Columnistas

¿Cuál constituyente?
Autor: Ramón Elejalde Arbelaez
29 de Julio de 2012


La primera puede expedir una nueva Carta y no está sometida a Derecho, ya que expresa el poder constituyente originario, tal como sucedió entre nosotros en 1991.


¡Por Dios! No demostremos tan limitada cultura política y subdesarrollo. Repito que las constituciones son normas llamadas a perdurar y que los Estados viables raramente reforman sus normas superiores.


Hace 21 años convocamos una constituyente para que diseñara una nueva Constitución que ya soporta más de 33 reformas, algo así como una reforma y media cada año. Somos campeones mundiales en modificar la Constitución Nacional. Razón le asiste al profesor Hernando Valencia Villa en su obra Cartas de Batalla cuando insiste en demostrar que nuestros gobernantes recurren a este deporte como mecanismo para desviar la atención de la población y así no tener que enfrentar los verdaderos problemas que padecemos. La primera Constitución escrita es la de Estados Unidos, promulgada en septiembre de 1787, y a punto de cumplir 225 años, solamente tiene 27 enmiendas. Comparémosla con las más de 33 reformas que en 21 años ha sufrido nuestra Carta Magna, para comprender cómo vamos sosteniendo el estatus de Banana Republic.


Lo curioso de esta propuesta es que nace en la extrema derecha con el apoyo de algunos sectores de la izquierda más recalcitrante, animada en cada bando por sus propios intereses, posiblemente altruistas.


No podemos perder de vista que no es lo mismo una asamblea constituyente que una asamblea constitucional. La primera puede expedir una nueva Carta y no está sometida a Derecho, ya que expresa el poder constituyente originario, tal como sucedió entre nosotros en 1991. Contrario Sensu, la asamblea constitucional es una expresión del poder constituyente derivado, que únicamente puede reformar la Constitución en temas ajenos a las normas consideradas como el eje central de nuestro constitucionalismo y por lo tanto sí está sometida a Derecho. 


Dirán que la asamblea constituyente autorizada por nuestra Carta Suprema tiene límites y que en ese orden de ideas debería llamarse asamblea constitucional. Lo impredecible son los hechos reales con claros ejemplos en la vecindad: las recientes asambleas constitucionales de Ecuador y Bolivia, convocadas con límites expresos en sus funciones, se declararon soberanas y por consiguiente constituyentes primarios, con todas las consecuencias. No es posible limitar poderes a una asamblea constituyente. 


La propuesta de asamblea constituyente es una aventura con propósitos y resultados desconocidos e impredecibles, rayana en el folclorismo tropical reformista de la Constitución cada media hora al antojo de cualquier político en trance de pasar a la historia. 


Un propósito nacional serio es asumir que la Constitución Nacional está llamada a permanecer en el tiempo. 


Notícula. El Libro Blanco, segundo tomo, expedido este viernes por la Gobernación de Antioquia, confirma lo denunciado en nuestro artículo Contrato escandaloso de 18 de diciembre de 2011 y que ya conocen la Fiscalía General de la Nación y la Contraloría de Antioquia. El detrimento patrimonial en este caso concreto es cercano a los 20.000 millones de pesos, en la compra de un alcohol extraneutro, por la Fábrica de Licores de Antioquia.