Columnistas

Un sueño hecho realidad
Autor: Rafael Bravo
24 de Agosto de 2012


Los Dreamers comienzan a hacer realidad su sueño de salir de las sombras y ser parte activa de la sociedad que los ha visto crecer, ir a la escuela, capacitarse y por fin entrar a competir por un empleo digno.

Los Dreamers comienzan a hacer realidad su sueño de salir de las sombras y ser parte activa de la sociedad que los ha visto crecer, ir a la escuela, capacitarse y por fin entrar a competir por un empleo digno. La administración Obama a través de la denominada Acción Diferida suspende las deportaciones y permite que los jóvenes tramiten una autorización de trabajo. Se calcula que serán cerca de 1.7 millones de jóvenes los que se beneficiarán de esta medida a un costo de 465 dólares por solicitante, con un efecto neutro para el gobierno federal, es decir, no hay subsidio alguno para los solicitantes.


El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) establece que los cinco requisitos mínimos para calificar son los siguientes: Haber entrado a los Estados Unidos siendo menor de 16 años y a la fecha no mayor de 30, haber residido ininterrumpidamente en el país durante al menos cinco años antes del 15 de junio de 2012 y estar presente al momento de solicitar el permiso.


Asimismo, se califica si cursa estudios universitarios o se ha graduado de secundaria, tiene un certificado de desarrollo de educación general, o es un veterano que ha sido dado de alta con honores de los Guardacostas o las Fuerzas Armadas y no haber sido condenado por delitos mayores.


Desde ya la extrema derecha republicana ha salido a calificar este programa como el principio del fin de la Constitución llamándolo el “Día A”, en referencia a una Amnistía que según ellos, abrirá las puertas para la legalización de millones de indocumentados. La gobernadora de Arizona caracterizada, por sus posiciones abiertamente antiinmigrantes, ha anunciado que en su estado no se pondrá en marcha el programa de Acción Diferida en una abierto desafío al gobierno Obama. En plena campaña hay que seguir utilizando a la población indocumentada como mercancía de cambio.


Mientras tanto, el candidato presidencial Mitt Romney hace mutis por el foro, aunque en los debates previos a su nominación prometió que no apoyaría la denominada Ley de los Sueños o Dream Act y muchos se preguntan qué pasaría con la Acción Diferida en caso de ser elegido, pues la autorización para trabajar solo tiene una vigencia de 2 años. No se descarta que bajo una administración Romney y un congreso de mayoría republicana, los indocumentados enfrenten acciones más drásticas o que se inicie un plan migratorio que modifique el actual sistema.


Las diferentes organizaciones comunitarias de origen latino, la iglesia católica y muchos bufetes de abogados han salido masivamente a prestar asesoría para el lleno de los documentos, que para este caso no admite errores, al tiempo que se evitan los abusos y el fraude. Para ayudar a costear los trámites, los elegibles están buscando la ayuda de diversos grupos de empresarios y en Illinois ya un banco anunció que prestará el dinero.


La Acción Diferida no es la panacea para resolver el vetusto sistema migratorio. Más bien, es la cuota inicial de un proceso a todas luces necesario y conveniente para un país que invierte ingentes recursos en la educación de los niños y jóvenes. Es un derecho consagrado en la Magna Carta de los Estados Unidos. Nadie entiende cómo es posible “descartar”, vía la deportación, a un grupo que ha logrado educarse con recursos de sus ciudadanos, para que en sus países de origen se vean obligados a emprender un camino desconocido e innecesario.