Columnistas

Buenos muchachos
Autor: Iv醤 Guzm醤 L髉ez
28 de Agosto de 2012


Santoyo era otro de lo buenos muchachos que hab韆 en el gobierno pasado.

Santoyo era otro de lo buenos muchachos que había en el gobierno pasado. Fue tratado, por ese gobernante pasado, como al hijo predilecto, con las mejores consideraciones, con ascensos permanentes, con múltiples condecoraciones que lo acercaban a la figura mítica del héroe. Formaba equipo con otros muchachos, tanto o más buenos que él, como Jorge Aurelio Noguera Cotes, un personaje casi macondiano, jefe de la campaña presidencial en el Magdalena del  gobernante pasado, en el 2002, su  primer director del DAS, y hoy condenado por La Corte Suprema de Justicia a 25 años de prisión y una  multa de 6.500 salarios mínimos (3.400 millones de pesos) por los delitos de concierto para delinquir, homicidio y falsedad por ocultamiento y revelación de secreto; Andrés Felipe Arias, ex ministro de Agricultura, acusado de los delitos de celebración indebida de contratos y peculado en favor de terceros; Luis Carlos Restrepo, fugitivo, quien ejerció como Comisionado de paz y se lo investiga por su presunta participación en la falsa desmovilización de guerrilleros de las Farc, en 2006; Bernardo Moreno, ex secretario general de la presidencia, acusado de ordenar chuzadas a opositores; María del Pilar Hurtado, fugitiva, ex jefa del ahora desaparecido DAS, sindicada de dirigir chuzadas a periodistas y políticos opositores; Sabas Pretelt, ex ministro, acusado de “comprar” votos para aprobar la reformita que permitió la reelección; Diego Palacio, ex ministro, acusado de hacer yunta con Sabas, para los oscuros fines reeleccionistas de 2006; a más de una larga lista de otros buenos muchachos que pisotearon la confianza ciega que con inusitada generosidad les otorgó el pasado gobernante.


De las múltiples pilatunas de todos esos buenos muchachos de entonces, tal vez el caso más doloroso es el del general (r) Mauricio Santoyo Velasco, quien, entre 2002 y 2005 se desempeñó como jefe de seguridad personal del anterior gobernante, y a quien, desde junio pasado, un fiscal de la Corte del Distrito Este de Virginia (EEUU), le acusó de haber conspirado para el tráfico de estupefacientes con la red de sicarios de la ‘Oficina’, creada en la década de los años 80 por el capo Pablo Escobar y con las AUC.
La investigación en contra de Santoyo empezó con las declaraciones de los jefes de las AUC extraditados a EEUU, Salvatore Mancuso, Juan Carlos “El Tuso” Sierra y Carlos Mario Jiménez “Macaco”, quienes lo vincularon con los hechos citados. Seguramente el acervo probatorio con el cual se encontró Santoyo resultó abrumador, pues de forma inmediata, ante el tribunal norteamericano, se declaró culpable de conspirar para proveer apoyo al grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia.


Aunque el gobernante anterior (seguramente asediado por la soledad,  la tristeza y la decepción por el oscuro accionar de sus buenos muchachos), consideró una “ofensa” a su Gobierno la confesión de su ex jefe de seguridad, nada lo excusa. Para nuestra desgracia, el daño a la Nación está hecho: ahora, la imagen del gobierno pasado, del Estado y del país en el exterior, no va más allá de una arcaica “republic banana”, donde se presume que el delito campeaba hasta en el más caro altar de la patria: el Palacio de Nariño.


Puntada final: el fiscal Montealegre y el procurador Ordóñez, hicieron coro acompasado la semana pasada para decir que pedirán a la justicia norteamericana las pruebas que acusan a Santoyo, para así abrirle investigación en Colombia. Como quien dice: sabe más el vecino que nosotros, y a él tenemos que pedirle información ¡y permiso! para juzgar a los nuestros. ¡Ahí está pintada la Justicia colombiana!