Editorial

Chávez, sentenciado por Zoellick
5 de Julio de 2012


Una eventual victoria del oficialismo no sería una victoria de Chávez, dada su incapacidad para gobernar, sino de quienes están a su sombra.

Arrancan tres meses definitivos en la crucial contienda por la Presidencia de Venezuela y la gran incógnita es si la balanza de la voluntad popular se inclinará a favor del joven exgobernador del Estado Miranda, Henrique Capriles, candidato de una oposición nunca antes tan férreamente unida. O lo hará por la continuidad del régimen chavista en cuerpo ajeno, pues está claro que una eventual victoria del oficialismo no sería una victoria de Hugo Chávez, dada su incapacidad para gobernar, sino de quienes están a su sombra a la espera de seguir en el poder para conservar sus privilegios y canonjías.


De entrada, la confrontación luce desigual. Un aspirante que solo cuenta con el respaldo entusiasta de sus seguidores, un equipo de campaña muy sólido y bien preparado, y unos cuantos medios, especialmente impresos, que han sobrevivido a la censura, el cierre arbitrario y la persecución. En tanto que el candidato a la tercera reelección consecutiva, a más de la aceitada maquinaria partidista “roja rojita”, ha puesto al servicio de su candidatura, de manera abusiva, los recursos del Estado, incluida una poderosa plataforma propagandística. Capriles lo retó ayer a suscribir, como se hizo en México, un acuerdo de candidatos por el respeto a las reglas de juego de la democracia: acceso equitativo a la radio y la televisión estatales, nada de ataques y saboteos a la campaña opositora y, sobre todo, compromiso sagrado de respetar los resultados que arrojen las urnas. Dudamos mucho que el soberbio mandatario y sus ambiciosos lugartenientes acepten lo que es legal y justo. Pero, por solo advertirlo, Capriles va ganando en aceptación en la misma proporción en que aquellos la pierden.    


A propósito, ¿qué dicen las encuestas de intención de voto? El domingo pasado, la firma Consultores 21 divulgó su última medición, realizada entre el 15 y el 26 de junio, y a la pregunta sobre por quién votaría si las elecciones fueran el próximo domingo, el 45,9% de los encuestados se inclinó por Chávez, y el 45,8% por Capriles. La firma encuentra que todavía hay un 8.3% de indecisos, lo que indica que allí tendría que concentrarse el trabajo de la oposición si quiere romper ese virtual empate a su favor, aprovechando el creciente descontento, que también refleja la encuesta. A la pregunta: “¿El país que Chávez quiere se parece al país que usted quiere tener?”, el 51% respondió no, y 47% sí.


En Venezuela, como en todas partes, hay guerra de encuestadoras. Unas aciertan más que otras y no faltan las que venden su reputación por un plato de lentejas. Lo interesante en este caso es que tres de las firmas dan empate técnico o una leve diferencia a favor de Capriles y solo una da ganador a Chávez por un amplio margen. Aparte de Consultores 21, la encuestadora Predicmática reveló el pasado 26 de junio que por Capriles votaría el 47.7% y por Chávez el 43.9%. El 23 de junio, un estudio de la firma de Miguel Salazar, proyectado al 7 de octubre, día de la elección, pronostica un triunfo de Capriles con el 51.9%. En cambio, la encuesta de Hinterlaces, realizada entre el 16 y el 24 de junio, da el triunfo a Chávez con el 52%, contra solo un 31% del candidato opositor.


Volviendo a la incógnita inicial, nos parece alentador lo que están mostrando la mayoría de las encuestas y también las grandes movilizaciones de apoyo a Capriles, que dan para pensar en un electorado cada vez más consciente de lo que está en juego. El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, dijo hace un mes en la conmemoración en Washington de los 30 años del prestigioso centro de análisis Diálogo Interamericano, que “los días del presidente venezolano Hugo Chávez están contados”. El editorialista de El Nacional, de Caracas, reflexiona sobre esa afirmación: “Menudas declaraciones de un directivo que, de acuerdo con la altura de su rango internacional, debe tener fuentes de información de la mayor credibilidad”. Y concluye: “De manera que, para humillación de los venezolanos, muchos van a terminar siendo el marido cornudo, que es el último en enterarse de que en la carrera electoral del 7 de octubre el caballo oficialista no corre desbocado sino que tiene una pata quebrada. Allá los apostadores que se jueguen ese jamelgo, pero lo correcto y lo decente es que se le diga a sus seguidores que el supuesto favorito no está en buena forma y que puede ser retirado a última hora por orden de los veterinarios, y de las autoridades hípicas”. ¡Ni más ni menos!