Editorial

Tributación e inversión social
17 de Julio de 2012


Ante una dinámica de la tributación tan favorable, con una mejora tan substancial en el recaudo, no se necesita otra reforma tributaria. El palo no está para cucharas.

El presidente Juan Manuel Santos estuvo los días domingo y lunes en el Archipiélago de San Andrés y Providencia con su gabinete en pleno, haciendo una conveniente y oportuna afirmación de soberanía – “Estas islas son colombianas, han sido colombianas y seguirán siendo colombianas” – y anunciando una serie de medidas para favorecer a la población de nuestro querido departamento insular que ya tendremos ocasión de comentar. Por hoy queremos referirnos a su anuncio, al término del Consejo Nacional de Política Social y Económica, Conpes, que presidió allí, sobre la decisión de invertir el año entrante $40,7 billones, cifra sin precedentes en la historia del país, que implica un aumento del 11% con respecto al 2012 y la cual se hace posible, según dijo, por el excelente comportamiento del recaudo fiscal que tuvo un incremento del 23% en los últimos dos años.


El mandatario complementa la buena noticia con el compromiso de que el 70% del cuantioso presupuesto será para inversión en el área social, vale decir, para atender a 2,6 millones de Familias en Acción, a 2,7 millones de niños del programa Atención Integral a la Primera Infancia y a 4 millones de niños y adolescentes del Programa de Alimentación Escolar; cubrir los subsidios a las tarifas de energía y gas de más de 12 millones de colombianos de estratos 1, 2 y 3; garantizar los créditos educativos sin interés a más de 60.000 estudiantes e indemnizar a 124.000 víctimas de la violencia, entre otras obligaciones. De ser así, los contribuyentes colombianos podrán sentirse satisfechos de que sus tributos estén sirviendo para un ejercicio de justicia distributiva a favor de los pobres y no para sostener costosas burocracias o enjugar déficits fiscales, como suele suceder.


Todo indica, aunque no lo menciona el señor Presidente, que la importante mejoría de la recaudación tiene mucho que ver con la más reciente “reformita” tributaria, aprobada por el Congreso, que no sólo amplió de manera considerable el número de declarantes de Renta y Patrimonio, sino que dotó a la Dian de herramientas para combatir con más eficacia la evasión y la elusión, dos boquetes por los que se escapan históricamente muchos de los recursos indispensables para la atención oportuna de las necesidades en salud, educación y vivienda de los más desfavorecidos. Sólo en el 2011, primer año de vigencia de la aludida “reformita”, el recaudo según Minhacienda fue de $86.6 billones con un crecimiento del 25.7%, con respecto a la vigencia anterior. Tal parece que también han dado buen resultado las medidas adoptadas para mejorar el proceso de cobro a los contribuyentes incumplidos que en el 2010 debían a la Dian $2,2 billones.


No ha vuelto a hablar el gobierno nacional sobre aquella reforma tributaria, supuestamente estructural, que tanta bulla armó en marzo pasado y que sería presentada a consideración del Congreso en las sesiones que se instalan este 20 de julio. Lo único que se “cayó” sin que alcanzara a ser presentado – por la airada reacción de la opinión pública – fue la aplicación de un IVA del 5% a productos de la canasta familiar hoy excluidos y exentos, descartada de plano por el propio presidente Santos.


En reciente artículo en EL MUNDO, el senador liberal Gabriel Zapata, vicepresidente de la Comisión Tercera del Senado, aludía a que no le apostaría a una reforma tributaria alcabalera y a que “en las actuales condiciones económicas, es posible lograr la estabilidad tributaria por la que tanto ha clamado el gobierno, sin lesionar gravosamente el bolsillo de los colombianos”.  Compartimos esa tesis y pensamos que ante una dinámica de la tributación tan favorable, con una mejora tan substancial en el recaudo, no se necesita otra reforma tributaria. Por lo demás, con un bajón tan severo en la favorabilidad de Gobierno y Congreso por cuenta de la defenestrada reforma judicial, nos parece que el palo no está para cucharas.