Columnistas

Los Olímpicos y el ocaso de las bibliotecas
Autor: José Alvear Sanin
15 de Agosto de 2012


Los intonsos juegos olímpicos de Londres, negación del ideal de Coubertin, apoteosis de lo efímero, rutinario, banal e insignificante, han costado casi el doble de lo presupuestado.

Los intonsos juegos olímpicos de Londres, negación del ideal de Coubertin, apoteosis de lo efímero, rutinario, banal e insignificante, han costado casi el doble de lo presupuestado. Unas £ 12.000 millones, astronómica cifra difícil de justificar aun como megaproyecto de relaciones públicas en un país envejecido, desindustrializado, endeudado, rezagado en infraestructura y con un gobierno empeñado en demoler lo poco que queda del welfare state, con la privatización por la puerta trasera del cada día más mediocre National Health Service.


A los cortes salvajes en educación, salud y bienestar social se suma la eliminación gradual pero acelerada de cerca de 250.000 empleos públicos, cuyos titulares pasarán a engrosar las filas del paro permanente. Como siempre ocurre después de los Juegos, los nuevos e inmensos escenarios quedarán desiertos. La cuenta que dejan esos 19 días fastuosos e inútiles se pagarán con mayores sacrificios de la población, porque las ganancias de los Olímpicos se quedan en el sector privado: las utilidades para los constructores y los patrocinadores, y las deudas para la ciudadanía.


En Gran Bretaña, como en todas partes, florece la industria del deporte consumista, espectacular y dopado: la pobre Grecia; Pekín, sin agua potable; Sudáfrica; Brasil, no escarmientan del fracaso social y económico asociado a esas justas.


Eterna historia. El pan y circo de los romanos ha dado lugar ahora a circo y tv, moderno opio de los pueblos.


La crisis bibliotecaria que vamos a comentar es muy parecida a la de los museos en ese país. Los escasos presupuestos de la cultura, en todas partes, son las primeras víctimas de los recortes presupuestales. Así como es de difícil reducir inmensos gastos militares, es de fácil cerrar bibliotecas o quitarles a los ancianos los subsidios para la calefacción en el invierno. ¡Pero como así es la lógica neoliberal, qué le vamos a hacer!


En los últimos meses cerraron en Gran Bretaña 150 bibliotecas y ahora están al borde de la clausura otras 225, porque el magro presupuesto para ellas se rebaja nuevamente 7.5% en el próximo año fiscal. Cerca de 2100 empleados perderán sus puestos. Los locales han tenido que eliminar la atención nocturna, y al reducir la iluminación y la calefacción, hay menos salas disponibles para los lectores. Tres mil horas para el público han sido ya canceladas.


Sin embargo, en Birmingham avanza la construcción de la que será la “mayor biblioteca pública de Europa”, porque en el Reino Unido también hay políticos que creen que la crisis de la lectura se combate con enormes edificios. El problema no es de locales sino de lectores.


La práctica desaparición de la lectura en las nuevas generaciones es un problema global al que poca atención se presta en estos días de fascinación tecnológica. Esa apatía por la lectura puede explicar la crisis de las bibliotecas públicas, cuyos únicos dolientes son los cuchos. En cambio, detrás de los nuevos edificios que llaman bibliotecas, se mueven jugosos negocios de construcción, dotación de computadores y la compra de algunos millares de libros nuevos, que reposarán tranquilos en los anaqueles.


Sobre las bibliotecas públicas en ese país, recomiendo el artículo de Nigel Morris en The Independent, julio 31 /2012.
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Hace bien la SAI otorgando su máxima condecoración a Darío Valencia Restrepo, quien el jueves recibirá la distinción como Gran Maestro de la Ingeniería. Para ese galardón tiene sobrados méritos quien también es gran maestro en literatura, música y en el deporte, bien entendido como ejercicio, diversión y esparcimiento. Congratulaciones.