Editorial

Cerrar filas contra la revaluaci髇
14 de Agosto de 2012


Ante ese oscuro panorama, hizo bien la Andi en invitar a su asamblea al ministro de Hacienda y al gerente del emisor, para que expusieran con toda claridad sus diferencias en el seno de la poderosa Junta Monetaria.

Desde sus orígenes, hace 68 años, la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, Andi, se ha mantenido fiel a la filosofía de sus fundadores de fungir no solo como portavoz de los intereses de sus afiliados sino como un interlocutor calificado del Gobierno Nacional y las demás instituciones del Estado en el debate acerca de los grandes problemas nacionales y sus posibles soluciones. Sus asambleas anuales siempre fueron respetables foros de análisis y discusión y la que se celebró el pasado fin de semana en Cartagena no fue la excepción.


Para quienes hemos clamado en el desierto contra la errática política del Banco de la República en materia cambiaria, resulta alentador que uno de los motivos de mayor preocupación allí expuestos por los directivos y afiliados a la Andi, haya sido el de la incontenible apreciación del peso y sus graves efectos sobre la rentabilidad y competitividad de las empresas y sobre la generación de empleo de calidad.


La más reciente Encuesta de Opinión Industrial Conjunta revela que entre enero y junio la producción del sector manufacturero creció apenas un 1,3%, frente a un 6,4% en igual período del 2011; y en cuanto a las ventas totales, el incremento fue del 3,2%, frente al 6,4% del primer semestre del año pasado. Para el presidente del gremio, Luis Carlos Villegas, no hay duda de que, “a los niveles de hoy, la tasa de cambio ha minado las posibilidades de crecer del sector productivo o por lo menos de enfrentar la desaceleración”. En la citada encuesta se dice que entre las mayores amenazas que ven los industriales para el desarrollo normal de sus negocios se destaca la caída de la divisa, por encima de otros factores adversos, como el costo y suministro de materias primas, la baja demanda, la competencia en el mercado, el contrabando, los bajos márgenes de rentabilidad y los costos de transporte terrestre, entre otros.


Ante ese oscuro panorama, hizo bien la Andi en invitar a su asamblea al ministro de Hacienda y al gerente del emisor, para que expusieran con toda claridad sus diferencias en el seno de la poderosa Junta Monetaria, las cuales han trascendido a la opinión pública, pese al secretismo que rodea las reuniones de ese organismo. Con un toque de humor, el ministro Juan Carlos Echeverry pidió a los industriales “rezar” para que el Banco apruebe intervenir más agresivamente en el mercado de divisas, duplicando sus compras actuales, propuesta que acogen con entusiasmo los empresarios y que nos parece completamente razonable. El problema es que el Gobierno no ha podido convencer de su conveniencia a la mayoría de los codirectores, defensores a ultranza de la tesis de que ello podría disparar la inflación.  


Ese supuesto riesgo es hoy casi inexistente. En su intervención, el gerente del Banco, José Darío Uribe, reconoce que la inflación está a la baja, pues terminó diciembre de 2011 en 3,7% y todo indica que se cumplirá la meta de finalizar el año en el 3%. Aquí hemos dicho y lo repetimos ahora, en apoyo de la tesis del Gobierno, que comprar dólares baratos y redimir deuda externa tiene un doble beneficio para la economía: reduce el costo de la deuda y detiene el proceso de revaluación. Y no es cierto que con ello se estimula la inflación, pues se trata de un proceso inducido -como de hecho se viene haciendo con la compra de los US$20 millones diarios- y controlable. De modo que cuando sus instrumentos de medida le indiquen que la dinámica inflacionaria está tomando fuerza, nadie le impide a la Junta que disminuya la intensidad de su intervención.


Como dice el ministro Echeverry, eso están haciendo en todos los países y lo exótico es que no lo hagamos nosotros. “Estados Unidos, Europa, Brasil, están emitiendo de su moneda para mantenerla un poco más depreciada y nosotros estamos en esa guerra pero con una munición más tímida. Lo que estamos pidiendo es que peleemos esa guerra con una mayor munición o si no la vamos a perder”. ¿Será que le hacen caso, ahora que la Andi, con su gran autoridad, se ha sumado al clamor de los exportadores del agro?