Mundo deportivo

Legend of wrestling
Leyenda de la lucha libre
Autor: Jonny Andrés Sampedro
2 de Septiembre de 2012


En Estados Unidos: “Hulk Hogan”, “The Rock” y “Undertaker”; en México: “El Santo”, “Octagón”, “Blue Demon” y “Mil Máscaras”; en nuestro país: el “Búfalo”, “Blas Toni” y “El Jaguar de Colombia”, el protagonista de esta nota.

Foto: Cortesía 

El Jaguar (derecha) al lado de su ídolo y amigo: "El Santo". El "Jaguar", que nunca ha develado su identidad, fue campeón mundial tres veces (1972, 1983, 1991).

Nueve años de edad tenía cuando definió cuál sería su plan en este mundo: “Quiero ser luchador”, se dijo convencidamente y se lo manifestó a su abuela Blanca, quien le reprochó esa idea y lo invitó a estudiar para ser arquitecto, abogado o médico.


El objeto que cambió su vida para siempre fue una revista de historietas que le prestó un compañero del colegio, en la que se narraban las hazañas de “El Santo”, el ídolo predilecto de la lucha libre mundial, el superhéroe  que luchaba contra el mal.


Inconforme con la negativa de su abuela y decidido a concretar su sueño empezó a diseñar su vestuario y a pensar cómo se llamaría de ahora en más. Tomó entonces unas telas viejas que había en su casa y se presentó ante su abuela enmascarado y con su nuevo atuendo. “¿Abue, qué tal?”.


La respuesta de su nana fue una paliza tremenda, de esas que no se olvidan, que marcan la infancia de una persona. Paliza justificada al fin y al cabo, porque esas telas que él asumió como viejas, eran parte de un vestido de lamé que usaba su mamita en fechas importantes.


Todo un felino


Pasaron los años. Se hizo adolescente, entrenó lucha grecorromana y olímpica, adquirió las bases de este deporte y con otros jóvenes de su barrio creó un club de lucha libre en su vecindario que competía con otras localidades en los parques de Bogotá.


Vino su primer contrato a los catorce años de edad. Su padre lo llevó a Venezuela a un espectáculo de mayor envergadura y en una pirueta aérea debía tumbar a su oponente, pero midió mal, pasó por encima de su rival, se salió del ring y fue a dar de cabezas al piso. A los dos meses despertó en un hospital de Bogotá y contra la voluntad de su familia y de los médicos, se volvió a levantar y emprendió una gira por Centroamérica. Era joven, pesaba 80 kilos y tenía un cuerpo atlético que justificaba su presencia en estos eventos. ¡Ya era el “Jaguar de Colombia”!


En este periplo conoció al “Santo”, a su divinidad y gran amigo. Participó con él en varios combates y a los 15 años de edad (1961) debutó oficialmente en el Madison Square Garden de Nueva York. Los “Gringos” lo vieron como una mina de oro, lo explotaron comercialmente y empezó una gira que al final de su carrera deportiva se tradujo en 84 países de todos los continentes.


En 1968 la amistad con el luchador mexicano le garantizó ser su doble en las películas que este protagonizaba. “El Santo” no tuvo necesidad de emplearlo hasta el día que se enfermó su esposa y con un proyecto de cinco largometrajes para grabar en Colombia no tuvo más opción que abandonarlo y decirle: “Jaguar, haga usted las veces de ‘Santo’ que me voy a cuidar a mi mujer. Acá le dejó mi máscara y mi traje”.


El remplazo del “Santo” cumplió con las expectativas. Grabó cinco películas en cuatro meses, unas de esas fue “El Santo” frente a la muerte. Se hicieron tomas en el Cerro de Monserrate y en otros lugares de la capital colombiana. Al año siguiente el enmascarado de plata vino a pelear a Barranquilla, en el coliseo Humberto Perea. “Fue la única vez que el mexicano compitió en Colombia”, dice el “Jaguar”.


Los años maravillosos


Para 1971 el “Jaguar” funda la Arena Bogotá. Empieza la época dorada de la lucha libre en Colombia (setentas y ochentas) y los escenarios se ven llenos. Muchos de esos aficionados son adolescentes y adultos jóvenes que luego pasarían a ser presidentes, vicepresidentes y periodistas consagrados del país como: Ernesto Samper, Francisco Santos, Roberto Pombo y Gabriel García Márquez.


Aprovechando ese boom, el felino hace dos películas: Karla contra los jaguares y el “Jaguar” contra el invasor misterioso. Producciones de bajo costo, “películas malas” como él mismo lo manifiesta, pero que lo llenan de orgullo y buenos recuerdos.


Desde 1979 a 1982 participa en la WWF. Sigue viajando por el mundo y cuando vuelve al país en el nuevo milenio se encuentra con un panorama desolador, no hay luchadores de proyección internacional, ni organizaciones que apoyen este espectáculo.


Hoy, con 68 años de vida y a seis años de haberse retirado quiere crear una escuela de lucha libre, desea que esta disciplina sea considerada deporte en Colombia y espera revivir la afición y la pasión que generaron estos luchadores décadas atrás.



¿Deporte o show?


Al hacerle esta pregunta al "Jaguar de Colombia" este respondió: "Ustedes creen que el dedicarle siete días al gimnasio, seis a trotar, cinco a entrenar colchoneta y el tener 15 fracturas en un pie, titanio y platino en la cara a causa de los golpes no da para garantizar que esto es un deporte. Nosotros también entrenamos y nos preparamos física y mentalmente".


El enmascarado agregó: "La base de nuestro deporte se fundamenta en el karate, la lucha olímpica, grecorromana y el jiujitsu. Los golpes son reales, las caídas también y obvio la sangre. En el ring somos competidores todos, fuera de él somos amigos y yo no puedo lesionar, ni incapacitar de por vida a un colega. Tampoco puedo hacerlo sangrar en cantidad, porque esto es un plan más familiar y no podemos traumatizar a los niños con tanta violencia".