Palabra y obra

Ignacio Piedrahita s writings
Las letras de Ignacio Piedrahíta
28 de Julio de 2012


El trabajo de Piedrahíta ha sido publicado en las revistas Odradek y Hueso Húmero de Perú. Ha aparecido en antologías como "Señales de Ruta", publicada en Bogotá, y "El Corazón Habitado", publicada en España.

Foto: Cortesía 

Ignacio Piedrahita fundó, en 2001, la revista literaria Rabodeají, en compañía de Pascual Gaviria y Camilo Suárez. Es colaborador de la Revista Universidad de Antioquia y de Universo Centro.

Oscar Jairo González Hernández.


Geólogo de formación. Pero, “al parecer, se le facilitaba más imaginar historias”. Entonces, Ignacio Piedrahíta se hizo escritor.


Aun así, la geología se evidencia cada vez que habla de sus libros “Un mar” y “Al oído de la cordillera”. Y precisamente de esas obras, y de su visión de la literatura, es que el autor antioqueño, nacido en 1973, habla.


- ¿El mar de su novela “Un mar” en qué dimensión se instala: es realidad, símbolo o fantasía? 


“‘Un mar es una historia de amor en la que, aparte del mar que todos conocemos, cuyas olas se mecen sobre la costa, hay otro, más antiguo, de cuyas aguas solo existen sus vestigios.


Este último, aunque real, es menos tangible, y es suficientemente abstracto como para tocar los terrenos de la fantasía: ¿Cómo puede existir un mar sin agua, si es precisamente a esa agua a lo que llamamos mar? La geología permite este tipo de ensoñaciones.
De ese mar antiguo quedan los sedimentos que se depositaron en sus aguas y los fósiles de los seres vivos que lo habitaron. Esos vestigios son asimilables al recuerdo humano, igual de fantásticos, igual de intangibles.


Arenas, geólogo de profesión, debe vivir y recrear esa fantasía para poder conquistar a Anita. Vive en tiempos diferentes: en el mar del presente y en una especie de recuerdo ajeno y remoto de ese otro mar. De ahí que la relación de los dos personajes se resuelva en el plano de lo maravilloso. Ella pasa de una realidad muy concreta a una especie de ensoñación o de fantasía de la mano de Arenas. Y, en ese tránsito, la posibilidad del amor adquiere un nuevo significado”.


- Háblenos de su más reciente trabajo, “Al oído de la cordillera”.


“Cualquiera que viva en Medellín se habrá preguntado alguna vez: ¿Dónde terminan estas montañas que nos rodean y que nos impiden ver el horizonte? ¿Dónde nacen? ¿Qué significado tienen en la cotidianidad de nuestra vida?


Al oído de la cordillera es una respuesta a esta pregunta en forma de relato de viaje. Un viaje íntimo hacia el origen no solo de la geografía de esta parte del mundo sino de las inquietudes que todos tenemos con respecto al significado del viaje.


En cada uno de nosotros hay un viajero, que seguramente se sentirá identificado con el narrador de este recorrido por las montañas de los Andes, desde Colombia hasta el sur de la Argentina”.


- Usted es escritor de novelas y de cuentos. ¿En qué forma la estructura de un cuento no es la misma de la novela o la estructura de la novela no es la del cuento?


“En algún momento de mi adolescencia estuve obsesionado por aprender a tocar la guitarra. Y, por alguna razón, quizá relacionada con mi falta de facilidad, solía preocuparme por si iba a aprender las técnicas clásicas o las populares. A esto, el maestro decía simplemente que la guitarra era una sola. Y seguramente habría agregado, de buena gana, que yo no tenía oído para la una ni la otra.


De manera análoga, creo que la literatura es una sola y los géneros no son más que convenciones del lenguaje. Detrás de un cuento o de una novela debe haber siempre una buena historia. Hay cuentos que se ocupan de una sola situación, pero la historia que hay detrás, el universo literario, debe ser tan completo como el de una novela”.


- ¿Hay en sus libros una relación con la poesía? 


“Arenas, el personaje de Un mar, está buscando la esencia del amor en un mar que existió hace miles de años.


De manera similar, el narrador de Al oído de la cordillera está constantemente intentando resolver sus propias preguntas durante su recorrido por las montañas de los Andes. Eso, para mí, es materia poética.


La indagación en esas relaciones mínimas está siempre llena de sugerencias, sutilezas y sentidos propios de la poesía. El cuidado que hay que observar, sin embargo, es no olvidar que se está dentro de una historia y no dentro de un poema; saber que la frase que se está escribiendo no es un verso”.


- ¿Qué escritor, en este momento, lo impulsa a continuar con su trabajo literario?


“Mencionemos a dos escritores colombianos: Tomás González y Eduardo Escobar.
El primero marca una pauta artística y personal que se asemeja a mi propia concepción como escritor. Su producción literaria tiene todas las virtudes que yo quisiera conseguir: claridad, brevedad, evocación, estructuras sencillas, etc. Además, muestra que se puede ser escritor sin hacer periodismo, ni opinión, ni figurar, ni participar en paneles, reuniones o congresos literarios o de cualquier otro tipo. Al ver a un escritor de la talla de Tomás González comprendo que esa personalidad puede ser una virtud.


De Eduardo Escobar admiro su buen humor y su sabiduría. Creo que todo ese espíritu nadaísta sigue vivo en él y en cada uno de sus escritos le repite al lector que no hay nada nuevo, salvo la manera en que se diga. En sus escritos se escucha la voz de la libertad personal y la ironía sobre sí mismo”.


- ¿Qué autores extranjeros que haya leído recientemente le han aportado a su trabajo literario?


“Yasunari Kawabata es un japonés que privilegia la prosa sencilla, clara y evocativa. Sus escenarios del Japón tradicional transmiten la fuerza simbólica de sus objetos a los personajes. Sus historias son simples y están llenas de cotidianidad, un telón de fondo en el que luchan el amor y el odio soterrados.


Otros japoneses como Kenzaburo Oé y el legendario Yukio Mishima participan y dan forma a una tradición literaria oriental que me ha influido mucho en los últimos años”.


- ¿Tiene usted una biblioteca persona?, ¿cómo la forma?


“A menudo me pregunto para qué tener los libros, cuando uno podría simplemente deshacerse de ellos. Sin embargo, en una ciudad como Medellín la importancia de una biblioteca es mayor.


Aquí el mercado de usados no es grande, de modo que a la hora de conseguir un libro hay que recurrir a la también modesta oferta de nuevos, la cual está por lo general más allá del bolsillo del escritor.


De otro lado, pienso que los libros pueden convertirse en un lastre, como cualquier otro tipo de objetos. En mis sucesivas mudanzas lo que más temo son las cajas con los libros, que van de aquí para allá llevando polvo de un lado para otro.  El sueño mío siempre ha sido poder andar con poco encima, en general”.




¿Tiene el artista responsabilidad con la sociedad?


"Como artista, el escritor no tiene ninguna responsabilidad con la sociedad. La sociedad y el artista se encuentran en un lugar neutral que es la obra de arte. Y el valor de ese lugar es precisamente el estar desprovisto de toda norma de tipo moral.


Las voces que siempre saltan de la maleza a criticar una obra de arte porque eventualmente hace mala propaganda de un país o de una religión o cualquier otra institución social, son muestra del desconocimiento de la esencia del acto creador. Una obra de arte no debe estar al servicio de ninguna causa cuyo valor está por fuera de los códigos de la libertad de creación.


Por otra parte, desconfío de las causas y soy escéptico acerca de los movimientos. No creo que un escritor tenga que tener una tendencia política determinada, eso no es más que una postura intelectual, muchas veces bastante hipócrita.


Ahora, como individuo, el escritor sí tiene responsabilidades, y eso depende del tipo de educación de cada uno y de sus capacidades. Yo quisiera que los libros míos fueran muy baratos, o que estuvieran disponibles en las bibliotecas públicas de todos los lugares de Colombia, o que se imprimieran en papel reciclado, en fin, pero eso no tiene que ver con el arte, sino con una actitud personal".