Columnistas

El café dice no al oro
Autor: Guillermo Maya Muñoz
7 de Septiembre de 2012


Afirma el decano de la universidad privada Eafit, Jorge Giraldo Ramírez, en su columna Oro en el Suroeste (El colombiano, marzo 25-2012), que: “La minería legal del oro en el Suroeste antioqueño es una oportunidad”.

Afirma el decano de la universidad privada Eafit, Jorge Giraldo Ramírez, en su columna Oro en el Suroeste (El colombiano, marzo 25-2012), que: “La minería legal del oro en el Suroeste antioqueño es una oportunidad”. Afirma, pero no demuestra. Que la minería sea una oportunidad está por verse dadas las tecnologías utilizadas y la evidencia histórica de la minería del oro en Colombia, y el resto del continente.


El precio del oro pasó de 310 dólares la onza (3.1 gramos) en 2002, a 1.770 en septiembre de 2011, y después a 1.590 en julio de 2012. Los grandes aumentos de precios en el mercado mundial, jalonados por la especulación financiera internacional, aunados a la difícil topografía colombiana, y a la baja capacidad del gobierno nacional de controlar el territorio han despertado la codicia de las multinacionales, y de las empresas nacionales, así como la del crimen organizado. El objetivo de todos es sacar el máximo mineral en el menor tiempo posible, y por eso usan las tecnologías que tienen una mayor impacto sobre el medio ambiente, como la minería a cielo abierto, y poderosas dragas en las riberas de los ríos, al igual que el uso de cianuro y mercurio, elementos que envenenan las aguas. Si hay que tumbar y destruir pueblos, como pretenden con Marmato, lo hacen. La minería legal como la ilegal afecta el medio ambiente.


Las enormes rentas surgidas por la diferencia de los costos (incluidas las regalías del 4%) y el precio internacional han convertido la exploración y la explotación de oro en un gran negocio, y si es necesario habrá corrupción, amenazas, y expulsión de personas y comunidades. Incluso, la gran minería trata de seducir a las comunidades con regalos: “balones de fútbol, material para manualidades, como telas, hilos, pinturas y agujas, hasta refrigerios y subsidios de transporte”, han sido repartidos en Jericó (elespectador.com, sep. 2-2012). Las transnacionales hoy, como los españoles en la conquista de América, se quieren ganar la voluntad de las comunidades con espejitos.


Las comunidades, los concejos y los alcaldes de las poblaciones del Suroeste, una de las zonas cafeteras más importantes del país, se han unido para frenar la penetración de la minería, legal o ilegal, en su región. “Nuestro oro es verde”, han dicho. Sin embargo, la gobernación de Antioquia basada en las normas legales que regulan las actividades mineras y sobre las cuales las autoridades locales no tienen competencia, se declara a favor de los intereses de la minería, que en lenguaje burocrático denomina “minería responsable”. Además, si tenemos en cuenta que el Suroeste “está sobre las fallas del Romercal y Cauca, (…) los trabajos de minería (…) podrían desestabilizar aún más el terreno” (‘Nuestro oro es verde’, elespectador.com, sept. 02-2012).


En este sentido,  “Claudia Cadavid Márquez, secretaria de Minas de Antioquia, es enfática al respecto: “Una cosa es lo que uno quiere y otra la que la ley permite. Tenemos que hacerles ver a los alcaldes y a la comunidad que la minería está regida por un código. (…) lo único que se puede hacer es “velar por el desarrollo y fomento de una minería responsable para que no ocurran en estos municipios problemáticas como las de otras zonas, como el nordeste de Antioquia”. Bueno, la minería sigue su marcha destructora en el Nordeste, y la hará en el Suroeste, mientras la gobernación de Antioquia mira para el otro lado, y espera la buena voluntad de las mineras para que sean responsables con el medio ambiente. Lo único que se le ocurre a la Gobernación de Antioquia es pedirles a las comunidades, concejos y alcaldes que entiendan que la minería está regida por un código. Faltó decir que la minería esta incluida en los diez mandamientos. Los códigos son hechura humana, así como se hacen se deshacen, mediante la voluntad popular, en una democracia.


Como dice un habitante del Suroeste, con la sabiduría que da la vida: “¿Cómo apostarle a la explotación del oro sabiendo que nuestro verdadero oro es verde, que nuestra riqueza son el agua, el café, la pasiflora y la flor del magnolio?” (elelespectador.com). El Suroeste es colombiano, que los canadienses saquen el oro en Canadá.