Editorial

Antioquia cumple la tarea
28 de Julio de 2012


El gran campanazo que contiene el aludido informe no es tanto el leve aumento del área sembrada sino el desplazamiento de los cultivos hacia zonas de frontera.

El último informe de la Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito no es tan desalentador para Colombia como sugieren algunos titulares de la prensa nacional. La ONU reporta que en 2011, el área cultivada se incrementó en un 3 %, pasando de 62.000 a 64.000 hectáreas de un año a otro, lo que para algunos apresurados analistas sería otra prueba del fracaso de la política de seguridad del Gobierno.


La cifra hay que verla en el contexto de lo que ha sido el esfuerzo de 12 años para reducir el área sembrada mediante programas de erradicación, ya sea manual o por aspersión aérea. Aquí se pasó de tener 162.000 hectáreas de cocales en el 2000, a solo 62.000 en el 2010, con una reducción del 62 %, pese a las enormes dificultades y a la falta de colaboración de países vecinos en los planes de erradicación masiva en zonas de frontera.


No nos cabe la menor duda de que mucho tuvo que ver el malhadado convenio que Colombia se vio obligada a firmar con el gobierno de Rafael Correa en el 2007 – quien nos demandó por los supuestos daños causados por la aspersión aérea – en la tremenda concentración del área cultivada en departamentos como Nariño y Putumayo (juntos suman el 43%, según la ONU) y en que Tumaco sea el campeón de las siembras con 5.771 hectáreas y un pequeño municipio como Barbacoas, sea el segundo, con 2.857, casi tantas como las que quedan en Antioquia.


El gran campanazo que contiene el aludido informe no es tanto el leve aumento del área sembrada sino el desplazamiento de los cultivos hacia zonas de frontera, que además están reuniendo – para facilidad y mayor rentabilidad de las organizaciones que se lucran del negocio – los otros eslabones de la cadena: los laboratorios de procesamiento de la hoja de coca y los corredores para la exportación de la droga. Este fenómeno “representa retos importantes para el Gobierno de Colombia y para la comunidad internacional comprometida en la lucha contra el tráfico de drogas”, dice el informe. En Norte de Santander, por ejemplo, el crecimiento del área con coca de un año a otro fue del 85 %. Ese desplazamiento y concentración de los cultivos en zonas fronterizas, explica Aldo Lale-Demoz, representante en Colombia de la Oficina de marras, “neutralizó” la disminución que se presentó en 14 de los 23 departamentos con cultivos.


Y aquí hemos de referirnos al caso de Antioquia, por ser uno de los más destacados en el aludido informe por la reducción histórica del 42 %, al pasar de 5.350 en 2010 a 3.104 hectáreas en el 2011. Es muy importante que la ONU reconozca que los progresos en esa materia tienen mucho qué ver con que aquí se concentrara el 11 % de los recursos provenientes del Plan de Consolidación Territorial de la Presidencia, que en los últimos dos años han permitido adelantar programas en beneficio de las comunidades afectadas por el fenómeno, con proyectos productivos, educación, salud, infraestructura y vías. Se trata de toda la región del Bajo Cauca y de municipios como Ituango, Briceño, Valdivia y Anorí. 


Sin embargo, en el éxito relativo que ha tenido Antioquia – aunque no lo diga el informe de la ONU – ha sido fundamental el plan de erradicación que, cuatro años atrás, el gobierno Uribe, de consuno con las autoridades departamentales, puso en marcha con la ambiciosa meta de destruir 23.000 hectáreas de sembradíos de coca, de las cuales casi 10.000 se encontraban en el Bajo Cauca, Norte y Nordeste de Antioquia, y el resto estaba en territorios de Córdoba, Santander y el Sur de Bolívar.


Gracias fundamentalmente a que no se cedió ante la presión de las organizaciones terroristas y sus famosas “marchas campesinas”, se pudo pasar de 9.926 hectáreas en 2008 a las 3.104 que ahora reporta la Oficina de la ONU. Por supuesto que hay que persistir en la batalla y no dormirse sobre los laureles.