Columnistas

En la gorda (y en el gordo)
Autor: Rub閚 Dar韔 Barrientos
26 de Julio de 2012


El pasado 29 de junio, se ganaron el premio mayor de la Loter韆 de Medell韓. Un bonito n鷐ero (5496) de la serie 114, le dio la suerte a un paisano.

El pasado 29 de junio, se ganaron el premio mayor de la Lotería de Medellín. Un bonito número (5496) de la serie 114, le dio la suerte a un paisano. La prensa informó que el fausto ganador estaba desempleado, que tiene tres hijos y que vive en un barrio afectado por la violencia. Este preámbulo me sirve para hacer la siguiente pregunta: ¿La Beneficencia de Antioquia protege el anonimato del ganador? ¿Dar pistas, como las señaladas, no puede conducir a que los vecinos o familiares descifren al flamante comprador del premio gordo? ¿Puede meterse en la gorda el que obtenga el premio gordo?


Comencemos diciendo que en promedio, unas cuatro o cinco veces al año se ganan el mayor de la Lotería de Medellín. Realmente es un guarismo bajo pero explicable. Sucede que la venta de billetes por sorteo puede estar por el orden del 10% del total de la emisión. Eso deja entrever que la opción de éxito no es muy alta. El chance ha conspirado en la venta de la lotería, dado que no tiene series y permite apostarle a las dos, tres o cuatro cifras. Es importante acotar que nuestra lotería emblemática es considerada la más transparente del país, habida cuenta de que aquí no ha habido escándalos de fraudes que comprometan funcionarios y se maneja una holgada reserva para asegurar los pagos.


Pero volviendo al cuento de la divulgación o no de datos de los afortunados ganadores, hay que decir que el proceso es el siguiente: cuando se presenta en las oficinas de Benedán una persona que recabó el premio mayor, se le pregunta si quiere que se divulgue publicitariamente su nombre o una fotografía suya. Si dice que sí (ha habido contados casos, tal vez se recuerda uno de un ganador de la costa) se procede, pero si pide el anonimato, también se respeta la decisión. No obstante ello, se entra en un diálogo con el poseedor del billete o las fracciones exitosas y es allí donde se pueden comentar datos tangenciales del afortunado. Como en este caso: sin empleo, con tres hijos y habitante de un barrio en zona de conflicto.


En mayo de 2008, estando en la gerencia de Benedán el doctor Néstor Díez Montoya, se presentaron dos ganadores en semanas consecutivas. Es un hecho casi irrepetible por la ley de probabilidades. El primer caso (23 de mayo) tuvo lugar por juego electrónico y el segundo (30 de mayo), sí fue por compra física del billete. La primera venta fue en Bello y la segunda en Manizales. El Baloto se ha convertido en otro enemigo de las beneficencias y ha atacado frontalmente los ingresos de los loteros. Estudios realizados indican que lo primero que hace un colombiano cuando se gana la lotería es comprar casa; luego, pagar sus deudas y adquirir un inmueble para un familiar muy próximo. En cuarto lugar, conseguirse un buen vehículo y también hacer un viaje al exterior con su familia.


Ganarse el gordo puede ser meterse en la gorda. ¿Cómo cobrarlo? ¿Quién va y le da la cara a los paganinis? ¿Hacerlo mediante un banco o fiducia? ¿Irse a otra ciudad a reclamar, para despistar al enemigo? ¿Esperar unos meses para reclamar o ir pronto? ¿No contarle a nadie o decirles a algunos familiares? En fin, tema muy culebrero. Es todo un desvelo. En otros países, como Estados Unidos, se revelan los nombres de ganadores de loterías multimillonarias, sin ningún problema. Pero en Colombia, hasta reclamar un chance ganador es peligroso. Peor aún es jugarle siempre al mismo lotero, porque si usted gana, éste se encarga de contarle a raimundo y todo el mundo que sus arcas se llenaron. Si gana, no olvide poner en juego su inteligencia y tranquilo que Benedán no revela su nombre. Eso sí, aguante un poco para ejecutar rasgos de nuevo rico.