Columnistas

Otro intento por la paz
Autor: Mario Arango Marn
1 de Septiembre de 2012


La firma en La Habana de un acuerdo con las Farc (27-VIII-2012) es otro intento por ponerle fin al conflicto colombiano.


La firma en La Habana de un acuerdo con las Farc (27-VIII-2012) es otro intento por ponerle fin al conflicto colombiano. El presidente Santos repite las intentonas de sus predecesores desde 1978. En efecto, Uribe, en el primer semestre de 2009, buscó un “encuentro  secreto y discreto con las Farc en el extranjero”. Pastrana, el 14 de octubre de 1998, estableció la zona de distensión de San Vicente del Caguán. Samper, en junio de 1997, autorizó despejar a Cartagena del Chairá para entablar diálogos de paz y permitir la liberación de secuestrados. Gaviria, en 1991, abrió diálogos en Tlaxcala con la Coordinadora Guerrillera. Barco, empero el exterminio de la UP, logró en 1990 la desmovilización del M-19. Betancur, en 1982, adelantó una negociación con la guerrilla y firmó un cese al fuego en 1984. Turbay, en 1981, creó una comisión de paz bajo la batuta de Carlos Lleras Restrepo.


Esos intentos por la paz, en particular a partir de Gaviria, no son discrecionales: Los ordena explícitamente la Constitución del 91 en sus artículos 22 y 95. Por eso, y no obstante el escepticismo por la avezada contumacia de las partes y el pésimo ambiente creado por el expresidente Uribe, es conveniente la nueva tentativa. Bajo un concepto muy limitado de la seguridad, el gobierno anterior, con los bombardeos a los campamentos, los mal llamados “falsos positivos” y las supuestas desmovilizaciones, se empeñó en hacer creer que la guerrilla estaba derrotada y no replegada. El legado de los dos cuatrienios anteriores fue el de un paramilitarismo muy robustecido, responsable, con la guerrilla, de masacres, desplazamiento forzado, despojo de tierras y tráfico de drogas.


Así las premisas de que “cualquier proceso debe llevar al fin del conflicto, no a su prolongación, (…) de aprender de los errores del pasado y (…) mantener operaciones y presencia militar sobre cada centímetro del territorio nacional”, Santos sabe que este nuevo intento por la paz “tiene sus enemigos agazapados”. Son esos mismos que se oponen a la restitución de tierras y a la búsqueda de otras alternativas en la lucha contra los estupefacientes. Que ponen trabas para que el poder judicial sea independiente. Los que se resisten a reestructurar el perverso sistema de salud, los que creen que los ricos no deben pagar impuestos y los que se oponen a que las armas sean de uso exclusivo de la fuerza pública. Aquellos que convirtieron las pensiones en un gran negocio. También, esos amigos de los fueros especiales y que adelantan campañas políticas con dineros del narcotráfico o apoyados en firmas falsas.