Columnistas

La inusitada Turangalila
Autor: Olga Elena Mattei
10 de Agosto de 2012


El sábado 28 de Julio en el Metropolitano, nuestra Filarmónica se dio el increíble lujo musical de presentar la complicada obra de O. Messiaen “Turangalila”. Una apoteosis orquestal poca veces disfrutada.

El sábado 28 de Julio en el Metropolitano, nuestra Filarmónica se dio el increíble lujo musical de presentar la complicada obra  de O. Messiaen “Turangalila”. Una apoteosis orquestal poca veces disfrutada.


Los más bajos tonos, los más roncos bramidos, “fortíssimos terroríficos, maléficos” pasajes,  los más estridentes alaridos… pero todos juntos, forman una fuerza uteral, un alumbramiento explosivo, una creación trascendental en el mundo del sonido, para representar  el del cosmos, (Lila) y así mismo, el del espíritu, el amor,  la vida, y la muerte…Para desplegar después, una y otra vez, intersecciones sonoras de índole contraria, delicadas, dactilares, prístinas. Algunos episodios pasan de la expresión cataclísmica a la bucólica, romántica, con tuttis cantábiles amplios, extensos e intensos, pero más melódicos.  Y luego, los hermosísimos cánticos de las Ondas Martenot, llenos del dolor del amor, de tristeza y de dulzura entremezclados.  Y son precisamente dichos temas, hilvanados por los misterios del tiempo, el movimiento y el ritmo, (Turanga, del Sánscrito) los que el compositor, nadie menos que el originalísimo y revolucionario Oliver Messiaen, quiso exponer, a través de los 10 segmentos, (a modo de movimientos) que componen su  obra, la Sinfonía  Turangalila (1946-48), para Piano solo, Ondas Martenot, y Orquesta. Tanto el piano (Juan David Mora), como las ondas Martenot  (Pura Penichet-Jamet), ofrecen pasajes prodigiosos y de gran sonoridad. Mas me atrevo a decir, que a pesar de los extremos en sonidos exóticos, novísimos, vibrantes, que saturan esta partitura, en la utilización y aprovechamiento de la notoria voz de las ondas Martenot, la obra es ¡paradójicamente tímida!, ya que omite de plano lucir la más característica e insólita  de sus resonancias, el sonoro glissando que resulta en un agudo grito extrañamente hermoso.  El piano tiene el papel protagónico en toda la obra, y Mora exhibió un desempeño sin igual. En su espectacularmente difícil partitura, el pedal y el uso de clusters (racimos de dedos o manotadas), de acordes violentos y de ráfagas de fusas en extensas escalas, son de suma importancia.


La orquesta está muy ampliada, pues además de los instrumentos regulares,  con las 5 clases de cuerdas, y  con todos  los metales y las maderas, y con una numerosísima y peculiar sección de percusión, que incluye  los timbales, el gong, el carrillón y demás artefactos acostumbrados, se añaden bombo, tamtam, castañetas, panderetas, maracas, caja china, woodbloks, templebloks, palitos, platillos, triángulo, timbres, címbalos, (con la destacada actuación de Andrés Zoo) y los más importantes protagonistas junto al piano, las ondas Martenot, y el vibráfono; además celesta.  La aglomeración de sonidos, timbres y ritmos, conjuntos, frases, capa sobre capa, en simultáneo, podría resultar estridente en su conjunto, pero la obra está tan genialmente escrita y tan hábilmente montada, con tal excelencia de ejecución y tan magnífico sentido de interpretación, que el efecto logrado es asombrosamente perfecto. La exactitud del ensamblaje y acoplamiento de la multitud de instrumentos de altísimo volumen y preponderancia, produce un conjunto glorioso de ritmos contundentes y exactos. Y es en todo sentido un excepcional prodigio. Es una de las obras de la música culta moderna para orquesta ampliada más difícil de preparar.  Quiero destacar con entusiasmo la extraordinaria labor del más alto profesionalismo del Maestro Francisco Rettig. A pesar del registro modernista impactante de esta sinfonía, un examen más analítico hace notar que en realidad la composición es, en su forma y estructura, bastante clásica, con los elementos melódicos y armónicos, y con todas las figuras utilizadas, como,  movimientos, temas, cantábiles, etc.  En otros aspectos, es romántica. Pero desde el punto de vista del lenguaje, atrevido y revolucionario, es de avanzada. La orquestación es tempranamente moderna, con una novedosa  y expresiva espectacularidad. Las obras de Mesiaen presentan, en ocasiones, música atonal, como en muchos pasajes de esta obra.