Editorial

Promisorio debut olímpico
29 de Julio de 2012


Antaño estaríamos diciendo que el tiquete a Londres estaba pagado ya, pero hoy no. Los resultados del ciclo olímpico nos hacen pensar que podemos aspirar a más, pues las cartas fuertes del país aún están por jugarse.

 


Apenas nos reponíamos de la emoción que generó en nosotros (y seguramente en los cuatro mil millones de espectadores que siguieron la transmisión televisiva) la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres, cuando fuimos sorprendidos por una alegría de esas que quisiéramos poder vivir y reseñar con mayor frecuencia: la medalla de plata obtenida por el pedalista antioqueño Rigoberto Urán, en la prueba de fondo en carretera.


La esperanza de que la delegación más numerosa en la historia olímpica de Colombia, con 104 atletas, protagonizara la mejor actuación de todos los tiempos en esas justas, comenzó así a materializarse, pues a la medalla del ciclista le precedió la buena nueva del triunfo del pereirano Santiago Giraldo, quien avanzó a la segunda ronda del torneo de tenis de campo al derrotar sobre el césped de Wimbledon al estadounidense Ryan Harrison.


Acostumbrados como estamos a las “victorias morales”, esta primera jornada oficial de competencias en los trigésimos Juegos Olímpicos de la modernidad, con triunfos de verdad y con un puesto en la tabla de medallería, debe ser motivo de orgullo tanto para aquellos colombianos que poco se interesan en la actividad física, como para los seguidores del deporte e, incluso, para los dirigentes que fueron los encargados de sembrar esa elevada dosis de optimismo, cuyo resultado es el palpable interés de la gente, en las calles y en los lugares públicos, por la suerte de sus deportistas.


Este feliz suceso en la alborada olímpica, que hay que admitir que no estaba en las cuentas de los dirigentes, debe inyectar además una mayor dosis de compromiso en los deportistas que aún no han competido, pero también esa motivación intangible pero decisiva que se necesita en los momentos más determinantes de la actividad muscular.


Antaño estaríamos diciendo que el tiquete a Londres estaba pagado ya, pero hoy no. Los resultados del ciclo olímpico, donde Colombia ganó los Juegos Suramericanos de Medellín en 2010 con 372 medallas (144 de ellas doradas), y donde se ocupó un meritorio sexto lugar en los Panamericanos de Guadalajara en 2011, donde se ganaron 84 preseas (de las cuales 24 fueron de oro), nos hacen pensar que no solo se puede cumplir la meta de 4 medallas que se impuso el Comité Olímpico Colombiano, sino que podemos aspirar a más, pues las cartas fuertes del país aún están por jugarse.


No podemos pasar de largo sobre la persona de Rigoberto Urán, cuya vida es ejemplo de perseverancia y superación en medio de las más particulares realidades colombianas. Nacido en Urrao, su familia padeció en carne propia el acoso de los grupos armados al margen de la Ley, arrebatando al padre cuando el hoy deportista apenas tenía 14 años de edad. Urán recibió, antes de la muerte de su progenitor, una bicicleta que le sirvió no solo como herramienta de trabajo en su nueva condición de hombre del hogar, sino que le abrió las puertas de la actividad competitiva. Sus condiciones lo llevaron rápidamente al podio de importantes competencias nacionales en la categoría juvenil y le abrieron las puertas del profesionalismo en Europa, donde actualmente está radicado y donde tuvo que superar, además, dos graves lesiones: una fractura de clavícula en 2006 y la fractura de los dos codos en 2007.


Este 2012 le ha empezado a dar a Urán las esperadas recompensas, pues a la medalla ganada ayer en Londres le antecedió ser el mejor joven del pasado Giro de Italia, lo que hace augurar que su llegada a la llamada “edad dorada del ciclista”, después de los 27 años, le permitirá aspirar a aquello que tanto hemos soñado los colombianos: un triunfo en el Tour, en el Giro u otra Vuelta a España. Desde ya, por cierto, la campaña de Urán queda en la mira de los especialistas rumbo a las justas de Río 2016.


Rigoberto Urán ha quedado inscrito, pues, al lado de los otros medallistas nacionales: María Isabel Urrutia, única ganadora de oro; Diego Salazar, Mabel Mosquera, Helmut Bellingrodt, dos veces ganador de plata; Ximena Restrepo, Clemente Rojas, Alfonso Pérez, Jorge Eliécer Julio, María Luisa Calle y Jackeline Rentería. Una lista que, estamos seguros, se robustecerá en tierras británicas.