Columnistas

De una orilla a la otra
Autor: Alberto Maya Restrepo
30 de Julio de 2012


Un puente sobre el río Medellín tiene sentido si permite conectividad eficaz, en ambos sentidos, entre los sectores oriental y occidental de la ciudad.

Un puente sobre el río Medellín tiene sentido si permite conectividad eficaz, en ambos sentidos, entre los sectores oriental y occidental de la ciudad. Lo aclaro así: el puente de la avenida 33 es conexión vital para quienes bajan por la carretera de Las Palmas y van hacia los lados de la iglesia de Santa Gema y todavía más hacia el occidente, o viceversa. El puente de la calle Barranquilla permite que el flujo vehicular que baja de Manrique y otros barrios al oriente pueda seguir hasta Boquerón. En fin, son obras que “dan paso” y realmente sirven a la movilidad de la ciudad y a su interconexión. Algo similar podría decir del puente de San Juan o del de la calle Colombia.


En el caso del puente “Gilberto Echeverri Mejía”, inaugurado recientemente, para mí es solo una obra para pasar de una orilla a la otra del río, por estar lejos de ser una conexión vial integral. En su concepción primaría más el afán de espectacularidad que de servicio a la ciudad; la prueba es que a cualquier hora el tráfico de vehículos por allí es mínimo y sobre él siempre parece que fuera domingo. Quienes vienen de Guayabal lo utilizan casi nada, pues pensar en seguir hacia la avenida El Poblado es utópico por el taco que se forma en la calle que del puente sube pasando por el Centro Ejecutivo y termina en el hotel Poblado Plaza.


Ese puente, como obra de ingeniería es bien hecho y bonito, pero ¿para qué sirve? La idea primera que viene a la cabeza es la de que alguna administración “show” se inventó hacerlo, está bien, como homenaje a un gran antioqueño, a Gilberto Echeverri, pero ¿qué planeación hubo y qué conectividad brinda para agilizar el tráfico tanto del lado de El Poblado como de Guayabal? Un taxista me decía que nunca pasaba ese puente para ir a Guayabal, que él prefería el de El Poblado, y que, además, viniendo de Guayabal para El Poblado tampoco lo pasaba por el lío que era ingresar a la carrera 43A, así haya la posibilidad de continuar por los Balsos hacia el oriente. En fin, ese puente es una obra que quedó a medias por falta de visión integral de ciudad. No estoy seguro si fue a un señor, más bien engreído y que fue alcalde de Medellín, a quien se le ocurrió hacer tal puente. Si fue a él no me parece raro porque después de habernos dejado las utilísimas, bellísimas y decorativas pirámides de la Avenida Oriental, cualquier cosa se le pudo y se le puede ocurrir. Conocí a Gilberto y creo que él hubiera preferido una obra menos “show” pero mucho más útil y completa.


Espero que el alcalde, doctor Gaviria Correa, tenga visión de futuro y aproveche los dineros del cobro de valorización en El Poblado para hacer obras de envergadura, con significado para la movilidad de esa parte de la ciudad y que no se vayan a ir en un puentecito aquí, en ampliar una callecita allí, en abrir otra vía cortica más allá, o sea, en trabajos al estilo heredado de los españoles que nos invadieron por tantos siglos, esto es, haciendo las cosas chiquitas, angosticas, delgaditas, corticas cuando la ciudad tiene un problema al que él, como candidato, prometió meterle el diente: la movilidad. Esos recursos bien podrían también aplicarse en hacer las vías de conectividad, como la prolongación y ampliación de Los Parra, de las que el referido nuevo puente carece. Un buen ejercicio sería analizar cómo pensaba, cuál su visión y cuáles las ejecutorias del gratamente recordado doctor Jorge Restrepo Uribe, quien sí tenía el futuro de la ciudad en la cabeza.


P.S.- Santos no encontraría, en su visita a Colombiamoda, pantalones para amarrar.