Columnistas

Contubernio y chivo expiatorio
Autor: Orlando Arenas Tamayo
19 de Julio de 2012


La nación está indignada con la noticia del contubernio, como un pacto entre matreros, de los tres poderes públicos a propósito de la famosa Reforma a la Justicia, sobre la cual el presidente Santos pidió al Congreso que la revocara

La nación está indignada con la noticia del contubernio, como un pacto entre matreros, de los tres poderes públicos a propósito de la famosa Reforma a la Justicia, sobre la cual el presidente Santos pidió al Congreso que la revocara, luego de echarle el agua sucia de dicho esperpento a ese mismo cuerpo colegiado, en actitud pilatuna clásica suya.


No se trata de exculpar al Congreso al que le cabe una inmensa responsabilidad en este despropósito sino de alertar sobre las actitudes de los plutócratas de endilgarle el descrédito por los errores y pecados de las democracias, exclusivamente a las corporaciones legislativas  Senado y la Cámara y no admitir,  como en este caso,  que hubo  un común acuerdo entre  Legisladores, las Cortes y el Ejecutivo, lo que ha levantado la indignación ciudadana, al evidenciarse que todos sacaban tajada de dicha reforma, incluyendo  el aumento de cuatro (4) años en el  período de los magistrados.


Aparte del escándalo, el incidente demuestra la aversión que sienten los absolutistas hacia el Congreso y en contra de todas las corporaciones democráticas. Siempre he afirmado que dichas corporaciones no son mejores ni peores y que siempre en ellas está representado el poder del pueblo y la expresión democrática de la sociedad, con sus vicios,  defectos y virtudes. Vuelvo a señalar, como prueba al canto, que el Congreso que el presidente Uribe quería revocar, luego fue calificado como “admirable” por dicho presidente y también conviene recordar que la revocatoria del Congreso por la Constituyente de 1991, no tuvo como resultado la elección de un mejor cuerpo congresional


Cuando Colombia comenzó a darse cuenta del desafuero, las cortes callaron como ostras y el Presidente, ante la inminencia de una hecatombe institucional, salió al aire  a lanzar dardos, a denunciar como responsable al Congreso y a pedir que tal exabrupto no fuera a ser promulgado, convocando irregularmente a extras a dicha corporación para pedirle la revocatoria de dicho acto. La prensa dio cuenta de magistrados tranquilizando a los senadores y representantes medrosos de asistir, en el sentido de que no serían investigados.   La indignación nacional se ha hecho sentir  y se vienen recogiendo firmas para un referendo revocatorio de la reforma,  ya  revocada por cierto,  otros hablan de revocatoria del congreso  y hasta se insinúa la convocatoria de una Constituyente, para este país de calenturientos.


Como no hay mal que por bien no venga, un hecho positivo de dicho escándalo ha sido la aparición de un poder ciudadano desde los recovecos de las redes sociales que podría constituir una verdadera alternativa para impulsar reformas urgentes y convertirse en veedor de la actividad de los organismos democráticos, contra la influencia perniciosa de los pulpos del poder económico que siempre encuentran en el Congreso, el Chivo expiatorio para lavar su concupiscencia y olvidan que si se quiere mantener la democracia, se debe mantener y defender  el congreso.


El papelón más desastroso lo ha hecho Simón Gaviria al afirmar que no estudió a fondo la reforma y eso que se trata nada menos que del Director del Liberalismo, nada consciente de sus responsabilidades y absolutamente liviano en el balance de su tarea congresional y partidista;  igual actuación deprimente le correspondió en el caso del Diputado Rodrigo Mesa. Pobre Partido Liberal.