muy cuidadosos con nuestros recursos, si queremos garantizar la sostenibilidad.


Desde hace algunos años ha sido recurrente, la preocupación de los habitantes de Santa Marta, por las consecuencias del transporte y cargue del carbón en los grandes buques que lo llevan hacia su destino final en países que escasean de este importante recurso. Colombia es afortunada al  contar con un gran potencial carbonífero en un planeta donde los combustibles fósiles  están llegando a su etapa final de producción. No se puede desconocer  los ingresos económicos que a las localidades ubicadas en las zonas de explotación y cargue les representa la industria carbonífera, por regalías y otros conceptos asociados, pero esto  no  justifica que se dejen de utilizar las mejores tecnologías en el proceso, de tal forma que las afectaciones al ambiente sean las mínimas posibles.


Desde la década de los 80 se está explotando carbón en la Guajira y el Cesar;  van casi tres décadas de trabajo y experiencia, que necesariamente deben verse representados en una afinación de las prácticas de exploración, explotación, transporte y cargue. Hace poco un prestante dirigente gremial afirmaba que un aspecto por el que debe sobresalir un  industrial, es el respeto y cuidado al medio ambiente. Comparto dicha apreciación y  no entiendo que hoy todavía se afirme que no  es posible iniciar desde ya el cargue de carbón en los los puertos de Santa Marta, mediante la tecnología del cargue directo, que minimice la generación del polvillo al ambiente y la contaminación marina.


Es  delicado, ya que el cargue inapropiado del  carbón no solamente  produce la disminución de la pesca con los efectos para los pobladores que viven de ella, sino también efectos potenciales en la  actividad turística que es uno de los pilares de la economía samaria y por lo cual necesariamente el manejo del carbón debe ser compatible con ella. Es triste ver la forma como se descargan al mar residuos de carbón mezclados con agua, o como se esparcen al aire partículas muy finas, fruto de un manejo casi que artesanal del sistema.


Se está hablando ahora  de un plazo  hasta el 2014, para que la tecnología de cargue directo se implemente, lo importante es  que cumpla, para la  recuperación de la bahía. 


Exportar 40 millones de toneladas por año de carbón, evidentemente es importante y  aporta a la economía no solo de la región, sino también del país. Hacerlo de manera segura y responsable es el reto que debemos asumir sin dilaciones. Se requiere  voluntad de las partes involucradas en el proceso para aplicar las mejores tecnologías. El desarrollo económico es inevitable y es un factor del desarrollo sostenible, pero hay que temerle al desarrollo irracional, que no considere la conservación de los recursos para las generaciones futuras, y su gran responsabilidad social con la generación presente.