Columnistas

Ni chinos ni españoles
Autor: Alberto Maya Restrepo
2 de Julio de 2012


A raíz del paseo (perdón, de la visita de Estado) de Santos a China se dijeron muchas cosas sobre el objeto del viaje y, entre ellas, se habló de que Colombia había pedido a China que invirtiera aquí en infraestructura, en carreteras.

A raíz del paseo (perdón, de la visita de Estado) de Santos a China se dijeron muchas cosas sobre el objeto del viaje y, entre ellas, se habló de que Colombia había pedido a China que invirtiera aquí en infraestructura, en carreteras. Luego de ese periplo presidencial supe que las magníficas carreteras de 4 y 5 carriles para ir, y otros tantos para regresar, que se han hecho en China fueron construidas por suecos y noruegos. Pregunto: ¿por qué nuestro gobierno no habla con los escandinavos para que vengan a hacer lo que tanto nos hace falta, en vez de pegarse semejante ida a China a decirles que nos hagan lo que ellos allá contratan con otros? Turismo presidencial.


En materia de obras públicas me preocupa el hecho de que he visto en las noticias que funcionarios colombianos han “rogado” a las firmas españolas para que vengan a hacer carreteras, puentes, ferrocarriles, etc., cuando resulta que en su país están paradas por falta de oficio; cuando muchas de esas empresas están padeciendo una sequía de crédito violenta, de un lado, porque deben hasta los huesos y, de otro, porque no son “objeto de crédito” en sus condiciones actuales, ya que hasta su maquinaria está cuasi oxidada esperando que allá resulten obras. Entonces, pretenden que esos señores arruinados, sin músculo financiero, y casi sin equipos vengan aquí a usufructuar el crédito (si se los conceden) de la banca nacional o, tal vez, de líneas directas del gobierno, olvidando que tienen en España otro pecado: la corrupción y su extensión a los países latinoamericanos, tal como puede verse en informes de Transparencia Internacional.


Los españoles que se dedicaron a gastar como si el dinero no hubiera que pagarlo algún día; que se dedicaron a cultivar niveles alarmantes de corrupción; que se han empeñado en negar su mal estado, o a no revelarlo oportuna y completamente, es decir, dentro de un esquema de engaño a Europa y al resto del mundo, como si nada les importaran las consecuencias de sus irresponsabilidades, ¿son los que están siendo invitados a invertir en obras públicas acá, para que luego nos dejen otros Commsa, con todos sus costos y problemas?


Los españoles se dedicaron a hacer de todo, así no sirviera para nada, pues como que estaban conscientes de que la plata prestada para financiar esos monstruos nada valía. Aeropuertos en lugares en donde no hay tráfico. Autopistas que no llevan a ninguna parte. Edificios enormes que no se han estrenado y se están cayendo por falta de mantenimiento. ¿Ese despilfarro es el que el gobierno colombiano quiere importar a nuestro país desde una nación carente de credibilidad? Claro que unos cuantos vinos en una noche en la Plaza Mayor de Madrid pueden hacer ver este escrito a los funcionarios oficiales colombianos como algo fuera de lugar. Pero, ¡ojo! ¿Será que contratar con esos españoles es otra estrategia reeleccionista de Santos o de elección de su pupilo, el señor Vargas que se cree Lleras, a quien le llueven los billones de pesos del erario público para hacer casas que se repartirán gratis a quienes demuestren que la habitarán papá, mamá y siquiera tres hijos en edad de depositar su voto en las próximas elecciones presidenciales?


Final 1.- La terquedad de Santos nos llevó al caos por no haber retirado a tiempo la reforma a la justicia, como tanto se le pidió. Esguerra apareció ingenuo, o ¿sin calzones? y el comportamiento de Simón Gaviria, presidente de la Cámara, fue irresponsable, ya que, como presidente de esa corporación tiene que leer y entender todo texto que se va a votar. El joven delfín de la politiquería tal vez no sabe que en las urnas se pagan los errores, a no ser que el sectarismo de sus áulicos lo mantenga vigente.


Final 2.- Que en la aerolínea VivaColombia recuerden que tarifas bajas (¿?) no significan mal servicio.