Columnistas

Una nueva forma de Estado
2 de Julio de 2012


Además de lo desgastada y desprestigiada que está nuestra justicia uno de los más altos ideales de la sociedad, Juan Manuel Corzo y Simón Gaviria, último godo y primer manzanillo de un recaído Congreso, firmaron sin leer acta de defunción

Luis Ignacio Guzman Ramirez


Además de lo desgastada y desprestigiada que está nuestra justicia uno de los más altos ideales de la sociedad, Juan Manuel Corzo y Simón Gaviria, último godo y primer manzanillo de un recaído Congreso, firmaron sin leer acta de defunción a los pilares de un estado decadente.


Que nadie saque el fuste en la responsabilidad sobre la reforma a la justicia; todos lo sabemos -lo fuimos viviendo con cada debate-, son responsables el gobierno, el congreso, las cortes y los partidos políticos con asiento en él; ninguno tocó la diana en la madrugada para anunciarnos su oposición a tal esperpento de negocios y seguros mutuos ni para proyectar con fuerza aquellas ideas que necesitaba nuestra sociedad.


A tiempo el presidente Santos salió a corregir una vez más sus desaciertos y afortunadamente el torpe ministro Esguerra presentó su renuncia. Pero, ¿y qué del congreso y sus partidos? Tendremos la renuncia de Corzo y de Gaviria, tanto como el retiro de los negociadores, porque nuestra sociedad los considera espurios al igual que a los secretarios de comisiones involucradas de senado y cámara así como a quienes desde las mesas directivas hayan actuado.


Pero si la sal se corrompió, ¿qué será de las cortes? Que nos digan si no sería procedente revisar sus actuaciones y dar un paso al costado abriendo el espacio para que repensemos una nueva forma de Estado, a través de una gran constituyente, y definir, de una vez por todas, el lugar que debe ocupar cada poder del Estado en una sociedad moderna cansada de engaños e intereses mezquinos.


El régimen presidencialista debe dar paso a uno más robusto y fuerte, que empodere regiones y tenga un encuentro sólido en pesos y contrapesos -el régimen federal Parlamentario-, pues el presidencialismo monárquico como poder absoluto lleva al sometimiento permanente a partidos y congresistas por la vía marrullera de sentar constantemente a la mesa a disfrutar de un plato de lentejas, a representantes inexistentes de una sociedad llamados congresistas, con mentalidad de limosneros buscando saciar intereses personales y de grupo.


El régimen federal parlamentario que, por ejemplo, a través de los Landers tiene Alemania, debe ser nuestro referente. Los señores del M-19 le vendieron a los constituyentes del 91 equivocadamente copiar algo de la Constitución española -que entre otras no ha podido consolidar a España-, cuando lo que debieron mirar fue la fuente de esa Constitución, la alemana, mal copiada por acomodarla a intereses de partidos y regiones dominantes.


Estamos a tiempo de un cambio de mentalidad, tomemos una decisión acertada antes de que lleguen unas elecciones de parcialidades e intereses personalistas donde continúe la violencia; no temamos que esta propuesta puede ser verdaderamente el puerto de llegada a la paz y el de partida para el futuro.