Columnistas

“Matar al mensajero”
Autor: Mario Arango Marín
25 de Agosto de 2012


Según Arnoldo Mora, la fementida libertad de expresión de las “democracias occidentales” termina allí donde comienzan sus intereses estratégicos.

Según Arnoldo Mora, la fementida libertad de expresión de las “democracias occidentales” termina allí donde comienzan sus intereses estratégicos. Ya no es el terrorismo de Bin Laden ni el del Talibán, no es la pesadilla de las Torres Gemelas, ni siquiera las armas nucleares reales de Corea del Norte, o las potenciales de Irán, lo que excita el insomnio y despierta las iras y amenazas de las grandes potencias de Occidente, sino WikiLeaks. La mayor amenaza para Estados Unidos es la divulgación de 250 mil informes enviados por sus embajadas dispersas por el mundo entero. De la defensa de esas ventajas geoestratégicas, surgen leyes contra la libertad de expresión en la red, como «Sopa» o «Pipa», que recogen precisamente la posibilidad de cerrar ciberespacios, como ya sucedió en el caso de «Megaupload». El calentamiento global antropogénico es otro gran ejemplo.


Con Assange se repite la historieta de Fontanarrosa. WikiLeaks simplemente reveló la perogrullada de que “el mundo es asimétrico”. Quitó la máscara de la “primavera árabe” y la connivencia estadounidense con los regímenes totalitarios del norte de África. Poco después del anuncio de la Cancillería ecuatoriana, el Departamento de Estado, contrario a lo sucedido con Posada Carriles, dijo que “no reconoce el concepto de asilo como parte de la ley internacional”, dado que no es signatario de la Convención sobre Asilo Diplomático de 1954. Un rasero selectivo también aplicó Gran Bretaña en los casos del magnate ruso Boris Berezovsky,  Pinochet y Assange. Margaret Thatcher se refirió al tirano chileno como “el único preso político existente en su país”. Tras 503 días de detención, las artimañas para conseguir la libertad del dictador dieron resultado en el mediano plazo.


Difícilmente Assange podrá eludir el cerco imperial. La Convención de Viena sobre inviolabilidad diplomática no será un estorbo legal. Como en la Antigüedad, “hay que matar al mensajero”, así literalmente, o por lo menos azotarlo como en la Edad Media. Su abogado Michael Ratner, presidente emérito del internacionalmente reconocido «Center for Constitutional Rights», y a propósito de  WikiLeaks, alude a la formación de un gran jurado en Alexandria, Virginia, para investigar violaciones al Acta de Espionaje. Por su parte, el FBI ha compilado una ficha con 42.135 páginas sobre Assange. De nuevo, “el mundo es asimétrico”: El gran error del australiano fue pedir asilo al Ecuador y no a la República China o a la Confederación Rusa.