Palabra y obra

Román Castañeda, physics and literature
Román Castañeda, física y literatura
18 de Agosto de 2012


Además de relatos y artículos de física, Román Castañeda ha participado en varias publicaciones con crónicas y perfiles de personalidades del mundo de la ciencia.

Foto: Cortesía 

Román Castañeda ha recibido algunas distinciones como profesor e investigador de la física, tales como la Mención de Honor en el Premio Nacional de Ciencias 2004 de la Fundación Alejandro Ángel Escobar, la Medalla al Mérito Universitario 2009, otorgada por la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín, el Premio a la Excelencia Académica 2010, máximo galardón de la Universidad Nacional de Colombia, y el Premio a la Obra Integral de un Científico 2011, otorgado por la Academia de Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de la que fue nombrado miembro correspondiente en 2012.

Óscar Jairo González


¿Cuál es la relación que se puede establecer entre ciencia y arte?, en principio, quizá, se podría pensar que muy poco. Que pintar o escribir no tiene nada que ver con las matemáticas o la física. Y, bueno, no es así.


Así lo piensa Román Castañeda, un antioqueño nacido en 1956, graduado como físico en la Universidad de Antioquia y en la la Technische Universität Berlin, y quien actualmente es profesor  titular de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, adscrito a la Escuela de Física. Él, además de su tarea como científico en el campo de la óptica, siente gusto por escribir ficción.


Román Castaña habla sobre esto.


- ¿En que momento se hizo consciente de su deseo de ser escritor?


“Solo soy un aficionado a la escritura de relatos, un vicio solitario que cogí muy joven, al lado del de la lectura. Mi afición no es exactamente una vocación o una misión. Por eso no creo que alcance para llamarme escritor.


Durante la última parte de los años 90, mi reducido público (el de mis amigos) me hizo notar un denominador común en la forma de mis escritos, que ellos llamaron estilo: narraciones cortas con una tendencia hacia situaciones en las que lo simbólico (si se me permite el término) y lo cotidiano se trenzan en bucles, que intentan romper las barreras que los mantienen separados.


Hacia el 2002 me convencí de que valía la pena poner una colección de esos relatos cortos en manos de un público amplio y anónimo. Fue así como mi libro ‘Hojas de arce’ fue concebido y gestado. Nació en junio de 2003, en la serie Antorcha y Daga, de la Universidad Eafit.


He tenido mayor acogida con mis textos científicos, que he publicado en revistas especializadas, además de un capítulo de libro in extenso sobre los aportes de las investigaciones de mi grupo a la óptica, ciencia a la que me dedico, y que fue publicado en una serie de la célebre editorial europea Academic Press – Elsevier, y unas nueve crónicas sobre personalidades científicas, publicadas en diferentes medios universitarios”.


- ¿Cree usted que la física aporta a su trabajo como escritor y que su trabajo como escritor le aporta a su labor como físico? 


“Sin duda. De variadas formas. Por ejemplo, la física me ha aportado argumentos para relatos, no al estilo de la literatura de ficción, sino en la línea que mencioné antes.
Estoy puliendo un relato sobre lo que lo ocurre a alguien que, de alguna forma, se hace consciente de los átomos que lo conforman y, ya a ese nivel, se pregunta sobre la muerte.


Morir parece ser un fenómeno del nivel celular hacia arriba, pero si se baja al nivel atómico, ¿cuál es su sentido si los átomos no mueren? Podría argumentarse que tampoco hay consciencia a ese nivel, pero es discutible, porque al parecer, la inteligencia irrumpe en el nivel molecular.


También mi afición a la escritura me ha aportado mucho a mi trabajo como físico. Parece haber consenso en que leer y escribir bien llevan a pensar bien. Es casi seguro que el ejercicio literario se deja ver en mi modo de exponer ideas en física, incluso aunque lo primero lo haga en español y lo segundo casi siempre en inglés.


A menudo se piensa que las ideas en física son ecuaciones matemáticas, que no se requiere un dominio particular del lenguaje para pensar bien en física, que el texto es una ayuda interpretativa de las ecuaciones. Tengo la impresión de que esos argumentos llevan a equivocaciones garrafales a la hora de acercarnos a las ciencias básicas, ya sea para enseñarlas, para aprenderlas o para investigarlas.


La historia muestra que su evolución ha ocurrido al contrario: la formalización matemática es posterior a una reflexión verbal madura. Desarrollar destrezas en lecto-escritura es tan importante (a veces incluso más) como desarrollarlas en matemáticas. Ambas cosas parecen confluir en el razonamiento lógico.


Escribiendo una crónica sobre Francesco María Grimaldi, un jesuita boloñés que descubrió el fenómeno de difracción de la luz en el siglo XVII, me familiaricé lo suficiente con el modo en que debió pensar la física, como para concluir que una de sus citas latinas en una referencia que consulté debía estar incompleta, y su traducción no debía ser acertada.


Le escribí a un profesor amigo de la Universidad de Bologna, quien revisó la frase en la obra original de Grimaldi y muy contento me respondió que efectivamente estaba mal escrita en mi referencia, más aún, que la manera como estaba escrita era la que me había imaginado. Quedé sorprendido.


El capítulo de libro al que me referí antes trata de una teoría de la luz en la que una parte de ella no se puede detectar directamente, sino que se manifiesta en el comportamiento de la parte que se detecta, ya sea con los ojos o con una cámara. Esa estructura del fenómeno luminoso tiene similitudes con los relatos simbólicos ya he mencionado”.


- ¿Tiene usted mayor predilección por alguno de los dos campos: física o literatura?


“No tengo predilección del uno sobre el otro.
Ambos campos me despiertan amor y respeto, porque he visto su belleza y he sufrido sus dificultades.
También obsesiones parecidas, cuando tengo entre manos la escritura de un artículo científico o de un relato literario.


Y los obstáculos que enfrento en cada caso, si bien difieren en la forma son similares en la intensidad. Ni qué decir de la similitud de los placeres que me producen, y de los momentos en que me asaltan. Suelo escribir más relatos en las épocas en las que tengo compromisos perentorios de textos científicos porque, por un lado, equilibran esas presiones, y por otro, estimulan mi imaginación tanto científica como literaria”.


- ¿Cuáles son los temas sobre los que prefiere escribir?


“A parte de los que ya mencioné, también me gustan los temas de la literatura maravillosa. Por ejemplo, escribí una historia de piratas incluida en ‘Hojas de arce’ y un cuento sobre seres fantásticos llamados gullits que deben enfrentar una guerra entre dioses y demonios”.


- ¿Para qué le sirve a usted escribir: exorcismo, liberación, expiación...?


“Equilibrio. No sufro de tormentos ni de arrebatos contemplativos. Tampoco me desborda la erudición ni la tarea de dejar legados. Soy realmente alguien corriente. Pero mi actividad como físico, y en particular como óptico, que no solo es de la que vivo sino también desde donde miro el mundo, necesita un contrapeso para mantener mi perfil corriente y tranquilo.


No soy innovador en eso: muchos físicos han sido músicos o pintores. También escritores, como por ejemplo el joven autor de ‘La soledad de los números primos’, o el francés que escribió ‘El incendio de Alejandría’ (desafortunado título que reemplazó al original, ‘El bastón de Euclides’), y otras novelas sobre sabios del siglo XVII. He optado por la literatura, tanto su lectura como su escritura porque esa obsesión equilibra mi otra obsesión”.


- ¿Cree usted que el escritor tiene una misión moral?


“Sería bueno comenzar preguntándose si el escritor tiene alguna misión. Quizá la actitud misional más que un deber es una opción. Habrá quienes adopten el compromiso de realizar reflexiones históricas o filosóficas a través de la literatura que escriben; habrá quienes intenten proselitismo político o ideológico; habrá quienes se ocupen de desnudar los pecados del mundo y de recetar remedios y penitencias para curarlos o expiarlos.


También los hay que se dedican a cantarle al asombro de darse cuenta de estar vivo, con todo lo complejo, ambivalente e incierto que tiene la vida, que se manifiesta en el interior y el exterior de los seres que la definen.


De todos ellos hay quienes me resultan atractivos y quienes no. Al igual que cualquier lector, escojo de quien aprender y con quien divertirme. No me es claro que esa elección esté mediada por alguna misión del escritor”.


- ¿En que momento determina que su relato está terminado?


“Es una intuición. No tengo un método que me señale el ‘hasta aquí’ de un relato. Se me acaban las palabras, por decirlo de alguna forma. Como en este momento”.



Referentes literarios


"Soy un lector desordenado, aunque no leo de todo. Porque mi lectura es lenta y me gusta deleitarme con la forma y más aún cuando tiene fondo.


Me gusta el estilo cuidado de William Ospina, y los temas en los que se enfrasca en sus ensayos y en sus novelas históricas sobre la conquista de América. No lo he leído como poeta. A quien he disfrutado en ese género es a León de Greiff, por su falta de miedo con la forma que no dudó en inventar, persiguiendo una música.


Me conmovió el profundo sentido de la vida en la carta que, a través de Marguerite Yourcenar, le lega el emperador Adriano a Marco Aurelio. O el desencanto que desentraña Antonio Gala en el corazón de Boabdil, porque el haber sido un príncipe proclive más al arte y a la ciencia que al gobierno lo llevaron a perder Granada. Me agrada la agudeza de Sándor Márai, pero no me ha cautivado la de Saramago; y me he diviertido leyendo a Alessandro Baricco y a Amelié Nothomb, su lenguaje bello y fluido me ha resultado refrescante.


La sutiliza de Günter Grass, de Peter Handke o de Heinrich Böll para tratar los desaciertos de su país en los conflictos mundiales, en las novelas que de ellos leí hace ya bastante, me pareció admirable.


En cambio, he encontrado triste el estilo y las historias de Irene Nemirovsky, probablemente porque no hay nada de feliz en vivir en declive hacia un campo de concentración.


En fin, he leído de aquí y de allá, sin orden ni sistema, solo por placer, y no soy capaz de emular a ninguno de quienes he leído, aunque seguramente habrá trazos en mis relatos que le evoquen a un lector pálidos recuerdos de alguno de estos autores o de otros, incluso que yo no haya leído".