Columnistas

La paz está cogida de un cacho
Autor: Bernardo Trujillo Calle
1 de Septiembre de 2012


La oscura frase de vaquería que le gusta tanto al Presidente, al punto de vestirla de frac para llevarla a la Casa de Nariño, tiene en el momento un maravilloso significado que promete que el otro cacho también va a ser cogido

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La oscura frase de vaquería que le gusta tanto al Presidente, al punto de vestirla de frac para llevarla a la Casa de Nariño, tiene en el momento un maravilloso significado que promete que el otro cacho también va a ser cogido si continúa firme en el propósito de rodearse de amigos como Cuba, Venezuela y Noruega cuya misión sería ayudar a un país amigo a liberarse del sambenito de oveja negra del Continente.  A diferencia de los diez anteriores intentos frustrados en parte por la publicidad y en parte por la suma confianza depositada en la buena fe de la guerrilla, este ha sido conducido con absoluta discreción, lejos de Colombia, sobre temas concretos y partiendo de un presupuesto sin el cual no habría una undécima oportunidad de lograrla. Me refiero a que no habrá despeje ni solución de continuidad en la defensa de “todo centímetro del territorio nacional”.


Es que sin necesidad de tener que reiterarlo, el Presidente habla de ejes centrales alrededor de los cuales el proceso tendría qué desarrollarse, pues una agenda ilimitada, abierta para las mayores distracciones, un tiempo indefinido propicio para desperdiciarlo y un final sin conclusiones válidas, como sería la dejación de las armas ilegales, no justificaría el enorme esfuerzo de los participantes, ni el esperanzador entusiasmo con el que se ha recibido la primera noticia.  Los ocho meses sentados a la mesa del diálogo prometedor para poner fin al conflicto, son generosos y dentro de ellos las más agudas distancias conceptuales y prácticas caben ser resueltas.


Por tal motivo, venir los enemigos de este encuentro a decir que no hay más camino que la guerra hasta la rendición incondicional, es un despropósito dictado por el afán de que lo tantas veces buscado sin hallarlo, sufra una nueva frustración.  Generales retirados que no pudieron alcanzar esa contundente victoria, manan desde sus retiros resentimiento.  No son los más llamados a interponerse, porque el tren de la historia los dejó hace tiempo.  Ni lo son aquellos que tuvieron en sus manos todas las riendas del poder y tampoco lo consiguieron, pues el turno ha pasado al siguiente o siguientes jefes de Estado que tienen el derecho de conseguir esa paz, haciendo caso omiso de los fracasos anteriores.  El futuro nada tiene que ver con el pasado, a no ser como un referente irrepetible, en este caso, los fracasos.


El Presidente tiene ante sí abierto un panorama halagador, empezando por el Marco Jurídico de la Paz que el Congreso aprobó a sabiendas de su obvio destino.  Su recorrido legislativo se hizo a la luz del día y con sólo poquísimas excepciones, pasó la prueba de fuego que superó el día en que se le dio aprobación.  No hubo engaño. Ahora viene la Ley Estatutaria que le dará el necesario contenido real y conducente a sus fines. La repetida cantaleta de haberle garantizado impunidad al terrorismo de las Farc, o que habrá repartición de territorios, entrega de soberanía y sacrificio de la seguridad democrática, es un cargo gratuito y falso.  Ni siquiera se ha echado a perder uno solo de los huevitos que le confiaron al Presidente Santos.


La soberbia es la más estéril de las pasiones humanas.  Por fortuna no es enfermedad contagiosa y la mayoría de los mandatarios colombianos han sido tolerantes aún en sus fracasos.  No convirtamos en tragedia nacional lo que apenas es arrebato de un orgullo herido.  Si Santos no logra –y ojalá que sí- la paz, pues que no sufra ni trate de impedir que otro la obtenga.  Colombia se la merece independiente de quien reciba los laureles.  Sin olvidar “que el hacer paces también suelen ser triunfos de la guerra”.  Colombia, la oveja negra americana, debe volver al redil de los países en paz.  Medio siglo de guerra nos debe avergonzar.  Presidente: saque la llave de la paz que tiene guardada en su bolsillo. Mejor: cójale el otro cacho a la paz.


P.S.  La paz no se decreta, ni es gratuita.  Se conviene y por eso se debe dar algo o mucho por ella. La guerra es la que se decreta. Penosa la intervención del senador Lozano prendiéndole una vela al dios de la paz y otra al diablo de la guerra.  Es el típico ‘santi-uribista’. ¡Definite, hombre Juan!




Comentarios
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Jorge
2012/09/01 06:58:13 am
A pesar de estar Colombia ubicada entre los cuatro países mas desiguales del mundo, la violencia no ha ayudado en nada a resolver esta situación. La actitud de las FARC frente a una posible paz, está mediada por que hayan superado los dogmas de derivados de "que la violencia es la partera de la historia". Si ello no es así, en la negociación solo buscan publicidad para seguir con lo mismo.