Columnistas

¿Cuáles huevitos?
Autor: Mario Arango Marín
11 de Agosto de 2012


En los ya frecuentes ataques a la gestión de su heredero Juan Manuel Santos, el expresidente Álvaro Uribe, de nuevo en campaña electoral

En los ya frecuentes ataques a la gestión de su heredero Juan Manuel Santos, el expresidente Álvaro Uribe, de nuevo en campaña electoral, viene insistiendo, desde las postrimerías de sus dos cuatrienios, en la cándida metáfora de “los tres huevitos de la prosperidad: seguridad democrática, promoción de la inversión y política social”. Es conveniente, por tanto, escudriñar qué se esconde detrás de esa nidada y cuál es el tipo de ave que se empolla. La “seguridad democrática”, más que realidad tangible, fue una percepción lograda mediáticamente. Los promocionados golpes de la «Operación Fénix» para abatir a alias Raúl Reyes (1-III-2008), el rescate de secuestrados mediante la «Operación Jaque» (1-VII-2008), el efecto de los numerosos y mal llamados “falsos positivos” y la visibilidad de la fuerza pública en las vecindades de las grandes ciudades  crearon la sensación creciente de que las Farc estaban virtualmente derrotadas.


A hoy, no obstante los éxitos militares para dar de baja a “Jojoy” (23-IX-2010) y a “Cano” (4-XI-2011); su reducción en más del 50%, el aislamiento y la incapacidad para realizar grandes operaciones, las Farc continúan defendiendo sus corredores estratégicos del narcotráfico al mando remoto de «Timochenko», «Iván Márquez» y «Joaquín Gómez». Lo que sí ha seguido creciendo vertiginosamente, a la par que sus fechorías, es la asimilación y convalidación legal del narco-paramilitarismo y su inserción en el marco político-constitucional. Aunque no lo dicen abiertamente, muchos uribistas a ultranza creen que estas bandas (Rastrojos, Urabeños, Paisas) son “contención a la insurgencia” y no representan mayor riesgo a la noción cabal de seguridad. Según esa visión, las mal llamadas ahora “Bacrim” no fueron responsables del desplazamiento forzado; ni del despojo de tierras fértiles en toda la geografía nacional; ni de masacres como las del Aro, Segovia, Rochela, Mapiripán, Apartadó.


Los otros dos huevitos no son propiamente de aves canoras, sino de rapiña y carroñeras. Los incentivos tributarios en la promoción de la inversión siguen teniendo un alto costo fiscal, sin compensación importante y verificable en el empleo y en el impulso del mercado interno.  Ni qué decir tiene el “huevito de la política social”, cuyo ejemplo más conspicuo es el colapso del sistema de salud debido a la Ley 100. Una ley uribista de mercado, basada en que el sector financiero es el intermediario. Las EPS se quedan con el 33% de los recursos globales, los hospitales se quiebran, los médicos son ultrajados y los pacientes muy mal atendidos. Por ese huevito, Colombia es el país más desigual de América Latina y el cuarto en el mundo.