Columnistas

Héctor Abad, memoria histórica
Autor: Hernán Mira
29 de Agosto de 2012


En la magnífica conferencia que dictó el escritor Héctor Abad Faciolince en la conmemoración del 25º aniversario del vil asesinato de su padre, hizo toda una brillante exposición de razones y sentimientos por las cuales él quería olvidar

En la magnífica conferencia que dictó el escritor Héctor Abad Faciolince en la conmemoración del 25º aniversario del vil asesinato de su padre, hizo toda una brillante exposición de razones y sentimientos por las cuales él quería olvidar aquel horroroso episodio. “Ya no quiero memoria, sino olvido”, dijo citando a Lope de Vega. “Se dice que sabemos la buena memoria que tenemos cuando quisiéramos olvidar algo, y no podemos. Tenemos que vivir con la carga del recuerdo. Pero es necesario olvidar, por lo menos a ratos, para poder vivir”: El olvido es la única venganza y él único perdón, dijo Borges, y así se puede enfrentar el terrible episodio. “El olvido también es un consuelo, tal vez el único consuelo que existe”, así concluyó su intervención que tituló “Acuérdate de olvidar”.


Pero en medio de su ponencia que se podía leer como un pedido o reclamo, muy válido y justo, porque le permitieran a él como hijo y a la familia el olvido: “Nosotros no podemos vivir de la memoria de la sangre de mi papá. Ya no queremos verla más. Ya no más”, dijo; hizo otras consideraciones que sirven para preservar la memoria histórica o política de Héctor Abad Gómez que es la que nos corresponde como un deber, a la sociedad, a los ciudadanos, a la Universidad de Antioquia, desde donde él difundió tanto su pensamiento, debatió, denunció, y fue varias veces cuestionado, castigado y rechazado por las mismas directivas de su Universidad.


“Una de las funciones del recuerdo, se nos dice, es evitar que la historia se repita. Si conocemos el pasado, se nos dice, podemos escarmentar y hacer que el futuro sea distinto. Pero no; en este caso no sirvió de nada recordar, protestar, conmemorar”. Después del asesinato de Abad con Leonardo Betancur, siguieron los de Luis Fernando Vélez y Jesús María Valle que se hicieron cargo del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos. “En 1998, tres sicarios pagados por Carlos Castaño, dos hombres y una mujer, entraron a su oficina de abogado (de Jesús  María Valle) lo obligaron a tirarse al piso y acabaron con su vida”. Crimen en el que hubo clara complicidad de organismos del estado que ya fue condenado por la CIDH.


“Esos asesinatos fueron terribles y fueron injustos. Además en ellos, como últimamente confesó don Berna, estuvieron involucrados no solo paramilitares, sino también sus cómplices del Estado”. Sí que vale la pena rememorar esto ahora cuando muy altos miembros de las fuerzas militares han reconocido o se les ha condenado por su macabra alianza con los paramilitares, y se los había defendido desde la misma Presidencia de la República. Porque Abad Faciolince, en medio de su reclamo por su derecho a olvidar, también dijo: “Yo reconozco la importancia política de tener una memoria larga. Eso hace que los asesinos no se sientan nunca a salvo: su crimen será recordado. Tal vez por nuestra memoria a ellos les tiemble la mano cuando piensen otra vez en apretar el gatillo”. Y nosotros los ciudadanos y universitarios, no hemos hecho los suficiente por mantener esa memoria histórica y que no nos siga pasando lo que nos ha pasado.