Editorial

Las medidas monetarias
28 de Agosto de 2012


La Junta y el Gobierno tienen herramientas y margen de maniobra para torcerle el cuello a la revaluaci髇. Solo hace falta voluntad pol韙ica y mayor preocupaci髇 por lo social.

Dos semanas atrás, cuando nadie sospechaba que el ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, fuera a estar entre las “víctimas” del revolcón ministerial, registramos aquí su coloquial reclamo a los industriales,  reunidos en la Asamblea de la Andi, en Cartagena: “Recen para que en la próxima reunión de la Junta del Banco de la República se apruebe una mayor intervención en el mercado de divisas”. Allí anunció que su propuesta como presidente del organismo sería la de duplicar las compras diarias.


Aun cuando no se le dio el milagro completo, el doctor Echeverry puede irse satisfecho del deber cumplido, pues consiguió, en la reunión del viernes, que el grupo mayoritario de los codirectores, que durante varios meses desoyó el clamor de distintos sectores de la economía y del Gobierno, se aviniera a adoptar por consenso una reducción de 25 puntos básicos en la tasa de interés de intervención, para dejarla en 4,75%, y un aumento del 40% en el volumen de compra de dólares en el mercado abierto, dos medidas urgentes y complementarias en la lucha contra la ruinosa apreciación del peso.


Complementarias porque es bien sabido que las altas tasas de interés son el mejor combustible para atizar el fuego de la revaluación, ya que hacen atractiva la llegada de capitales especulativos en busca de rápidas y pingües utilidades. En cambio, las tasas bajas estimulan la inversión productiva y el empleo, dado que propician una mayor demanda de crédito por parte de los empresarios y un mayor consumo de bienes nacionales. Y en cuanto a la urgencia de tales medidas, resultaría necio ponerlo en duda, pues ahí están las denuncias de los exportadores, con cifras en la mano, sobre los efectos devastadores del dólar barato sobre la productividad y la competitividad de sus empresas, el balance de pérdidas y ganancias, y la conservación del empleo de calidad.


Citemos tres casos emblemáticos. El de los caficultores, cuya agremiación estima en más de $200.000 millones la disminución de sus ingresos en lo que va del año por cuenta de la apreciación del peso frente al dólar. A eso se agregan la caída de la producción y los malos precios internacionales del grano, para sumar pérdidas por $800.000 millones en el primer semestre, según informó el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo. El gremio coincide con el ministro en que de poco sirve que la demanda mundial de café esté creciendo entre el 1,5% y el 2% anual, si aquí no se hace un esfuerzo por comprar más dólares o seguir los ejemplos de otros países como Perú, que a diario compra la cantidad que requiere para mantener estable la divisa.


Del lado de los bananeros, el presidente de Augura, Roberto Hoyos, decía en días pasados que solo por el factor revaluación, los exportadores de la fruta dejaron de recibir en el primer semestre $16.416 millones. “La rentabilidad, el flujo de caja y la competitividad están notoriamente afectados por el bajo precio del dólar en el país”, dijo. Para paliar un poco la difícil situación, el gremio ha estado solicitando apoyo del Gobierno en reestructuración de créditos, creación de nuevas líneas de financiación a exportadores, y continuidad y mayores recursos en el programa de coberturas de Finagro.


En el caso de los floricultores resultan aterradoras las cifras que entrega Asocolflores, en el sentido de que la revaluación ha minado de tal forma sus ingresos, que desde 2008 debieron cerrarse una docena de empresas, con el consiguiente despido de 20.000 trabajadores, y la advertencia de que otros 200.000 empleos podrían perderse si la divisa estadounidense en lugar de estabilizarse se sigue debilitando.


No dejamos de reconocer que la doble decisión de la autoridad monetaria es una buena noticia, sobre todo para los exportadores, que pueden recuperar un poco el aliento y sentir que no están recibiendo palo por un lado y otro. Pero si bien la dirección del movimiento es la correcta, su dinámica resulta insuficiente para el logro del objetivo de torcerle el cuello a la revaluación. La Junta y el Gobierno tienen herramientas y margen de maniobra para conseguirlo. Solo hace falta voluntad política y mayor preocupación por lo social. Se nos ocurre que ahí puede estar la clave del sorpresivo reajuste de su equipo económico por parte del presidente Santos.