Columnistas

De títeres y carreras
Autor: Rodrigo Pareja
24 de Julio de 2012


Aunque la buena hípica se extinguió en Colombia hace varios años, en los últimos días se planificó en el hipódromo El Nogal una extraordinaria competencia denominada Premio “Presidencia de la República”

Aunque la buena hípica se extinguió en Colombia hace varios años, en los últimos días se planificó en el hipódromo El Nogal una extraordinaria competencia denominada Premio “Presidencia de la República”, que no se hará sobre la tradicional distancia de los 2.400 metros grama, sino en una jornada que puede tardar algo más de dos años y tendrá final el 7 de agosto de 2014.


Ejemplares de un mediocre lote fueron convocados por el organizador de la competencia, un avezado en esto de las cuestiones caballares, ganador ya de dos de estas singulares competencias y con ganas de participar de pronto, si lo dejan, en una tercera.


Quien organiza es a la vez el largador oficial de la prueba, que se presume va a ser disputada en una pista bastante alterada y peligrosa, llena de dificultades y con tramos difíciles y escabrosos, dados los muy regulares participantes y quienes integran sus entornos.


Con los briosos debidamente alineados tras el “starting gate”, como dicen los narradores esnobistas, en espera de la orden oficial de ingresar al respectivo cajón, se adivina el nerviosismo en todos ellos, ya que es la primera vez que van a participar en una carrera de estas, aunque muchos ya hayan realizado pruebas previas de cierta significación.


En medio de la expectativa general de las graderías, que no están colmadas como suele suceder cuando se trata de carreras excepcionales dada la irregularidad y pocos pergaminos de los contendores, el largador oficial comienza a llamarlos para que ingresen al partidor, eso sí, sin ayuda de palafreneros. “Figurilla” Ramírez, llama en primer lugar a la única hembra del grupo, no tanto por la opción que tiene sino por cortesía con el género femenino; “Polichinela” Pachito es el segundo en entrar; “Monigote” JOB, perdón, JOG, corrige el largador, al autorizar a otro de los competidores; “Monicaco” Restrepo, y entra el que viene de hacer todo su entrenamiento en el extranjero y quien según los pronosticadores de oficio podría tener gran opción de alzarse con el triunfo; “Hominicaco” Lafourie, dice al darle la orden a éste que tiene más experiencia con lo vacuno que con lo caballar; “Hombrecillo” Lozano, de quien los conocedores de la hípica afirman que si la competencia se define por estrecho margen puede resultar ganador por una nariz; “Muñeco” Vélez, ordena ingresar al más manso de la cuadra; llama enseguida a “Marioneta” Zuluaga, tal vez el que mejores trabajos preparatorios ostenta y entra de penúltimo, para cerrar con “Fantoche” Londoño, uno de los favoritos. Sin embargo este último va a competir bajo protesta, pues sobre él pesa una sanción por estorbos ocasionados en anterior carrera, y sobre la cual los comisarios del hipódromo no se han pronunciado todavía de manera definitiva, pese a la reclamación formulada. Los aficionados, tan mal pensados siempre y juzgando por su propia condición de apostadores, cuando no de tahúres, se preguntan extrañados por qué para efecto de las apuestas estos ejemplares compiten individualmente y no en llave como debería ser, pues todos pertenecen al mismo propietario y la misma caballeriza denominada “El Cuento Democrático”.


En carreras normales suele suceder que algún impetuoso protagonista se salga del partidor antes de tiempo y comience a correr solo, lo que podría ocurrir aquí dada la índole de todos ellos.  Sin embargo, hoy lo que se teme es lo contrario; que después de ganarla, el vencedor se desboque y nadie sea capaz de detenerlo, algo que ya ha sucedido, asunto sobre el que tiene suficiente experiencia el largador oficial. Por eso, en un intento por evitar ese problema, el organizador dispuso otorgar al vencedor, además de la consabida y consagratoria corona de laurel, el honroso y comprometedor título de “Pelele del año”.