Columnistas

Presidente Uribe, sea prudente
24 de Agosto de 2012


Siempre he sentido por Álvaro Uribe una profunda admiración. Apoyé decididamente su candidatura presidencial y su primera reelección.

Fernando Ochoa Antich


Siempre he sentido por Álvaro Uribe una profunda admiración. Apoyé  decididamente su candidatura presidencial y su primera reelección. Consideré, lo mantuve públicamente al acercarse el final de su segundo mandato, que su gestión presidencial había sido muy positiva para Colombia y también para Venezuela. Su acertada política de seguridad democrática había logrado disminuir de una manera muy importante la presencia de las Farc, el ELN, los paramilitares y el narcotráfico. En la práctica, los había derrotado militarmente. Su nombre, sin lugar a dudas, será recordado como uno de los grandes presidentes de Colombia. Dolorosamente, aspiró a una tercera reelección. A mi criterio fue un gravísimo error personal que lo condujo a una gran derrota política.


Declarar, como lo hizo el presidente Uribe, que tuvo la intención de  invadir a Venezuela es una  imprudencia inaceptable. Es verdad, que la actitud cómplice del gobierno de Hugo Chávez con relación a las guerrillas y al narcotráfico tiene que producir gran malestar en Colombia, pero por muy grave que sean estas provocaciones no se puede arriesgar la paz regional. Ese error ya lo cometió un presidente de Colombia: Virgilio Barco. Su equivocada decisión al ordenar el patrullaje en aguas territoriales venezolanas de la corbeta “Caldas” casi nos condujo a un conflicto militar. El ultimátum del presidente Lusinchi, la eficiente movilización de nuestras Fuerzas Armadas y la prudencia del liderazgo político de los dos países permitieron superar tan delicada crisis. Álvaro Uribe y la elite colombiana deben entender que un hecho similar al ocurrido en el Ecuador sería causa suficiente para que Venezuela declare la guerra.


La posición del presidente Uribe y la  denuncia de María Corina Machado sobre el “Plan Sucre” deberían obligar a los miembros de la Fuerza Armada Nacional a una profunda reflexión sobre el equivocado diseño y peor aplicación de la política militar durante el gobierno de Hugo Chávez. Ustedes muy bien saben que cualquier planificación militar exige, antes que nada, determinar con precisión y certeza la real amenaza existente contra la soberanía de un país. Equivocarse en dicha apreciación puede comprometer totalmente cualquier plan militar y conducir a una gran derrota. Sostener que “el objetivo estratégico es construir la nueva doctrina militar bolivariana para librar con éxito una Guerra Popular Prolongada (GPP) ante una hipótesis de guerra por parte del Imperio contra la República de Venezuela” es, por decir lo menos, una inmensa ridiculez.


La revolución chavista no representa una verdadera amenaza para  los Estados Unidos. El irrespeto permanente de los valores democráticos que realiza Hugo Chávez no es suficiente causa para imaginarse una acción militar norteamericana. Lo más que podría ocurrir ante, por ejemplo, un intento de fraude electoral sería alguna declaración un poco subida de tono por parte del Departamento de Estado o, quizás, una resolución en la OEA en contra del gobierno de Venezuela. De allí no va a pasar. Una real amenaza de invasión a Venezuela sólo ocurriría si el régimen chavista permitiera utilizar a nuestro país para ubicar algún armamento ofensivo de alcance medio que realmente comprometiese la seguridad de los Estados Unidos o se permitiera que algún grupo terrorista atentara desde Venezuela contra objetivos sensibles en su territorio.


En verdad, no creo que ninguna de estas hipótesis esté planteada. Además, la Guerra Popular Prolongada exige condiciones psicológicas muy particulares en el pueblo que la va a aplicar y unos antecedentes históricos determinados. Esas condiciones no existen en Venezuela. La tesis de la guerra asimétrica ha sido copiada de la visión estratégica cubana, surgida después de la invasión de Bahía Cochinos y la crisis de los cohetes rusos, sin considerar que la situación geográfica de una isla es distinta a la de un país continental. No es posible, en nuestro caso, que no se consideren como hipótesis de guerra los posibles enfrentamientos militares con cualquiera de nuestros vecinos. Las declaraciones del presidente Uribe me aclaran las razones por las cuales Venezuela ha continuado adquiriendo equipos militares para una guerra convencional.


Lo inexplicable es que el régimen chavista continúe manteniendo como doctrina militar de Venezuela una posible guerra asimétrica con los Estados Unidos. Ese absurdo debe tener alguna explicación. La respuesta es una sola: Hugo Chávez desconfía de nuestra Fuerza Armada profesional. Conoce muy bien que las declaraciones de algunos generales y almirantes no es suficiente garantía ante una crisis política producto de una derrota electoral. Esa es la razón de la creación de las Milicias Bolivarianas y de sus cuadros ideologizados. Es también el origen de la marcada tendencia a debilitar la autonomía de la distintas Fuerzas. Se ha avanzado mucho en ese plan, pero no se ha sido suficientemente eficiente. El millón de milicianos no existe. Para suerte de Venezuela, el proceso electoral será el 7 de octubre. Ese día la derrota de Hugo Chávez será garantizada por nuestra Fuerza Armada profesional que respetará y hará respetar la Constitución Nacional. No tengo la menor duda.


* Ex ministro de Defensa y ex canciller venezolano