Palabra y obra

La resurrección de Andrés Orozco Estrada
Autor: Jonathan Montoya García
4 de Agosto de 2012


Después de dirigir la “Novena Sinfonía” de Beethoven en el aniversario número 24 del Teatro Metropolitano, Andrés Orozco Estrada regresó el pasado jueves para celebrar las bodas de plata del Teatro con la “Segunda sinfonía” de Gustav Mahler.

Foto: Pablo Andrés Pasos 

El maestro Orozco fue nombrado director titular de la Grobes Orchester por el período 2006-2009.

El maestro Andrés Orozco Estrada estuvo en Medellín dirigiendo la “Segunda sinfonía” de Gustav Mahler conocida como “Resurrección”. Nunca había sonado en la ciudad, pero él logró que pasara. Durante el concierto, vestido de negro, Orozco se inclinó, se irguió, se puso en puntas, sacudió el pelo, se puso las manos sobre la cara, ondeaba la batuta con sus manos, y la mirada... La mirada ensimismada, atónita, ojos brillantes, tantas expresiones en su rostro. Durante los ensayos, el maestro Orozco le hablaba a los coros y a la orquesta con su mezcla de tantos acentos y les decía: “haz cada nota como pum, pum, pum”, “¡la primera corchea no la escucho!”, el director hacía los sonidos de los instrumentos, él sugería cómo debían sonar y afirmaba cuando tocaban el arpa “eso, eso, hay que sentir las cuerdas”. Ese es Andrés Orozco Estrada, la jovialidad de un virtuoso de la música, no en vano llamado “el milagro de Viena”.


- ¿Le alegra volver a Medellín?


“Es una alegría, un placer, Además que aprovecho para visitar a mi familia, ¡No!, a visitar no, a que me vieran en el concierto porque no tengo tiempo de visitarlos, pero por lo menos estoy aquí y podemos hablar por teléfono desde la misma ciudad, compartir con la música y hacer proyectos tan importantes como el que pasó, porque no fue un concierto normal, como cualquier otro, fue quizá el concierto más importante que ha tenido la ciudad desde el punto de vista sinfónico, y tener el placer, el gusto y el honor de dirigirlo me da una alegría enorme, muy profunda...”.


- ¿Cómo surgió la propuesta de dirigir el concierto de aniversario de nuevo?


“Yo dirigí el concierto de aniversario del año pasado, la "Novena" de Beethoven. Inmediatamente después me invitaron a proponer algo para este año, y francamente lo primero que se me ocurrió, sin pensarlo, así espontáneamente, fue la "Segunda Sinfonía de Mahler", que no se había tocado nunca en Medellín, entonces eso le dio un valor más a este concierto y a mí también”.


- ¿Y usted la había dirigido antes?


“Cuando yo llegué a Viena en 1997, donde hay grandes coros, entre ellos el coro Singverein, que es como una asociación de cantantes de Viena, una  institución que cantó con Brahms, con Mahler, tuve la suerte de hacer una audición y entrar a cantar en el coro. Y como los tenores se necesitan en todo el mundo me aceptaron y empecé a cantar. Uno de los primeros proyectos que hice fue la "Segunda Sinfonía de Mahler", inclusive estuvimos de gira en países como Alemania, Austria, Grecia con la Filarmónica de Oslo y el director Mariss Jansons, que es quizá el más importante hoy en día. Fue una experiencia inolvidable, entonces viví la Sinfonía desde atrás, viendo la orquesta, el coro, el maestro, y ahora tuve el honor de hacerlo yo mismo, tenerla en las manos”.


- ¿Qué resucitó en usted el jueves con el concierto de aniversario?


“Muchas cosas. Siempre en estas obras que tienen ese lenguaje un poco mezclado con la parte teológica, yo las entiendo como una alabanza a la vida, a la naturaleza, entonces más que resucitar en el sentido de que algo se muere y tiene que volver a nacer, es simplemente hacer un repaso de lo que hemos hecho hasta hoy, cómo lo hemos hecho y aprovechar, revisar y mejorarlo. Yo lo veo así, para mí más que resucitar es encontrar una nueva motivación para hacer las cosas mejor, inclusive yo lo decía en la celebración del Teatro, no estamos haciendo un réquiem, celebrando  una muerte, en este caso estaba una cosa específica que era el reconocimiento a Rafael Vega Bustamante pero eso es una cosa circunstancial que coincidió. Entonces en la celebración de los 25 años no es que algo se hubiera acabado, sino que hemos vivido ya un tiempo y lo que queremos es un impulso para muchos años más”.


- ¿Cómo llegó usted a la dirección?


“Desde muy pequeño tuve contacto con la música en el Instituto Musical  Diego Echavarría, ese primer encuentro fue ahí, empecé a tocar violín y en mi casa me ponía a jugar a ser director, hasta que años más tarde, jugando, haciendo mis monerías, mis payasadas, siempre estaba muy atento, entonces en la orquesta del colegio, la maestra Cecilia Espinosa, que era la que dirigía, me dio un gran impulso y la oportunidad de dirigir, ella veía esas ganas, y por decirlo de alguna forma, olía ese talento y me dijo que si quería dirigir. Entonces empecé con la orquesta de niños, con ensambles más pequeños. Era muy bonito porque yo tocaba en la orquesta, pero si ella se tenía que ir yo seguía. Cuando yo tenía 16 años, en el último año de bachillerato, me quedé encargado de la orquesta porque la maestra se tuvo que ir y yo tenía la responsabilidad de hacer los ensayos y montajes”.


¿Qué tocaban en esa época?


-“Muchas cosas, repertorio clásico, Mozart y estas cosas, obras para piano, inclusive hicimos unas obritas contemporáneas y una obra mía en aquel entonces. Eran repertorios muy completos, algo del Barroco, de Vilvaldi, que es lo que uno tiene que empezar a hacer cuando comienza con la música sinfónica y esos fueron los inicios.


Después conocí al maestro Alejandro Posada y con él empecé a tener contacto más profundo del repertorio y la técnica. Me fui para Bogotá estuve unos años allá estudiando más violín que dirección, y ya después de dos años decidí que me tenía que ir porque quería algo de otro nivel y buscar un sueño más grande y me fui para Viena, hice mis estudios en la Universidad y después de eso se fueron dando otras oportunidades más profesionales hasta el día de hoy”.


- ¿Quiénes han sido sus referentes desde eso?


“Al comienzo, la maestra Cecilia Espinosa y el maestro Alejandro Posada fueron personas muy cercanas. Cecilia fue la primera figura de director que yo tuve, en esa época tocábamos en Batuta Antioquia, nos juntábamos, fuimos a Bogotá, y era ella quien dirigía los ensayos, la que montaba las obras, era mi referente en ese momento. Luego el maestro Posada, que lo conocí en ese año en que me quedé encargado de la orquesta, él hizo el concierto al final del curso, fue otro gran referente.  Y cuando me fui para Viena, tuve mi gran maestro que se llama Uros Lajovic, pero también fue muy significativo ver a los grandes maestros, no solo en videos, por supuesto Karajan, Leonard Bernstein, Erich Kleiber, no los alcancé a vivir pero sí a muchos de los maestros de hoy en día, por ejemplo Mariss Jansons, Simon Rattle, Claudio Abbado, Riccardo Muti; a todos esos maestros los he visto, no solo en los conciertos, sino que me metía a verlos ensayar, aprendes muchas cosas. Hoy en día, como todos sabemos, hay muchos maestros jóvenes que han tenido un camino y una gran suerte de tener mentores, el maestro Dudamel fue impulsado por el maestro Claudio Abbado, inclusive Simon Rattle, hay uno que se llama Andris Nelsons que es como un protegido de Mariss Jansons. Y yo no tuve esa oportunidad, ese camino, pero a cambio de eso pude llenarme de la información de todos, no tenía que irme solo con una escuela y las enseñanzas de un gran maestro, entonces yo aprovecho y saco de todo, por ejemplo de Valery Gergiev, un maestro ruso, entonces es estar ahí, mirar, y todas esas personas te dan mucha luz, mucha motivación e impulsos”.


- ¿Qué le transmite la música?


“Me transmite lo que la partitura quiere transmitir. Por ejemplo, si estás haciendo "la Segunda Sinfonía de Mahler" hay movimientos, como el cuarto, que es lo que llamamos como "la primera luz", es una mezcla de una tristeza profunda, al mismo tiempo de una esperanza de ver la luz más allá, ya pensando en la resurrección. El tercer movimiento es más loco. A mí la música me transmite eso, la partitura, lo que está buscando y personalmente, además de todo, me da mucha fuerza, lo que me da las ganas de vivir, de ser feliz, y de seguir trabajando porque es un trabajo muy arduo, muy intenso”.


- ¿Y cómo entender eso que el compositor quiso decir?


“Esa es la pregunta más importante y compleja, porque tú tienes una partitura y un montón de... Llamémoslo jeroglíficos... Las notas las entiendes, sabes cómo suenan, tienes indicaciones de forte, piano y esas cosas, pero eso solo es una parte, y luego hay que entender por qué el compositor decidió poner esa nota y no otra, por qué en esa dinámica, por qué forte y no piano. Entonces ahí hay que entrar a buscar la historia de la obra, del compositor, qué estaba viviendo, qué estaba pensando. El mismo Mahler dejó mucha información cuando él la estaba componiendo, escribió cartas... Y eso le permite a uno ubicarse en el contexto, de por qué escribió la obra; en otras obras no es así, pero siempre se debe tratar de buscar los contextos y al final con esa información hacerse una imagen, una versión auténtica. Eso es lo más importante, que cuando ya la transmitas al público no te copies sino que intentes poner todo eso en tu mente y sacar una versión muy propia”.


- ¿Qué orquesta quiere dirigir?


“¡Muchas! Afortunadamente en el mundo de la música sinfónica, para mí, hay muchas orquestas por descubrir y por tener, ojalá,  la oportunidad y el gusto de compartir con ellos. Apenas voy a empezar mis primeras cosas con algunas en Estados Unidos, iré a Houston, y la otra temporada a otros lugares. Pero allá hay grandes orquestas que me sueño dirigiendo; la Filarmónica de Nueva York, Cleveland, Boston, Chicago, que son orquestas históricas.


En Europa hay muchas, la Concertgebouw en Ámsterdam,  ojalá algún día pueda hacer una ópera en La Scala de Milán, dirigir la Filarmónica de Berlín... Pero al mismo tiempo he podido compartir con muchas orquestas muy importantes, por ejemplo la Filarmónica de Munich, con la que he estado tres veces; la orquesta de Roma de Santa Cecilia que es maravillosa, allá estuve este año y vuelvo en septiembre de nuevo; la Filarmónica de Viena, con quien estamos pendientes de otra invitación. Es una combinación de ir creando una cierta relación que dure muchos años y trabajar con orquestas grandes e ir descubriendo nuevas”.


- ¿Y qué sinfonía?


“¡Ay!, hay tanto repertorio...Y ahí tiene que ver mucho lo de los contextos que hablamos ahora. Cuando yo dirigí la Filarmónica de Viena lo que me encargaron era una sinfonía de Anton Bruckner, y yo les dije: "les agradezco pero yo una sinfonía de Bruckner no la voy a hacer en este momento porque no es el adecuado". Bruckner con la Filarmónica de Viena... Es mejor decir, no se puede, por lo menos históricamente. Entonces uno tiene mucho respeto con eso, uno tiene que saber en que momento es cada cosa, les dije que yo encantado si podíamos hacer una modificación del repertorio, y lo hicimos. Hay orquestas que ofrecen ciertos repertorios que seguramente les quedan mejor que otros, por su idioma, por su proveniencia, en fin, uno hay veces tiene la posibilidad de escoger y otras no, es mirar... El repertorio es tan grande que hay muchas posibilidades”.  


- Usted ya tiene un gran nombre en Colombia e internacionalmente, ¿Qué le dice o recomienda a quienes se están formando ahora?


“Para todos hay motivaciones. He tenido un trabajo, unas oportunidades, esfuerzos y logros, que si se traducen en que me vean como un referente me hace muy feliz, porque cuando uno está por fuera se acuerda de lo que hay aquí, de lo que falta y dice: "si yo pudiera, yo que sé, por un minuto intercambiar una cosa con la otra, por ejemplo que la orquesta de acá tuviera la posibilidad de sentarse en el Musikverein y sentir el peso de la historia". Hace poco me pasaba, ¿Qué estaba haciendo? Creo que la "Segunda Sinfonía de Brahms"... El manuscrito de esa Sinfonía está en el Musikverein, ¡Brahms la tocó en esa sala!, la ‘Segunda Sinfonía de Mahler’ que la dirijo el diciembre con mi orquesta en el Musikverein con el Singverein, el coro en el que la canté, esa Sinfonía, la primera vez que se tocó fue en esa sala, entonces estoy ahí y pienso ¡cómo sería de bonito  poder como traer prestado, aunque fuera con la máquina del tiempo, y traer aquí la Filarmónica, los coros!. El mensaje es ese, es una decisión de vida donde tienes que estar muy entregado, dando muchas cosas y sacrificando otras”.



Andrés Orozco Estrada

Andrés Orozco Estrada empezó a tocar el violín a los cinco años y a los quince dirigió la orquesta de su conservatorio. En 1992 inició sus estudios de dirección de orquesta. Entre 1997 y 2003 continuó perfeccionándose con Uros Lajovic en la Academia de Música de Viena.


En junio de 2004, y bajo los auspicios de la Wiener Festwochen, Andrés Orozco Estrada dirigió la Tonkünstler Orchester Niederösterreich de Viena (Richard Strauss: “Vier Letzte Lieder” con Eva Mei, y la “Sinfonía Nº4” de Anton Bruckner). Su participación no fue anunciada con mucha antelación, y tras el concierto, el periódico austriaco Der Standard bautizó al director como “El milagro de Viena”. Tal éxito lo llevó a ser ayudante de dirección de la Orquesta durante dos años.


En otoño de 2007, Andrés Orozco Estrada fue nombrado director titular de la Tonkünstler Orchester Niederösterreich de Viena. Comenzó a ocupar su cargo en la temporada 2009-2010.


Uno de sus mayores logros como director ocurrió el 16 y 17 de octubre de 2010, cuando estuvo al frente de la Orquesta Filarmónica de Viena, una de las más importantes del mundo, en la Sala Dorada de la Musikverein de la capital austriaca.