Columnistas

Por la seguridad aérea
Autor: Juan Manuel Galán
30 de Julio de 2012


Dicen que cuando usted vuela en avión, está viajando en uno de los medios de transporte más seguros y eficientes.

Dicen que cuando usted vuela en avión, está viajando en uno de los medios de transporte más seguros y eficientes. Considerando que hoy la probabilidad de sufrir un accidente aéreo es de 1 en 5 millones, gracias a los avances tecnológicos en la aviación comercial, hay que agregar también que ante la remota eventualidad de que ocurra un accidente, la posibilidad de sobrevivencia de los pasajeros es mucho menor que en otros eventos. Así las cosas, para sobrevivir a un accidente aéreo no necesitamos solo suerte; hay acciones que podemos llevar a cabo para aumentar las posibilidades de salir con vida de estas aeronaves. Con este objetivo en mente, el pasado 24 de julio radiqué el proyecto 028 sobre normas especiales para las tripulaciones de vuelo y disposiciones de seguridad aérea.


Vamos a ser claros, no estoy tratando de crear pánico ni de exacerbar miedos a montar en un avión. Hemos leído que volar es 21 veces más seguro que viajar en auto, 18 veces menos inseguro que estar en casa, diez menos que estar en el trabajo y que es seis veces más probable que a uno lo mate su esposo o esposa en la cama, que morir en un avión. Tenemos claro que volar es la forma más segura de viajar, sin embargo, ante la probabilidad de un accidente, es importante reducir los riesgos pues los eventos y sus víctimas siempre se convierten en tragedias humanas que hacen de la seguridad aérea una prioridad.


Entre las causas de accidentes aéreos, podemos mencionar desde averías del propio avión y dificultades operativas, hasta mal tiempo, terrorismo, caída de un rayo o indisposición de la tripulación. Dentro de todas estas probabilidades, las investigaciones indican que el error humano suele ser la causa más frecuente de los accidentes. Fatiga, tensión y alteración fisiológica del organismo a causa de la naturaleza de la actividad y del cambio en el ciclo sueño-vigilia, son factores de alto riesgo que padecen las tripulaciones de vuelo constantemente. A esto podemos sumar que los tripulantes de vuelo se enfrentan a rutinas de vida en las que mensualmente más de la mitad de su tiempo transcurre fuera de su hogar y su familia.


Como consecuencia, se alteran funciones básicas como el derecho de amamantar o criar a sus hijos, e instituciones como el matrimonio, pues se encuentran altos índices de divorcios y separaciones conyugales entre los trabajadores. En otras latitudes, investigaciones posteriores a los accidentes aéreos, han permitido realizar cambios importantes en las legislaciones aeronáuticas regulando jornada laboral, tiempos de servicio, tiempos de vuelo y de descanso y en general, diversos factores que se convierten en señales de alerta frente a futuros accidentes


Por todo lo anterior es necesario asegurar niveles de protección laboral acordes con los requerimientos de una sociedad más segura. La aviación comercial en Colombia no ha sido regulada desde la expedición del Decreto Ley 2058 de 1951, aún vigente. Es decir, llevamos más de 60 años sin actualizar la regulación laboral de los tripulantes de vuelo, razón suficiente para que ahora decidamos modificarla en busca de la seguridad de los pasajeros. No es para menos que la fatalidad de los accidentes aéreos haya inspirado libros, películas, y ahora este proyecto de ley, pues, al fin y al cabo, para el hombre volar no es una cosa natural.